Rafael Matesanz: "La medicina irá haciendo cada vez menos necesarios los trasplantes"

  • Este va a ser el último año de Rafael Matesanz como director de la Organización Nacional de Trasplantes.
  • Tras 27 años al frente del organismo que él mismo fundó, y con España como número 1 en donaciones desde hace 24 años, ha decidido jubilarse.
  • "Ha sido posible porque el modelo español es de I+D+i. Si hiciéramos lo mismo que hace cinco años ya no seríamos líderes", afirma a '20minutos'.
  • Entre los recuerdos que más le han marcado queda el caso de un niño trasplantado de cinco órganos que salvó la vida contra todo pronóstico. 
Rafael Matesanz, en la sede de la Organización Nacional de Trasplantes.
Rafael Matesanz, en la sede de la Organización Nacional de Trasplantes.
JORGE PARÍS
Rafael Matesanz abandonará este año la dirección de la Organización Nacional de Trasplantes tras 27 años como director y habiendo dejado a la ONT como número uno mundial. 20minutos habla con él sobre su obra y las razones para dejarlo.

Si algo destaca al entrar en el despacho que Rafael Matesanz (Madrid, 1949) tiene en la sede de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) es una gran cantidad de distinciones. Entre ellas resalta la estatuilla de Joan Miró que acredita el recibimiento del premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Rodeado de todos esos reconocimientos, este doctor en Medicina y Cirugía y especialista en Nefrología admite que seguramente echará de menos su trabajo, aunque en estos momentos pesan más las ganas de descansar.

Tras 27 años casi ininterrumpidos al frente de un organismo que él mismo fundó, Matesanz ha anunciado que se jubilará cuando finalice 2016. Podría quedarse hasta los 70, pero cree que es el momento de irse. Lo hará dejando la que considera la obra de su vida en lo más alto, con España como líder mundial en donación de órganos por vigésimo quinto año consecutivo. A sus espaldas se llevará momentos muy buenos, otros no tanto, y el haber lidiado con hasta 13 ministros de Sanidad, un cargo que niega rotundamente que vaya a ocupar. "Voy a hacer cosas que no he podido hacer por falta de tiempo. Me gusta mucho leer, la música, viajar...Y me gusta disfrutar de mi familia".

¿Por qué ha decidido dejar el cargo?

Lo he decidido después de pensarlo mucho porque creo que todo lo que había que hacer en la ONT está razonablemente hecho hasta ahora. Evidentemente hay que seguir haciendo cosas nuevas pero está muy consolidada. Tiene un equipo espléndido, mejor que el que ha tenido nunca, y hay gente con suficiente experiencia y formación como para sustituirme. Se dan además circunstancias personales. He sido abuelo recientemente y eso matiza muchas cosas. El cambio de Gobierno también es importante. Cuando cambia, si uno se compromete se está comprometiendo de alguna manera para una legislatura y cuatro años es mucho tiempo. He pensado que el momento de anunciarlo era antes de que se produjera ese cambio con el fin de que no pudiese relacionarse que me voy ni por el partido ni por la persona que vaya a ocupar la cartera de Sanidad.

¿Cómo se siente tras haber tomado esa decisión?

Muy descansado (ríe). Dirigir esto, a pesar de llevar tantos años, no es fácil. Son muchos frentes abiertos, tanto españoles como extranjeros. Nuestras actividades exteriores son muy importantes y requieren mucho esfuerzo y dentro de España hay que coordinar a las autonomías, los equipos, los órganos, las células, la médula... Cuando uno ve que es el momento de dejarlo, de entrada, te invade una sensación de descanso y después, de temor a que cuando estés fuera te falte algo.

¿Cómo recuerda los comienzos de la ONT?

La palabra que mejor los define es heroicos. La donación de órganos en España estaba en caída libre, no había ninguna estructura organizativa ni de coordinación de trasplantes y al entonces ministro de Sanidad, a Julián García Vargas, se le ocurrió que había que hacer algo. No partíamos ni siquiera de cero, partíamos de menos bastante, porque era una situación de desastre total. Por no tener no teníamos ni línea telefónica. Parecía que aquello no iba a funcionar de ninguna manera. Pero funcionó y lo hizo porque había mucha gente con mucho entusiasmo en toda España que estaba interesada en ello.

¿Qué valoración hace de estos 27 años?

Ha sido la obra de mi vida. Cualquier parecido entre lo que había en España en materia de trasplantes en los años 80 y lo que hay ahora es pura coincidencia. Hemos pasado de que el resto de los países europeos nos mirara por encima del hombro a ser una referencia indiscutible en materia de donación y sobre todo en materia organizativa. Lo que exportamos al resto del mundo es el know how de cómo se organizan la donación y los trasplantes. Llevamos 24 años en el número 1 y nada hace pensar que en 2016 lo vayamos a dejar. Eso no tiene parangón en ningún otro aspecto de la vida española y menos en algo tan paradigma de la modernidad como los trasplantes. Es un valor muy sólido y me siento muy orgulloso.

¿A qué se debe ese éxito?

