John Irving
John Irving, en entrevista con '20minutos' ELENA BUENAVISTA

A sus 74 años publica el inagotable John Irving nueva novela, Avenida de los misterios (Tusquets), y una vez más no baja de las 500 páginas. No hay edad ni límite para la creación y las ganas, y él mismo comenta cómo la arquitectura de sus obras ahora hace que sienta vergüenza de obras  anteriores como El mundo según Garp, que tiene más de 40 años y con la que se abrió paso.

En este caso es la historia de un niño, uno desahuciado que vive en un vertedero de México y que tiene una hermana telépata, y cómo se convierte en un adulto de 54 años que parece que tuviera 20 más. Construye así una historia en la que la religión, la identidad, la crudeza de la vida que viven buscando entre la basura, la infancia como determinante y único lugar en el que descansar son más personajes que los protagonistas.

El autor, que en 2000 recibió el Oscar por el guión de Las normas de la casa de la sidra pensó en clave de película la novela que hoy presenta en Madrid.

No me gusta generalizar, escribir novelas es lo contrario a generalizar¿Por qué pasó de guion a novela?
Porque fracasamos al intentar sacar la película en India, pero si el gobierno indio nos hubiera permitido hacerla, la novela no habría sido tan buena.

¿Qué motivó el cambio de escenario: de India a México?
Aunque las situaciones son similares: niños en riesgo, la presencia de la iglesia católica es mucho mayor en México y eso era una gran ventaja.

¿Qué otras facilidades le daba?
Siempre quise poner al desertor de guerra americano que está en esta novela, y en México era fácil. Tuve muchos amigos que fueron a México para escapar de la guerra de Vietnam. Y podían ayudarme con la investigación.

¿Podría ser ahora una película?
La diferencia entre lo mejor que puede hacer una película y lo que las novelas saben hacer mejor tiene que ver con el paso del tiempo. No me gustan las películas que necesitan dos o tres actores para el mismo personaje. No quiero escribirlas ni verlas. Las novelas son mejores.

¿Cuánto daño causa la religión, punto fundamental de la novela, en el siglo XXI?
No me gusta generalizar, escribir novelas es lo contrario a las generalizaciones. Te puedo decir lo importante que es la religión para mucha gente mexicana porque lo he visto. Las iglesias nunca están vacías, pero no porque crean en la institución en el Vaticano o en el Papa. Ellos no creen en la política de la iglesia, creen en la Virgen.

¿Y en el resto de religiones?
Sí, cuando ves a la gente en una iglesia, en una mezquita o en una sinagoga, no están rezando al rabino, mulá o cura, están rezando a la historia original. Es Mahoma, Jesús y María quienes eran milagrosos y en eso creen. Mis personajes creen en eso, tienen sus sospechas con la institución. El hermano Pepe es muy bueno y...

Para mí oponernos al aborto es tratar a las mujeres como ciudadanos de segunda claseSí, y es el que menos cree...
Pero cree en la Virgen María. Sin las lágrimas de la Virgen María, mi personaje ni habría podido irse ni podrían haber adoptado a este niño dos hombres homosexuales. Me pregunté qué hacía falta para que dos curas viejos y convencionales lo permitieran. La Virgen María tenía que hacer algo. Y yo no tengo disputa con los milagros. Entiendo lo poderosos que son. Yo entiendo y empatizo muy bien con la necesidad de creer.

¿Acepta que existen?
No me río de las creencias de otros, yo también tengo muchos problemas. La mayoría de los católicos creen que las mujeres deberían tener derecho al abortoy que el matrimonio gay está bien, y hablo de gente que cree en María y Jesús, porque saben que es posible creer en ellos sin escuchar al Vaticano. Donde los medios anticonceptivos están disponibles los católicos los usan, pese a que la iglesia se opone. Iglesias y gobiernos no son mejores que las fábricas de coches.

¿No son peores?
Sí, tienen más poder para hacer daño, inflyen más en la gente.

¿Qué es lo que más le sorprende que no haya cambiado?
Recuerdo lo enfadado que estaba hace 40 años por el fracaso de la llamada revolución sexual, de la liberación sexual, de la gay y de la no gay. Era 1970 y se suponía que habíamos tenido una revolución sexual y yo me preguntaba: ¿por qué entonces existe tanto odio sexual? No había cambiado nada, era basura.

¿Y ahora?
Cuando escribía hace 40 años pensaba que pronto esas obras serían reliquias históricas, porque ese odio sexual desaparecía. Pero no ha desaparecido. Amigas feministas, cuando escribía Las normas de la casa de la sidra en 1985, dijeron ¿por qué escribes eso, el problema está resuelto? Yo dije: no, volverá. La resistencia a los derechos del aborto es más fuerte hoy que en el 85. Los derechos de gays, lesbianas y transexuales están avanzando más rápido que los de las mujeres. Para mí oponernos al aborto es tratar a las mujeres como ciudadanos de segunda clase. Si los hombres se quedaran embarazados, el aborto sería gratis y libre en todo el mundo desde hace 40 años.