Federico Magallanes en el juicio
Federico Magallanes en el juicio Europa Press

El exjugador del Racing de Santander Federico Magallanes ha sido enjuiciado este jueves por, supuestamente, maltratar y vejar a su novia, hechos en los que se ha ratificado la supuesta víctima pero que el acusado ha negado y ha atribuido al despecho de ésta porque él dejara la relación y no quisiera volver a retomarla más tarde.

Tras la declaración del acusado, la víctima y los testigos en la vista oral, celebrada en el Juzgado de lo Penal Número 5 de Santander, todas las partes -Fiscalía, acusación particular y defensa- han mantenido y elevado a definitivas las conclusiones provisionales planteadas antes del juicio.

Así, el Ministerio Fiscal se ha ratificado en su acusación contra Magallanes, al que considera autor de dos delitos de violencia de género en la modalidad de maltrato físico y un delito leve de vejaciones injustas, por los que solicita un total de 17 meses de cárcel para el acusado; 5 años de alejamiento y prohibición de comunicarse con la denunciante -que en el momento de los hechos era su novia-, además de 15 días de localización permanente, petición a la que se ha adherido la acusación particular.

TRES EPISODIOS

Cada uno de los delitos de los que se acusa al futbolista, que, entre otros equipos ha pasado por el Racing y el Real Madrid, se corresponde con un episodio de los tres que ha denunciado la víctima.

El primero de ellos se produjo en la madrugada del 3 de abril de 2016, cuando, según se ha relatado en el juicio, la novia llegó sobre las 4.00 horas al domicilio que ambos compartían en Valdenoja.

Así, la novia ha narrado que llegó a casa de una fiesta y cuando entró en el domicilio estaba "todo a oscuras", con lo que dio por hecho de que el acusado no se encontraba en casa.

Sin embargo, ha explicado que cuando fue al cuarto a quitarse los zapatos, Magallanes "apareció repentinamente" y, sin decirle "nada", le cogió de un moño que ese día llevaba ella en la cabeza; le tiró al suelo; le arrastró por toda la habitación y, posteriormente, la levantó y tiró sobre la cama mientras le insultaba, llamándole "puta", "zorra" y "borracha" y le daba "patadas", "bofetadas" y le agarraba del cuello.

Ha apuntado que, para defenderse, le arañó en la cara y, "como él no cesaba" de pegarle, se puso a "chillar como una loca" para alertar a los vecinos. "Veía que no paraba", ha asegurado la chica, que ha narrado que él le instó a que "se callara", a lo que ella no hizo caso, con lo que "él decidió irse" del domicilio.

A continuación, ha explicado que ella aprovechó que él no estaba para recoger algunas cosas -momento en el que vio tres botellas de alcohol en la cocina que, supuestamente, Magallanes habría ingerido- y se marchó en taxi a casa de sus padres en Nueva Montaña.

Según ha relatado la madre de la víctima en el juicio, la chica le llamó por teléfono sobre las 4.30 horas, relatándole lo ocurrido durante todo el trayecto, siendo testigo de la conversación el taxista.

La madre ha explicado que, cuando llegó al domicilio familiar, su hija llegó en un "estado de nerviosismo total", y "toda despeinada". Además, ha ratificado que vio "calvas" en la cabeza de su hija y algunas rojeces en partes del cuerpo de la chica. "Menos en la cara, curiosamente", ha apuntado.

En contraposición a la versión de madre e hija, sobre este suceso el acusado ha relatado que cuando su novia llegó ese día a casa estaba "un poco bebida" y él se limitó a decirle que quería acabar con la relación y marcharse de casa.

Magallanes ha asegurado que "en ningún momento" pegó a su novia y, a preguntas de su abogado, ha opinado que, "seguramente", la denuncia, que data del pasado 6 de junio, se debe al despecho de ella porque él no quisiera continuar con la relación.

