Él mismo lo reconoce, por Jesús Guzmán muy poca gente sabe identificar quién es, pero cuando se habla del cartero de Crónicas de un pueblo, el papel que lo lanzó a la fama, la cosa cambia. Ese personaje, tan íntimamente ligado a su imagen y su carrera, le sigue reportando al veterano actor el cariño de varias generaciones, hombres y mujeres que todavía hoy le paran por la calle para saludarle.

"No sé cómo me tiene tanta simpatía la gente. Por la calle me abrazan y todo y me dicen cosas que no son verdad: el otro día un señor muy mayor me paró y me dijo 'señor Guzmán, usted es el mejor actor del mundo'. Y te lo dicen con un cariño tremendo", cuenta Guzmán a 20minutos acomodado en un pequeño despacho que parece un santuario dedicado a su carrera, repleto de fotografías, premios —el último lo recibió hace solo unas semanas, de manos de sus compañeros de profesión— y recuerdos como una caricatura del cartero hecha por Mingote que el intérprete muestra orgulloso.

Habla emocionado, sin parar, solapando una anécdota con otra y sorprendido él mismo por cumplir este 15 de junio 90 años. "Si me lo dicen cuando tenía 16 o 18 años, no me lo creo. En el siglo pasado veíamos a los de 60 años y nos parecían viejísimos. Era una barbaridad", cuenta Guzmán, quien se alegra de llegar tan bien a nonagenario. "Los papeles que yo más he hecho ha sido de mayor, porque ya con pocos años ya hacía papeles de anciano maquillándome y todas esas cosas, por eso quizá no noto tanto el ser tan viejo", bromea.

Dice que ya no ve muy bien y que tiene que caminar con bastón, pero es consciente de que su verborrea y su potente voz de actor de teatro de la vieja escuela contribuyen a darle una imagen de lo más saludable. "Yo cuando hablo por teléfono con alguien y le digo los años que tengo, no se lo cree. Es por la voz de teatro. Teníamos que hablar para los de arriba. Ahora vas a un teatro y hasta te cuesta trabajo escuchar aunque estés en la tercera fila, porque se creen que es natural hablar así. No señor, hay que hablar fuerte para los de arriba. Yo he nacido con esta voz y me moriré con la misma voz", sentencia el actor.

Asegura que, tras más de 300 comedias en teatro y 155 películas, "si volviera a nacer, no trabajaría tanto". Pero la profesión le tira demasiado y, aunque se ha pasado "dos años diciendo que no a todo" —sus últimas películas fueron Un dios prohibido (2013) y El gran Vázquez (2010), donde trabajó con Santiago Segura—, ya prepara un nuevo salto al cine con Los del túnel (3 de febrero de 2017), una comedia coral de los creadores de Camera Café encabezada por Arturo Valls, quien le insistió para que participase.

En cine y televisión se repite hasta que sale bien, pero en teatro se levanta el telón y ahí está el actor, sin trampa ni cartón

Guzmán no puede resistirse a ponerse ante las cámaras, aunque confiesa que prefiere subirse a las tablas de un escenario. "A mí me gusta mi profesión, sobre todo la de teatro, que es donde en realidad el actor es actor. En cine y televisión se repite hasta que sale bien, pero en el teatro se levanta el telón y ahí está el actor. Ahí no hay trampa ni cartón. En el cine, en cuanto repetimos tres o cuatro veces ya me canso", confiesa.

Aunque encantado de atender a la prensa, siempre ha habido algo que no le ha hecho mucha gracia, que lo encasillen como actor secundario. "Hay quien dice actor de reparto... ¡Actor de reparto, unas narices!, ¡yo tengo papeles importantísimos! Lo que pasa es que yo tenía que comer todos los días y dar de comer a mis cuatro hijas y sacarlas adelante, y eso era difícil no siendo pelota. Y yo no soy pelota, así que decía que sí a todo y he tenido que coger trabajos que eran una porquería", relata.

También le parece que la profesión ha cambiado mucho, aunque reconoce que quizá es solo una impresión fruto de la edad. "Yo me alegro de que mis cuatro hijas no sean actrices, que no les guste esto, que ya no es lo que era. Esta profesión tiene uno que creérsela y tener uno ganas de hacerla. O sea, a la fuerza no se puede trabajar. Y ahora mismo hay gente joven a la que le gusta la profesión por la popularidad y por el dinero", opina Guzmán.

Tuvo una compañía de teatro propia durante 14 años (no consecutivos), fue pionero en la televisión, montó varios teatros de guiñoles para niños —"manejo muy bien a los muñecos, debo de tener casi 100"—, admira a los actores y actrices españoles por encima de los extranjetos y sigue prefiriendo el teatro al fútbol —un deporte que no le gusta y un negocio multimillonario que no entiende—. Es quizá el actor español más anciano en activo y, sobre todo, un entrañable madrileño al que sus vecinos siguen parando y saludando como si siguiera siendo Braulio, aquel carismático cartero de los albores de la ficción televisiva española.