Foto miembros Rumbo al Sur
Algunos de los jóvenes miembros de Rumbo al Sur, enfrentándose a las primeras preguntas de los periodistas... IGNACIO GÓMEZ
20 minutos ya esta en Mozambique, concretamente en Inharrime, provincia de Inhambane, a unos 400 kilómetros al norte de la capital del país, Maputo.

Para llegar hasta aquí hemos atravesado en autobús parte de Suráfrica --de Johannesburgo a la frontera, en una sucesión de paisajes áridos y más anodinos de lo que cabría esperar-y de Mozambique --un país a primera vista más pobre, pero en el que se respira mas vitalidad, al menos desde la ventanilla del autobús--.

Es un proyecto de la Comunidad para que los jóvenes tomen conciencia de las difíciles condiciones de vida en África

Nuestro objetivo, el mío y del resto de periodistas que formamos parte de la expedición, es "empotrarnos" durante unos días en un curioso y nada amenazador regimiento: el del centenar de chavales que forman parte de la segunda edición de Rumbo al Sur, un proyecto auspiciado por la Comunidad de Madrid con el que se pretende que los jóvenes madrileños tomen conciencia de las difíciles condiciones de vida en África y de la importancia de la cooperación.

Nuestra estancia, además de contribuir a diseminar a los cuatro vientos la existencia del programa --este año se recibieron 300 solicitudes para cien plazas, un 40% mas que en la primera edición--, nos servirá también para atestiguar la utilidad del proyecto ("Como?! Que la Comunidad de Madrid paga para que viajen los chavales en lugar de darles el dinero a los africanos?", me espetó con natural escepticismo mi padre cuando le comente que me venia a Mozambique), para comprobar in situ si la experiencia africana, en el décimo país mas pobre del mundo, sirve para alentar el espíritu solidario de una juventud a la que a menudo se cuelga la etiqueta de apática.

Con los brazos abiertos

Pero las grandes conclusiones las dejaremos para futuras crónicas, porque apenas hace hora y media, y con el sol a punto de ocultarse, llegamos a Inharrime y trabamos por primera vez contacto con los chavales.

Contrariamente a lo que yo había supuesto, dejaron su desconfianza en sus mosquiteras y nos recibieron con los brazos abiertos, dichosos de compartir su experiencia con nosotros.

"¡No parecen celtiberos!", exclamó esta mañana Javier Castroviejo, ex director del Parque de Doñana y experto medioambiental que viaja con los chavales adoctrinándolos sobre la naturaleza de la zona y con el que coincidimos brevemente en Maputo.

Con esas palabras Castroviejo describía la amabilidad con la que los jóvenes se desenvuelven en un entorno totalmente extraño a ellos, y la férrea disciplina con la que siguen las ordenes de Telmo Aldaz de la Quadra Salcedo, sobrino de Miguel de la Quadra Salcedo, jefe de la expedición y lo más parecido, por su corpulencia y su larga barba rubia, a un gran caudillo vikingo (os pongo foto de Telmo, para que veáis que no miento). Telmo Aldaz de la Quadra Salcedo, en Mozambique.

Esto lo experimentamos en nuestras carnes cuando los vimos por primera vez. Nos machacaron a preguntas -¿es verdad que se ha muerto Pavarotti? ¿Qué esta pasando en Supermodelo?- tanto como nosotros a ellos.

Después de todo, llevan casi tres semanas incomunicados; aquí los móviles están prohibidos y tampoco pueden hablar con sus padres, que se comunican con ellos vía la organización, incluidas las felicitaciones de cumpleaños para quienes cumplen en estos días.

Los chicos transmiten una alegría contagiosa. "Esto se pasa volando", nos dice uno con cara compungido. "Para mí lo más impresionante ha sido ver a las mujeres tan jóvenes y con tantos hijos.

Lo más impresionante ha sido ver a las mujeres tan jóvenes y con tantos hijos

Hoy conocí a una chica de 20 años con cuatro hijos y a una de mi edad que ya cargaba un niño a la espalda", nos dice Lucia Ayala, una joven de Retiro de 17 anos. Los testimonios son numerosos y brotan a borbotones.

Cooperación en un orfanat0

Todos dormiremos hoy al raso en un orfanato que alberga a 50 niños y que también hace las veces de colegio. Es uno de los proyectos de cooperación, en este caso de las Salesianas, que los chicos han tenido ocasión de conocer.

Frente a él hay otro, de los Salesianos, un centro de educación para adolescentes y de capacitación para mujeres, en una zona en la que los abandonos familiares son muy numerosos y las mujeres se las ven y se las desean para salir adelante. Son dos de los proyectos de cooperación que cuentan con financiación de la Comunidad de Madrid. Los chavales los visitan, conviven durante días con quienes trabajan o viven en ellos y, cuando hay ocasión, como esta mañana en la huerta, echan una mano.

Los chavales los visitan, conviven durante días con quienes trabajan o viven allí, y echan una mano

Ahora, mientras escribo, el grupo está cenando. Dos de ellos se hacen los remolones y miran por encima de mi hombro. "¿Podemos corregir algo si vemos que no esta bien?. Los de la tele acaban de decir que trabajamos con niños y eso no es verdad", me dicen cándidamente. Les digo que por supuesto, que los periodistas no somos infalibles, y se van ufanos en dirección al comedor.

Yo termino aquí el relato de hoy, porque la comida también me esta esperando y porque tengo que apañármelas con mi propia mosquitera. Mañana madrugaré con ellos a las cinco de la mañana y, si puedo (Telmo ya nos avisa de que no siempre será fácil enviar nuestras crónicas), enviare un relato mas pormenorizado. El día promete, visitaremos algunos de los proyectos de reasentamiento de familias desplazadas por las inundaciones de 2000.

(Podéis leer el relato del resto de los días, junto al artículo de Rumbo al Sur que publicó la edición impresa y a otro aparte sobre la vacuna de la malaria, en "enlaces relacionados")