Guerra a los consumidores de chicles. Por cada uno que tiran al suelo, pagamos todos, y hasta cinco veces más de lo que cuesta degustarlo. Cada goma de mascar que un operario de limpieza consigue despegar le cuesta al Ayuntamiento de Málaga 25 céntimos de euro, según datos facilitados a 20 minutos por el Área de Medio Ambiente. Y en un quiosco puede encontrar la unidad a cinco céntimos.

Se calcula que en el paseo del Parque puede haber pegados unos 48.000 chicles. Retirarlos supondría a las arcas municipales la friolera de 12.500 euros. El radio de las paradas de buses y los bancos es la zona que más pegotes negros acumula.

Pero los problemas con estas golosinas no terminan ahí. Dejar un metro cuadrado limpio de chicle le lleva a un empleado mucho más de 20 minutos. Incluso más que eliminar la cera de calle Larios después de Semana Santa.

Huellas de un lustro

El efecto que causan en la salud y el pavimento es para preocuparse. Una mancha de chicle en el suelo tarda cinco años en desaparecer, según fuentes municipales. Un estudio del Ayuntamiento de Pozuelo (Madrid) asegura que pueden acumular hasta 50.000 gérmenes capaces de transmitir, entre otras enfermedades, la neumonía.

Cansados de pagar tan caro por los chicles, muchos ayuntamientos han comenzado a estudiar estrategias. Desde gravar con un impuesto cada paquete, como en Liverpool, hasta que sean los productores quienes paguen por la limpieza. En Pekín incluso se han planteado ilegalizar su consumo tras recoger 600.000 gomas de mascar en la plaza de Tiananmen.

Alcaldes hartos...

Brigadas en Granada.- El Consistorio las puso en marcha en 2002. Son cuatro operarios de la empresa de limpieza armados con espátulas, máquina aspersora y lanzadores de agua a presión.

Cádiz.- Rechazó la oferta de una empresa de los EE UU con la última tecnología porque era cara. Compró una máquina quitamanchas.

Pozuelo.- Tiene desde hace un mes dos aparatos de última generación que funcionan con inyección de vapor de agua y un limpiador. Arrancan hasta 200 por hora.

«Aquí, con una espátula de hierro»

Mientras otros ayuntamientos estrenan métodos quitachicles, en Málaga todavía se lleva el palo largo con una espátula de hierro en la punta. No obstante, asegura el operario Blas Muñoz, se trabaja con comodidad y resulta bastante eficaz. Según explica, en una calle se pueden echar dos horas, aunque depende de la cantidad. Por eso pide más consideración a todos.