Hasta este miércoles, perros del tamaño de Troya tenían vetado el acceso a Metro de Madrid; solo pequeños animales en el interior de trasportines podían desplazarse en este servicio público para acudir a los parques de la ciudad o al veterinario.  A partir de ahora todos los perros, independientemente de su raza o tamaño, podrán viajar en el último vagón, con bozal, correa corta y bien identificados. 

Troya es uno de los primeros perros que han accedido a la red de Metro desde que se levantara la veda a las 10:30 de la mañana. Soporta con resignación el bozal mientras desciende por las escaleras en la estación de Nuevos Ministerios. No las mecánicas, esas son de uso exclusivo para seres humanos.  Los perros también pueden utilizar los ascensores, pero están llenos de gente, son un espacio pequeño y decimos evitarlos.

Avanza sujeta por una correa corta y lleva su cartilla sanitaria, que la identifica y atestigüa que tiene las vacunas y desparasitaciones al día. No son esas las únicas normas a las que están sujetos: durante julio, agosto y fines de semana pueden acceder a cualquier hora, pero de lunes a viernes tendrán que evitar las de mayor afluencia (de 7:30 a 9:30 horas, de 14:00 a 16:00 y de 18:00 a 20:00).

A su paso la mayoría de la gente la observa con indiferencia, un buen número sonríe a su paso y muy pocos se sorprenden. Nadie protesta, nadie se aparta, nadie le dedica una mala cara; ni siquiera aquellos que reconocen estar en contra de esta medida.

“A mí no me gusta que a los animales les hagan daño, pero no me gusta convivir con animales, a mí me gusta convivir con personas", explica una mujer de mediana edad, que expresa su miedo a que la gente incumpla las normas establecidas: "así como tú lo llevas lo van a llevar cuatro, porque también la gente dice que recoge las mierdecitas y están las calles de Madrid llenas de mierda”.  

Me parece muy mal, salvo los perros de los ciegos, porque interrumpen más todavía

Algunos de los que con más vehemencia se oponen al acceso de los perros al metro de Madrid desconocen las normas a los que los dueños de estos animales están obligados: "me parece muy mal, salvo los perros de los ciegos, porque interrumpen más todavía, con esas correas que se alargan para que nos matemos", protesta una anciana. "Veremos el resultado cuando ataquen a alguien", corrobora su amiga.

Pero lo cierto es que ha costado mucho encontrar voces que no fueran de bienvenida a los perros: "Siempre y cuando no causen ningún problema, me parece bien. Cuánta más gente pueda utilizar el Metro de Madrid, mejor", apunta un viajero que no tiene especial cariño a estos animales. 

Soy alérgico a los perros, pero no tiene que haber ningún problema

"Me parece estupendo, un avance. Y eso que soy alérgico a los perros, pero no tiene que haber ningún problema", comenta otro dedicando una sonrisa a Troya, que espera pacientemente en aquel entorno extraño. 

En los luminosos se indica que existe una nueva normativa relativa al acceso con perros, pero muchos viajeros confiesan desconocerla. Entre los mejor informados, esas normas son tranquilizadoras: “ya era hora. Podían en Cercanías, pero en Metro no. Está bien además porque han puesto ciertos límites, como el ponerse en el último vagón”.

Curiosamente, bastantes comentarios son relativos al uso del bozal. Una joven veterinaria se detiene para recomendar los bozales de cesta, que son los que menos calor dan y mejor permiten jadear.  "Eso del bozal es un poco restrictivo.  Con los perros peligrosos, sí, pero con los otros no lo veo necesario”, dice un joven. “Es un primer paso, pero que pronto puedan estar viajando con menos limitaciones de horario y además sin bozal”, comenta otro.

Nos encontramos también con varios turistas, una joven argentina, un hombre de unos cincuenta años italiano y una mujer alemana: "Ahora no tengo perro, pero lo tuve en Berlín y allí van a todas partes con nosotros". Los tres confirman que en sus países hace años que los perros pueden viajar en Metro.

Durante la hora y media transcurridas bajo tierra, en estaciones razonablemente concurridas, solo nos hemos encontrado con otros dos perros. Un perro guía en periodo de adiestramiento y el pequeño teckel que acompaña a otro equipo de periodistas de un canal de televisión. El pistoletazo de salida a esta medida anunciada por Cristina Cifuentes en febrero, no parece estar llenando de perros el metro.

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