Life carries on in the War Zone, 1975-1981
Foto de Mel Rosenthal en el Bronx neoyorquino © Mel Rosenthal - Museum of the City of New York

Para Mel Rosenthal (1940) la fotografía nunca fue una forma de ganarse la vida o buscar un complemento salarial. Lo suyo era la docencia, que ejerció durante cuarenta años en el Empire State College de Nueva York, un centro de formación profesional y sin vocación de lucro, que ofrece grados en artes. Hace unos años, en 2011, Rosenthal se jubiló y muchos recordaron que por sus clases de fotografía documental y reportajes pasaron como profesores invitados primeras figuras de la cámara, entre ellos Susan Meiselas y Eli Reed, amigos y admiradores de la entrega del profesor.

Nacido en uno de los barrios más poblados y complejos de Nueva York, el Bronx, y en una familia trabajadora —"mi padre siempre decía que en este mundo no hay justicia ni equidad, yo pienso lo mismo", ha declarado—, Rosenthal se convenció de que quería hacer fotos tras ver Blow Up, la película de 1966 de Antonioni que mostraba la profesión como una puerta abierta al glamur y el misterio. Asistió a un curso impartido por la emigrada antifascista Lisette Model y empezó a buscar empleo.

Encuentro con Paulo Freire

Toda ambición esteticista se le borró a principios de los años setenta, cuando se alistó como voluntario de una organización benéfica que trabajaba prestando ayuda a un hospital infantil en Tanzania. Debía encargarse de documentar la situación para que el resto del mundo fuese testigo de las penurias del país y sus habitantes, pero en el camino se le cruzó el educador marxista brasileño Paulo Freire, que organizaba clases de alfabetización para niños y adultos, porque consideraba que la cultura era el arma más poderosa de los sin futuro.

Al regresar al Bronx, Rosenthal se había convertido en un "activista" —la palabra siempre le gustó y nunca temió emplearla para definir su labor—. Decidió dedicarse a la docencia para tener un salario y enseñar a los demás. No abandonaría las fotos, al contrario: quería convertirlas en una filosofía de vida porque las entenía como necesidad de testificar aquello que le rodeaba pero sin pretender obtener dinero o lucrarse con ellas.

Ardieron el 80% de los edificios

Entre 1976 y 1982, la parte sur del Bronx, fue uno de los escenarios más agresivos de los EEUU. Los residentes eran casi todos negros casi indigentes y se repetían los incendios de edificios, con casi total seguridad provocados por los dueños de los terrenos —la epidemia de fuegos nunca fue investigada oficialmente pese a que llegó a afectar al 80% de los inmuebles del barrio— para obligar a los inquilinos a marcharse. Detrás de la situación aguardaban, con los dientes largos, las autoridades municipales y los promotores inmobiliarios, que deseaban sanear la zona y construir nuevas y más rentables viviendas.

Ruinas de tristeza bélica, solares yermos, soledad ascendente, miseria... Rosenthal fue el mejor reportero de los años de fuego, especulación y xenofobia racial. Deambulaba barrio adelante sin oposición, como buen hijo de aquellas calles, y retrataba los panoramas de tristeza bélica de las ruinas, los solares yermos, la soledad ascendente y la miseria a la que ponía cierta alegría el bullicio de las pandillas de niños callejeros, bravíos y sin escolarizar.

Tenacidad, ternura y coherencia

El Museo de la Ciudad de  Nueva York expone, hasta el 16 de octubre, una conmovedora y mordiente selección de las imágenes que Rosenthal hizo en aquellos años. In the South Bronx of America: Photographs by Mel Rosenthal (En el sur del Bronx de los EE UU: fotos de Mel Rosenthal) demuestra con qué tenacidad, ternura y coherencia trabajó el documentalista y el nivel admirable de su desprendimiento: nunca pretendió vender ninguna de las fotos y las hacía para dar testimonio de lo que ocurría en su barrio natal.

¿Para qué necesitas dos Baretta? Con una basta Recuerda todavía la primera foto de la serie. Caminaba hacia el college para dar clase y un pandillero se le acercó con gesto hosco. "¿Qué haces aquí, blanco?", preguntó con una amenaza nada velada en el tono, mientras levantaba la perneras del pantalón y mostraba un par de semiautomáticas Beretta sujetas a las pantorrillas. "¿Para qué necesitas dos? Con una basta", contestó Rosenthal con amabilidad. Las risas de ambos sellaron el pacto: el fotógrafo tenía salvoconducto para merodear por el barrio.

'Complacencia de las autoridades'

Cuando Rosenthal tomó las fotos, recuerdan desde el museo, la "complacencia de las autoridades municipales" con el plan racista y clasista para limpiar la zona era absoluta, hasta el punto de que los promotores dispuestos a hacer negocios en el sur del Bronx recibieron "privilegios fiscales especiales".

Para presionar a los vecinos no recogían la basura, la Policía no patrullaba... Fue "un período tumultuoso y de gran disminución de población", de pérdida masiva de empleos por el cierre de las pocas industrias del área y de reducción absoluta de los servicios municipales para presionar a los vecinos a marcharse: la basura no era recogida, la Policía no patrullaba y las ambulancias se hacían de rogar...

El trabajo de Rosenthal analiza cómo el cambio de las condiciones sociales influye en los individuos. Los residentes del sur del Bronx aparecen con absoluta dignidad mientras luchan por sobrevivir en un barrio abandonado y atacado por la especulación con la connivencia del poder político local. La zona se convirtió en un símbolo nacional de la decadencia urbana, pero Rosenthal no sólo muestra la evidente realidad de la resistencia de personas que viven en circunstancias difíciles, sino que también critica, como activista social, las decisiones administrativas tomadas en contra de "comunidades enteras".

Menos de diez años después de las fotos, el Bronx se llenó de complejos residenciales y locales comerciales de lujo. La zona es desde entonces una de las más apetecidas por las clases medias y los jóvenes profesionales.