Studebaker.
Andrés García, de la joyería Chico, muestra el deterioro del mural. M.C.

Es la cerámica más emblemática del centro (Tetuán, 9). Si los del coche deportivo que va en contra mano hablarán contarían que en el viejo Al Sport paraba Belmonte; que los Pareja Obregón metieron allí un toro manso y que fue Juanita Reina la primera mujer que pisó este famoso casino sólo de hombres. Son las leyendas urbanas que guarda el Studebaker.

Muchas más sabe la familia García Álvarez, de la joyería Chico, quienes cuidan desde los 80 de este símbolo publicitario y logotipo de su tienda. Quieren hacer reforma en el local y han pedido a la Junta restaurar y subir el mural a la fachada del edificio, a la altura de la primera planta, para protegerlo de los actos vandálicos. «Pintan graffitis, rascan los azulejos, se mean los perros y los músicos apoyan sus instrumentos. Está fatal», dice Beatriz, hija de Andrés, el dueño.

Patrimonio dice que «no considera aceptable el cambio de ubicación del mural, ni la protección en metracrilato. Que no se aprecian abombamientos, ni desprendimientos de plaqueta y que su desmontaje supondría la pérdida de material. Que lo más adecuado es restaurarlo in situ». Los García se enteraron ayer por 20 minutos. «No me parece legal dejarlo ahí», dice Andrés, otro hijo. «La respuesta es de patio de colegio, de falta de profesionalidad», dicen los comerciantes.