Cueva de Cuatro Puertas de Gran Canaria
Cueva de Cuatro Puertas de Gran Canaria CEDIDO POR CABILDO DE GRAN CANARIA

En este sentido, según informa el Cabildo, la isla ofrece una oportunidad única de recibir a las estaciones desde los espacios arqueológicos que usaban los aborígenes, espacios en los que habían creado marcadores solares y lunares para regir sus vidas y que desde entonces señalan los cambios de estación, lo que se suma a la privilegiada posición en el paralelo 28, uno de los lugares del Atlántico mejor posicionados por su bóveda celeste.

Así se lo explicó el antropólogo José González al público que durante la noche del solsticio de verano, participó en la visita guiada del programa 'Yacimientos estrellas'. El conjunto de Cuatro Puertas, situado en una atalaya desde la que se domina una panorámica circular, es un "link, un enlace entre el espacio terrestre y celeste, entre el suelo y el cielo", aseguró.

Por su parte, el rayo solsticial convertido en fogosa linterna llegó a su destino y no disminuyó de tamaño hasta convertirse en un punto como todos esperaban, sino que sorpresivamente se diluyó en dos parpadeos.

ENCUENTRO DE LA LUNA LLENA CON EL SOLSTICIO

Además, en la noche más corta del año

se ha dado un fenómeno que no sucedía desde hacía 70 años, y fue el encuentro de la luna llena con el solsticio de verano.

Tras la entrada astronómica del verano, la noche comienza a ganarle tiempo al día hasta llegar al equinoccio de otoño, cuando día y noche durarán lo mismo, 12 horas, y en un nuevo cambio de eje de la tierra, comenzar el cambio de dominio entre la luz y la penumbra.

Y como así ha sido durante miles de años, y los aborígenes necesitaban controlar estos cambios para organizar sus vidas, sus plantaciones, cosechas y parte de sus divinidades, hicieron lo único que podían hacer: observar los astros para marcar en piedra sus particulares calendarios, ello en lugares cuyos usos mágicos aún hoy día son un misterio.

Es el caso del almogarén o lugar de culto que se encuentra en la corona de esta extraordinaria atalaya, donde se observan una herradura labrada en la piedra, cazoletas y hendiduras redondas y rectangulares, y hasta lo que parece una conducción para líquidos, bien fuera leche o miel, todo ello pendiente de que algún día la ciencia lo pueda revelar con certeza.

La Cueva de Cuatro Puertas mira al norte y no entra el sol en todo el año,

salvo cuando se aproxima el solsticio de verano, momento en el que entra cejado desde el este cuando se tumba para ponerse, un fenómeno que al amanecer se produce desde el este y, aunque este 21 de junio fue el momento culmen, aún se puede disfrutar de este acontecimiento hasta la noche de San Juan.

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