Por primera vez Lorenzo Silva saca a los protagonistas de su serie negra, Bevilacqua y Chamorro, de su territorio habitual y se los lleva a Afganistán.

No lo entrevistamos allí, pero sí en la base de entrenamiento de los Gar (Grupo Antiterrorista Rural) en Logroño. Con ellos viajó Silva y vivió en el lugar de los hechos lo que hoy es la novela Donde los escorpiones (Destino).

¿Cómo surge la idea de situar la novela en Afganistán?
La idea de hacer una novela de Afganistán la tengo desde 2003, que es la primera vez que hablo con veteranos de allí y me cuentan lo que pasa y que apenas lo están contando los medios y que tampoco tiene reflejo en la literatura española.

La motivación para estar en estos cuerpos es gente que acepta sacrificarse Y la novela le permitía contar lo que de otro modo tal vez es imposible...
Pensé que tenía que ser con Bevilacqua para llegar a más gente. En Irak lo tenía claro, eso no era justo, pero la gente tiene esa idea general de que los militares van porque les gusta disparar y tal. El conflicto global no me interesa, sino lo efectos que tiene sobre los que van al conflicto.

Y para ello tenía que ir...
Tenía que pisar el terreno, sí, y fui a Afganistán para estar sobre el terreno, hablar con la gente, ver cómo estaban, a los que llevaban allí diez años, ver que, aunque no había habido asesinatos en la base, sí conflictos personales.

¿Entre españoles?
De la gravedad que yo cuento no, pero sí hay fricciones. Están fuera de casa y eso influye en su vida personal. Alguien en esa situación de tensión está en un punto de saltar más.

¿La percepción más errónea de la gente?
Hay una idea de que la gente va allí porque gana más, y es sólo un poco, y hay gente que no está voluntario. Hay españoles forzosos.

¿Cómo lo llevaban?
Mal, son profesionales y lo hacen, pero lo llevan mal.

¿Cómo consigue que cuerpos como la Guardia Civil o el GAR no los rechace el lector? Porque hay un rechazo muchas veces...
Habría que distinguir entre las operaciones y conflictos e intervenciones y políticas que se siguen a nivel global. Tenemos tropas disparando y en línea de fuego y eso es discutible y condenable como Irak, que se hizo creo con conciencia de su falsedad. Durante años hemos tenido militares que no obedecían al gobierno, que lo suplantaban, y ahora tenemos militares que lo obedecen, que el gobierno les dice que en 20 días vuelvan de Irak y lo hacen. No creo que cada vez haya más rechazo, las encuestas dicen lo contrario. Es una apuesta poco rentable su apuesta personal.

¿Cuál es la motivación?
La motivación es gente que acepta sacrificarse. Y como no va con los tiempos no se entiende tanto, pero cuando se les conoce cambia la idea. Cuando cuento estas historias me interesa contar lo que he visto. He visto mientras cenaba con un guardia civil que estaba fuera de servicio estar media hora consolando a la madre de un asesino que está en prisión. A la madre de un asesino no la ampara nadie.

La Guardia Civil le estará agradecida...
Bueno, yo me remito a La marca del meridiano y La niebla y la doncella en las que hay tramas de corrupción dentro de la Guardia Civil, para dejar claro que yo no oculto la cara puñetera de un cuerpo policial que vive siempre en la raya.

A la madre de un asesino no la ampara nadie¿Necesitó que pasara tiempo para tener distancia y poder escribir de Afganistán?
Para escribirla me ha venido bien que no estuvieran, porque por su seguridad no habría podido.

¿Cuántas cosas no sabemos de Afganistán?
Unas pocas.

¿Y alguna de ellas está en la novela aunque sea de contrabando?
Alguna hay.

¿Por qué no hay mujeres en el GAR?
Es especial y muy radical la preparación física. Es una unidad con un requerimiento físico extremo. Aquí hay tíos de 120 kilos de músculo que se los ha usado como ariete contra multitudes. Pero sí las hay en unidades que requieren habilidades como tiradoras.

¿Tuvo miedo?
No, era zona segura, aunque lo primero que te enseñan es el refugio y yo fui con luna llena y me dijeron que era lo preferido por los talibanes.

¿Hubo recelos con usted?
No, ellos confían en mí, nunca he traicionado su confianza. No vendo a nadie, nunca he vendido a nadie. Lo que me preocupaba era comprometer la seguridad y era una frivolidad hacerlo.

¿Lo que más le gustaría es que comprenda el lector de otro modo lo que pasó en Afganistán?
Yo soy un observador externo que da esa mirada desde fuera y es la que doy. A mí me dijo alguno que lo que valoraban es que los libros estaban escritos por guardias civiles, y este no. Ellos valoraban que no tenía el tono autodefensivo. Nos hacía falta que alguien desde fuera lo contara.

¿Lo que peor le sentaría?
Yo ya tengo piel de caimán, como los guardias viejos. No me molestaría nada, ya sé el país en el que escribo y el tipo de reacciones que hay. Espero que la gente le dé tregua a sus prejuicios.