Christina Rosenvinge
La cantautora Christina Rosenvinge, en una foto reciente. MARINO CIGÜENZA

Christina Rosenvinge ha hecho durante más de treinta años de carrera musical lo que ha querido, sabiendo reinventarse y buscar caminos que nunca había recorrido. Su último trabajo, Lo nuestro -mezcla de electrónica y pop con unas letras profundas y desgarradoras-, es una prueba de que le queda mucho por decir.

Actúa el próximo jueves 19 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid dentro del proyecto Frontera Círculo Ambar.

¿Cómo ha reaccionado su público ante el lanzamiento de Lo nuestro?

Ha ido muy bien. Es un disco que requiere varias escuchas para entenderlo, con lo cual tardó en entrar pero al final estoy muy contenta, llevo más de un año de gira.

¿Había algo de miedo a cómo pudiera reaccionar? Este trabajo es muy diferente a lo que había hecho antes...

Estoy acostumbrada a que me pase eso [risas]. El disco requiere escucharlo en directo para entenderlo, y he estado tocando mucho con banda porque es más enérgico que los anteriores discos y se comprende mejor.

¿Cómo fue la producción del disco?

Cuando lo grabé no tenía banda, en vez de hacer las canciones con piano o guitarra empecé a grabar pistas en el ordenador. Sin quererlo me encontre de lleno trabajando con electrónica, porque es muy agradecido trabajar con sonidos sintéticos, que encajan muy bien con las letras líricas y las imágenes poéticas. El tema La tejedora, por ejemplo, habla de la maternidad, y de como la entrega que está impuesta desde dentro y fuera de las propias mujeres conlleva una falta de libertad para ellas y para la sociedad.

Después de haber sido madre, ¿cómo cree que entiende la sociedad la maternidad?

Es un tema muy complejo, y me alegro de que esté sobre la mesa. Por supuesto lo he vivido en primera persona con mis dos hijos, que han sido dos experiencias de maternidad distintas. Es una cuestión que hay que dirimir para ver como avanzamos en la sociedad, no solo es una cuestión feminista.

Recibo muchas veces admiración solo por el hecho de sobrevivir en la música"

El feminismo siempre ha acompañado sus letras. ¿Cómo ve el ascenso del movimiento en los últimos años?

Me alegra muchísimo. Mi aproximación durante muchos años al feminismo siempre ha sido no meterme tanto en discutirlo como en imponerlo. Es decir, si tenía que discutir en cada entrevista o reunión sobre mi derecho a hacer las cosas acababa por discutir en vez de hacer esas cosas. Mi manera ha sido imponerla con las consecuencias que ha podido tener en cada momento. Ciertamente es un tema que ha estado oculto y que de repente se hable otra vez corresponde a la ola de avance y reflexión general que estamos viviendo.

Ha dicho que sus letras han sido su prioridad a la hora de componer. En estos treinta años de carrera, ¿cada vez le cuesta más encontrar de qué hablar?

Todo lo contrario, y me gusta mucho contar mi experiencia. No solo no se agotan las ideas, sino que cuanto más haces mejor sabes hacerlo y menos te cuesta acercarte a algunos temas. La experiencia excita la creatividad, no la agota. Como persona vas avanzando y también avanza tu capacidad de utilizar recursos para componer.

De algunos temas habló hace años. ¿Los trataría ahora de otra manera?

Claro, escucho ahora canciones de cuanto tenia veintitantos y, aunque estoy de acuerdo con lo que dicen, me suenan un poco ingenuas.

En el tema La muy puta se ríe de la muerte y de los clichés. Se llama a sí misma poeta maldita o popstar. ¿Con cuál se siente más cómoda?

Todos esos son clichés que se crean y son igualmente ridículos unos y otros. No queda mas remedio que reírse de ellos.

¿Hay alguna fórmula mágica para aguantar todo este tiempo en el mundo de la música?

Recibo muchas veces admiración solo por el hecho de sobrevivir [risas]. Para mi no es una fórmula mágica, es comprender el espíritu de los tiempos y entender cual es tu papel en cada momento. Es verdad que escucho a muchos compañeros que hablan de agotamiento y amargura. Yo diría que es desconfianza, pero hay algo que resulta rejuvenecedor: el acto de meter las cosas en la maleta, coger la guitarra y tocar. Para mí es igual de excitante.

¿No cree que se vaya a agotar?

No, porque no hago lo mismo que el primer día, es un proceso de aprendizaje en el que vas evolucionando. No se parece en nada a cuando empecé.