Debemos al banco casi el doble de lo que ahorramos
Una parte de los gastos en el hogar de Ana y Andrés giran en torno a su hijo Daniel.(Pablo Elías)
Los créditos solicitados por las familias de Valladolid en los últimos años amenazan con asfixiar sus economías. Muchos hogares empiezan a ver ya las orejas al lobo por el constante crecimiento de las letras de su hipoteca, al mismo tiempo que aumentan los tipos de interés.

Según el Banco de España, cada vallisoletano debe a las entidades financieras una media de 30.074 euros, mientras que sólo tiene ahorrados en su cuenta unos 16.643 euros, poco más de la mitad de lo que adeuda.

El panorama actual es muy diferente al que había hace tan sólo cinco años. En septiembre de 2002, la deuda financiera de cada ciudadano apenas superaba los 14.187 euros. Esta cantidad es ahora un 110% más.

Y, sin embargo, los ahorros han crecido mucho menos en el último lustro, un 39%. Entonces, cada vallisoletano tenía en el banco una media de 11.930 euros.

Nada de ahorrar, viven día a día

Él trabaja, ella cobra el paro, tienen un bebé de cuatro meses y deben vivir al día para controlar los gastos: El caso de Andrés y Ana es común a muchos vallisoletanos que han de afrontar todos los meses unos gastos fijos.

«La hipoteca es el gasto más elevado. Nosotros fuimos previsores y cuando compramos la casa hace un año no quisimos endeudarnos hasta arriba. Sin embargo, las hipotecas han subido mucho y se nos va todo lo que cobro yo del paro», explica Ana, que no tiene empleo desde dos meses antes de dar a luz.

«Daniel tiene ya cuatro meses y a partir de ahora voy a buscar trabajo, porque con un sueldo, pese a que cobre el paro, es difícil llegar a fin de mes», comenta.

Además, los dos han notado un aumento de los gastos con la llegada de su hijo. «El primer mes se nota menos porque le das de mamar, pero luego biberones, leche, vitaminas... Por no hablar de  lo que compras antes de que nazca: cochecito, cuna, silla para el coche y muchas cosas más. Por suerte, te hacen muchos regalos que ayudan», subraya Andrés.

Los dos coinciden también en que lo peor son los gastos imprevistos que no se pueden prever, como una avería del coche o un recibo del gas alto.