Vecinos del Casco Viejo alertan sobre menores que inhalan cola
Unamuno está cargadito.
«Subes por la cuesta de Escaleras de Mallona con el carrito de la compra y los críos, y ahí están. Inhalan cola, van muy puestos y te echan encima su mirada desafiante». Habla Javier Rodríguez, presidente de la Asociación de Vecinos del Casco Viejo, Bihotzean.

Una decena de chavales, de origen magrebí y la mayoría menores de edad, se apalancan a diario en las Escaleras de Mallona, junto a la Plaza Unamuno. Sentados mirando al Casco, inhalan pegamentos o disolventes, sustancias que alteran violentamente su conducta y deterioran cuerpo y mente. Problema servido:

«Al estar drogados, a menudo vemos peleas entre ellos. Incluso navajazos, ya se sabe», ilustra Rodríguez. «La inseguridad es más subjetiva que objetiva. A los vecinos nunca nos han atacado, pero está esa mirada desafiante, los improperios que sueltan a las chicas que pasan... ¿Debemos esperar a que suceda algo grave?», cuestiona.

Eso, y los orines, suciedad y demás daños colaterales de estar ahí en horario intensivo. «Se sientan en las escaleras desde media tarde hasta la noche, de lunes a domingo. Y, por supuesto, también en horario escolar», añade.

Bihotzean lleva desde hace dos años pidiendo soluciones al Ayuntamiento. Lo han planteado en el Consejo de Distrito y al ex concejal de Acción Social Jon Sustatxa en persona. «No pedimos que la Policía les eche a palos. Son chavalillos, con problemas.

Que actúe Acción Social», solicita Rodríguez. El Ayuntamiento sólo ha puesto una patrulla de Policía en Unamuno. Dice que de los menores inmigrantes se ocupa Diputación.

El fenómeno de los niños de la calle llega a Bilbao desde África y América

En Vizcaya viven 700 menores inmigrantes acogidos en centros de la Diputación. La Dirección de Drogodependencias del Gobierno vasco ha detectado que entre algunos de estos chavales reside el fenómeno de niños de la calle.

Han inmigrado clandestinamente desde los arrabales de Marruecos, Colombia o Ecuador, y reproducen aquí los patrones aprendidos allí. No están alfabetizados, no han disfrutado de afectos familiares y canalizan en la droga sus frustraciones. «Es un fenómeno muy minoritario, pero va en aumento», explica Belén Bilbao, directora de Drogodependencias.
El rostro del fenómeno está apalancado a diario en Calzadas de Mallona. La decena de chavales que están allí inhalan disolvente o pegamento, como hacían en su ciudad natal. Es muy nociva, muy barata y muy accesible. Se puede comprar en cualquier tienda.

Técnicos del Gobierno vasco han viajado a suburbios del Tercer Mundo para estudiar tal fenómeno.

Cigarros delante, vino en medio, cola detrás

Unamuno está cargadito. En la parte inferior de las Escaleras de Mallona están los jóvenes sentados. Fuman tabaco rubio y esperan a los demás. Detrás ya huele a vino. Están los alcohólicos históricos y los chavales de la litrona. Y un poco más atrás están los que inhalan pegamento. Son una decena, pero los jueves, viernes y sábados sube el número.