Él trabaja, ella cobra el paro, tienen un bebé y viven el día a día mirando hasta el último céntimo.

La suerte de José Ramón Granados y Rosa María Espejo es que se hipotecaron hace años, cuando aún era posible acceder –aunque con ciertas dificultades– a una vivienda.

Por eso sólo pagan 450 euros, menos de la mitad de lo que se deja de media cualquier pareja similar. «A nosotros también nos sube la hipoteca», se queja Rosa. Este matrimonio tiene una niña, Lorena, de tan sólo nueve meses. «Tuve que dejar mi empleo porque la atención que requiere mi bebé no puedo dársela si trabajo», señala Rosa, que se encuentra cobrando el desempleo.

José Ramón acaba de cambiar de trabajo en busca de un mejor salario. Entre su jornal y el paro de su mujer llegan a unos 1.500 euros. Y el desempleo no es eterno, así que Rosa ya piensa en su reincorporación al mercado laboral. «Ganas no me faltan», afirma. Para colmo, el año que viene la niña generará mas gastos (guardería, comedor y ropa), por lo que necesita arrimar el hombro para llegar a fin de mes. Y luego vienen los imprevistos.

«Se nos ha roto el frigorífico y hemos tenido que coger 600 euros de los ahorros». Es el día a día de cualquier familia andaluza.