Mário Macilau, el niño de la calle de Mozambique que terminó haciendo fotos a sus compañeros

  • Vivía con otros críos en las calles de la capital Maputo hasta que a los 14 años se hizo con una cámara y comenzó a retratar las peripecias de sus colegas.
  • En 'Criados en la oscuridad' muestra a los pequeños nómadas que se mueven durante la noche y duermen de día por temor a que la policía los ataque.
  • El emotivo reportaje quiere ofrecer a los niños 'un espacio de alivio' y llamar la atención de la sociedad por el abandono que sufren.
La foto de Mário Macilau muestra a dos niños de la calle esposados por la Policía tras haberles encontrado una bolsa con marihuana.
La foto de Mário Macilau muestra a dos niños de la calle esposados por la Policía tras haberles encontrado una bolsa con marihuana.
© Mário Macilau

Por las calles, baldíos y barrios quebrados de Maputo, la capital de Mozambique, deambulan, que se sepa, unos 10.000 niños abandonados. Circulan como nómadas nocturnos para buscar el amparo de la oscuridad y se esconden de día para dormir en guaridas de difícil acceso y secreta situación. Llevan este turno vital cambiado porque temen ser demasiado visibles a la luz del sol y terminar como víctimas de indiscrimanadas redadas o ataques policiales.

Durante unos años, Mário Macilau, nacido en la ciudad en 1984, compartió andanzas con las pandillas para intentar escapar de una crisis familiar que había empezado en el momento más cruel de la guerra civil de entre 1977 y 1992 —900.000 muertos y cinco millones de refugiados—, cuando tuvieron que abandonar con lo puesto la provincia natal de Inhambane para no ser masacrados por las facciones enfrentadas. Aunque la situación mejoró para Macilau, que en 2003 comenzó a trabajar como fotógrafo ocasional, el muchacho nunca olvidó a sus colegas.

'Componer y observar su propia imagen'

En 2007, cuando pudo hacerse con una cámara decente —que cambió por el teléfono móvil de su madre, con la consiguiente reprimenda—, se propuso ofrecer a los niños de la calle de los que había formado parte "un espacio de alivio" para que fuesen capaces de "componer y observar su propia imagen". Quiso, en suma, hacerlos visibles para que también la sociedad fuese consciente del drama y del atentado contra los derechos humanos y de la infancia de los que son víctimas.

El resultado del anhelo de Macilau es Growing In Darkness (Criados en la oscuridad), un reportaje demoledor pero rebosante de ternura. "Teniendo en cuenta que estos niños están involucrados en el trabajo infantil y se puede decir que contribuyen al funcionamiento de nuestra sociedad, ¿cuál es nuestro papel?, ¿cómo podemos remediar su desfavorable situación?", escribe el fotoperiodista en el prólogo del libro, que acaba de ser editado por Kehrer [180 páginas y un PVP de 49,9 euros].

Manos infantiles esposadas

El documento —con manos infantiles esposadas por la policía, caras dulces pero capaces de una supervivencia animal, armas de fuego, ruinas que sirven como viviendas, cadáveres en la morgue, momentos de juego y fuga, otros de lágrimas, paraísos artificiales inhalados, inyectados o fumados...— es uno de los cuerpos documentales más veraces y potentes sobre la cotidiana tragedia que tiene en toda África la misma frecuencia devastadora de un segundero cortante.

"Las fotografías no son necesariamente mi objetivo al representar a estos niños", añade el fotógrafo, consciente de que tuvo que llegar a "lugares peligrosos a los que todos me decían que no entrase". Tenía que hacerlo, insiste, porque deseaba "darles una voz", mostrar lo que tal vez solo sea una etapa, lograr que "brille una luz, por muy débil que sea, en sus vidas fugaces y frágiles".

Apoyo de Roger Ballen

El libro tiene un presentador de excepción, el gran fotógrafo Roger Ballen, estadounidense residente en Sudáfrica y cronista de la sinrazón de manicomio colectivo del continente, para quien la fotografía de Mario Macilau "es una potente obra documental sobre una historia compleja: las circunstancias desafiantes de los niños sin hogar que viven en Maputo (...) No es solamente una significativa contribución a la fotografía africana, sino también a la tradición de la fotografía en blanco y negro".

La relación dialéctica entre la fotografía y la vida, iluminada, complicada u oculta por la primera, ha sido resuelta con sensibilidad, coherencia y valentía, añade el maestro Ballen, por el joven mozambiqueño, capaz de "abrir grietas que revelan la psique colectiva", una sensibilidad social no siempre agradable o comprensiva. Lo que cuenta Growing In Darkness "crece en la oscuridad" y compone un "un léxico necesario y veraz" que "denota una precaria condición humana al reflejar una realidad que a menudo se pasa por alto, es rechazada e incluso suprimida".

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