Installation view: Béton, Kunsthalle Wien 2016
Vista de la exposición 'Betón': las dos columnas son copias exactas de las dinamitadas por el atentado de 2011 del extremoderechista Breivik Photo: Stephan Wyckoff

Como material básico para la arquitectura, el hormigón ha corrido una suerte zigzagueante. Aunque ya había sido usado para pasmo de los contemporáneos en monumentos como la cúpula del Panteón de Agripa, construida entre los años 118 y 125 y edificada con opera latericia (hormigón con ladrillo) y la mayor del mundo durante siglos (43 metros de diámetro), sólo a finales del siglo XIX, con la difusión del Cemento Portland —conglomerante hidráulico que, al ser mezclado con áridos, agua y fibras de acero forma una masa pétrea resistente y duradera— comenzó a ser el material de construcción más usado.

Si durante el siglo XX y, sobre todo, a partir de los años sesenta, con el apoyo sin fisuras de Le Corbusier y sus postulados brutalistas a favor de la belleza agreste del hormigón visto, el producto entró en el templo de la alta arquitectura de autor. Entendido como material socializante —barato, accesible, duradero y moldeable—, los países en desarrollo apostaron por los proyectos de viviendas de hormigón y los regímenes comunistas lo adoptaron con un guiño ideológico como materia constructiva popular.

Demasiado frío

Con el paso de los años, sin embargo, fue considerado demasiado frío y carente de personalidad y, a pesar de mantenerse como material estructural en las obras de los arquitectos de prestigio, comenzó a perder la categoría nobiliaria en favor de las mezclas más ligeras y menos compactas con fibras de vidrio, metal, textiles e incluso residuos, como las cenizas volantes de la centrales térmicas. Nacieron así los hormigones ligeros, aireados o celulares, que permiten reducir el peso visual del material sin perder sus valores.

El uso del hormigón visto en arquitectura ha experimentado un renacimiento en el siglo XXI y las primeras figuras de la disciplina regresan al uso del material sin prejuicios. El libro 100 Contemporary Concrete Buildings  (Cien edificios contemporáneos de hormigón) presentaba en 2015 una guía de las más novedosas construcciones con el veterano material a la vista y sin vergüenzas. Entre los proyectos destacados figuran en el volumen grandes construcciones de uso público, como el edificio Pierres Vives de Montpellier (Francia), diseñado por Zaha Hadid, a las viviendas unifamiliares, como la Casa Cher del argentino Luciano Kruk.

La milmillonaria 'piedra líquida'

Las críticas al hormigón en las últimas décadas no evitan que la piedra líquida siga siendo la principal argamasa del mundo y un muy poderoso negocio —el cemento para producirlo alcanza la cifra de 3.000 millones de toneladas anuales (más de la mitad, destinadas a China) y cimienta uno de los mayores emporios globales: se calculan más 100.000 millones de dólares en ganancias para el sector—.

Sigue siendo un material imprescindible pese a las críticas Sigue siendo un material imprescindible pese a las críticas que acusan a sus partidarios de "intransigentes" y al abandono y ruina de buena parte de las grandes obras basadas en la supuesta "utopía del hormigón" y el carácter "perpetuamente moderno" del material, fácil de moldear y de rápido uso. Sobre el esplendor, caída y renacimiento del material gira la exposición Béton (Hormigón, en francés), organizada por la Kunsthalle de Viena hasta el 16 de octubre.

El diseño de la era espacial

La muestra temática, con obras de una treintena de artistas, arquitectos y creadores audiovisuales contemporáneos, parte de la idea de la "utopía del concreto" de la planificación urbana posterior a la II Guerra Mundial, con enormes bloques de viviendas, calles flotantes y un diseño basado en la frialdad técnica de la era espacial, y de la universalización del hormigón como "el material más innovador de la época". Fue un tiempo de un modernismo, hoy considerado excesivo, en que los edificios de viviendas y los complejos públicos —escuelas, ayuntamientos, comisarías, ministerios, bibliotecas, universidades...— eran casi en su totalidad brutalistas, término basado en el francés béton brut (hormigón crudo).

Las ruinas son  testimonios de una ideología fallida Después de caer en descrédito a finales de 1980, sobre todo por la despersonalización fría del material, dicen desde el museo, "está actualmente experimentando un renacimiento" y algunos artistas contemporáneos están fascinados por la "dualidad estética" del hormigón: riguroso pero capaz también de expresar, opinan, un "modernismo humano". A pesar de que gran número de las estructuras brutalistas del pasado sólo son hoy ruinas que parecen "testimonios de una ideología fallida", todavía quedan creadores que adivinan un potencial innovador para las condiciones de vida reales. La exposición se plantea como "una mirada retrospectiva para reactivar el potencial del hormigón para el futuro".

'Esculturas para jugar'

El proyecto Play Sculptures (Esculturas para jugar), de la danesa Sofie Thorsen está inspirado en estructuras para parques infantiles y zonas de recreo que formaron parte de un programa ejecutado en Viena tras la II Guerra Mundial. Las esculturas, desarrolladas para viviendas de protección oficial, combinan la abstracción de las formas con la facilidad de uso y resultan tan poco invasivas formalmente que parecen perderse casi por completo en el paisaje urbano.

Las obras de los alemanes Isa Genzken, dedicada al ensamblaje y la creación de estructuras híbridas, y Olaf Metzel, que usa materiales como el cartón y las cajas de huevos, también aluden a la importancia del hormigón como "elemento conector" entre construcciones dedicadas al conocimiento y la enseñanza. El estadounidense Tom Burr, juega con los diseños de uno de los grandes brutalistas de su país, Paul Rudolph, yuxtaponiendo imágenes del ídolo del rock Jim Morrison, para contraponer la rupturas con el clasicismo de los arquitectos del hormigón con la subversiva vida del cantante de los Doors, detenido por conducta indecente durante un concierto.

Copian a tamaño real las columnas de la sede oficial del atentado de Breivik Otras obras que se exhiben en Béton son Government Quarter Study, una reproducción exacta realizada por el artista Jumana Mana, de las columnas frontales de hormigón de la sede gubernamental sueca de Oslo donde el terrorista de extrema derecha Anders Behring Breivik colocó en 2011 un coche-bomba como maniobra de distracción para cometer la matanza de Utoya, y la videointslación Speak2Tweet de la artista egipcia Heba Amin montada a partir de las visiones difundidas por las redes sociales de los edificios de El Cairo durante la primavera árabe del mismo año.