En el juicio, además de la madre, han declarado dos amigos de la víctima que han asegurado haber visto, días después de esa noche, los moretones que le habían salido por varias partes del cuerpo a la chica. También se han adherido a los autos varias fotografías que presentó la víctima en la que, supuestamente, se veían alguno de esos moretones.

Ambos testigos han explicado que recomendaron a su amiga ir al médico o a la Policía a denunciar pero han señalado que ella les dijo que "quería dejarlo estar" y solo quería "romper con la relación".

De hecho, la novia misma ha justificado que no acudió al médico ni denunció los hechos porque tenía "muchísimo miedo" del acusado. "Yo le tengo miedo, he vivido mucho con él y lo que menos me apetecía era meterme en juicios y cosas", ha dicho.

Los otros dos sucesos de los que se acusa a Magallanes sucedieron el 2 de mayo y el 4 de junio, respectivamente.

El primero de ellos, tuvo lugar cuando la novia, acompañada de un amigo, acudieron al piso de alquiler que ella y el acusado habían compartido para recoger las llaves que le iba a entregar a la inmobiliaria que se había encargado del arrendamiento.

Según ha relatado la chica y el amigo cuando llegaron al piso y el acusado les vio, comenzó a insultar a su novia y a preguntar a su acompañante si era su "guardaespaldas".

La novia ha explicado que Magallanes se levantó, "se puso a dar patadas" y a "tirar cosas" y les avisó de que no les iba a dar las llaves, si bien la denunciante las vio, las cogió y se fueron, dejando allí al acusado.

Tampoco en esta cuestión coincide su relato con el del acusado, que ha asegurado que su novia llegó al piso, cogió llaves y "se marchó".

El otro hecho se produjo el 4 de junio en la calle Peñaherbosa y, sobre lo sucedido, se han presentado versiones "totalmente contradictorias", como ha subrayado el fiscal tras escuchar a la denunciante, al acusado y a tres testigos relatar los hechos.

Así, por una parte, la novia y una amiga que le acompañaba ese día han relatado que cuando caminaban por Peñaherbosa vieron "a lo lejos", al acusado, de pie, solo junto a una pared y hablando por el teléfono móvil.

Han relatado que, para evitar cruzarse con él, se cambiaron de acera, si bien el acusado les vio y comenzó a llamar

a su novia, acercándose a ella, hasta que le agarró "fuertemente" del brazo y diciéndole que "se parara, que tenía que hablar con ella".

Fue entonces cuando, según han relatado, la amiga se puso por medio, le "empujó" y le dijo que ésta no tenía que hablar con él, marchándose ambas del lugar.

La novia ha explicado que, tras ese suceso, decidió interponer la denuncia, algo que hizo a los dos días. Ha señalado que decidió denunciar al pensar que habría pasado si el día en que se encontró con él estuviera sola. "Ese día, yo llego a estar sola y eso no para ahí", ha dicho.

Por contra a la versión de la denunciante y su amiga, el acusado y dos testigos han mantenido que Magallanes no se acercó a su novia, ni le agarró, sino que fueron ellas las que, a lo lejos, les estaban mirando y gesticulando hacia ellos.

Tras oír a todos los testigos, el fiscal y la acusación han mantenido la acusación y las penas solicitadas al considerar que la versión de la víctima sobre estos hechos es "totalmente creíble" y se "corrobora" con las pruebas y las testificales. Por el contrario, ha puesto en duda algunas de las manifestaciones y versiones realizadas sobre el último episodio de los testigos del acusado.

Mientras, la defensa se ha mostrado "total y absolutamente disconforme" y ha insistido en pedir la libre absolución del acusado.

A su juicio, en el episodio de la primera agresión "no existe ninguna credibilidad" del relato y ha llamado la atención sobre contradicciones o "mentiras" en el relato de algunos de los testigos y la denunciante sobre los otros dos episodios.

Además, y aludiendo a la popularidad del futbolista y a que algunos medios de comunicación hayan informado del juicio, se ha preguntado "quién le restituye el honor si sale absuelto" a su defendido.

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