Aquí había gente muy buena pero organizada de forma caótica. Nosotros hemos aprovechado, primero, una población como la española que ha respondido muy bien porque ha visto que el mensaje merecía la pena y sobre todo porque en 27 años no ha habido el más mínimo renuncio en cuanto a gestión de listas de espera, priorización de nadie por su posición social… En segundo lugar tenemos un Sistema Nacional de Salud muy bueno y si hace 40 años la medicina española eran Madrid, Barcelona y poco más, hoy se puede obtener la mejor calidad en cualquier autonomía. Y en tercer lugar establecimos un sistema organizativo distinto, que es lo que caracteriza al modelo español. En la Sanidad ha habido y hay un divorcio importante entre el profesional de a pie y la Administración. A nosotros, a pesar de que somos parte del Ministerio de Sanidad, nadie en los hospitales nos ve cómo Administración. Nos ven como un organismo que les ayuda.

¿Cuál ha sido el mejor momento?

El año 2010, por dos motivos. El primero, porque sacamos adelante la directiva europea de trasplantes de órganos coincidiendo con la Presidencia española de la UE en el primer semestre. Se había empezado un año antes pero todos los países pensaban que era una cosa que tenía que solventar España porque para eso éramos quienes éramos. Seleccioné a cuatro personas de aquí y entre los cinco formamos el equipo. Fue un momento muy complicado, había muy poco tiempo, pero en mayo, la directiva europea, que en realidad es una directiva española, se aprobó en la Eurocámara con un 97% de los votos. Ese mismo año recogí el premio Príncipe de Asturias. En este momento, aunque sin tantas alharacas, estamos en el mejor momento, estamos en récord de todo.

¿Y el peor?

Los inicios, porque fue muy difícil darle la vuelta a la situación. La gente que estaba en el mundo del trasplante estaba agresiva contra nosotros. Fue tremendo, con broncas incluso en lo personal. Otras épocas malas se dieron con algunos ministros que realmente nos hicieron la vida imposible.

¿Con cuál ha sido más fácil tratar y con cuál más difícil?

Para mí las dos mejores han sido Trinidad Jiménez y Ana Pastor. El único problema que tuvieron es que duraron poco. Y con los que fue imposible trabajar, con Celia Villalobos y con Bernat Soria. Cuando estuvo Bernat Soria a mí me destituyeron. Colocaron a una persona por encima y al secretario general lo cesaron. Prácticamente fue una ocupación de esto para dirigir la ONT por otros derroteros. Es como si te dieran un golpe de Estado. El mayor riesgo de la ONT ha venido siempre de vías políticas, nunca de vías profesionales.

Uno de cada partido en ambos casos…

Lo cual pone de manifiesto que no es un problema de partidos, es un problema de personas.

¿A qué se debió ese buen entendimiento con Jiménez y Pastor y qué motivó las desavenencias con Villalobos y Soria?

Del mal entendimiento mejor no hablar demasiado. Y sobre Ana Pastor y Trinidad Jiménez, tenían perfiles muy distintos pero tres características comunes: sabían escuchar, tenían un grado de inteligencia alto y tenían una resolutividad en todo lo que se planteaba.

Pese los casos que mencionaba, se puede decir que es usted una figura de consenso ¿Cómo se consigue?

Primero, siendo estrictamente profesional, no estando escorado hacia ningún partido claramente. Y segundo, siendo coherente. Eso da una continuidad muy importante al proyecto. A ello se suma que profesionales de toda España sienten que pertenecen a la ONT. Eso le da fuerza y ha hecho que los ministros, más que apostar por una persona, hayan apostado por la estabilidad del proyecto.

¿Recuerda a algún donante o receptor que le haya marcado especialmente?

Recuerdo el caso de un niño de pocos años, que tras un accidente quirúrgico necesitaba un trasplante urgente de todos los órganos abdominales. Encontrar un donante adecuado en edad, tamaño y grupo sanguíneo en pocos días era casi matemáticamente imposible. Pero el milagro llegó. El niño fue trasplantado de cinco órganos abdominales y salvó la vida contra todo pronóstico. ¡Los milagros existen!

¿Se va con alguna espina clavada?

Sí. La ONT debería haberse encargado en su día de algo tan importante y que tuvo un auge grande como es la regulación y coordinación de las células madre. Es un tema que no nos dejaron hacer por presiones estrictamente políticas porque entonces era motivo de controversia. Hablo del año 2004. Otro tema que también he planteado muchas veces es que la ONT debería haberse encargado de fomentar y coordinar la investigación en materia de trasplantes. Tampoco nos han dado esa posibilidad y ha sido una gran pérdida. A la ONT, a pesar de todo lo que le ha dado al país, se le podría haber sacado bastante más rédito si hubiera habido un poco menos de cortedad de miras por parte de algunos políticos.

¿Qué argumentos se dan para no dejar que la ONT investigue?

Presiones autonómicas. Hay determinados aspectos que se quieren como competencias de las autonomías y no se quiere dar al Estado un papel en ellos.

En 2015 se produjo el mayor aumento que ha tenido la organización en su historia.

Sí, y en los meses que llevamos de 2016 vamos un 10% por encima del año pasado.

¿Qué factores concretos marcan ese crecimiento?

Durante muchos años pensamos que habíamos llegado al tope. Entonces, hace cinco o seis años, apostamos por un tipo de donantes que no nos habíamos planteado: los donantes a corazón parado. En poco tiempo representan uno de cada seis donantes y el ritmo de crecimiento va este año, en relación con el pasado, en torno a un 60%, así que vamos a acabar con más de 400. Ya tenemos 60 hospitales en los que se hace.

¿Por qué no se hacía?

No nos lo habíamos planteado. Pensábamos que no iba a funcionar. Pero la gente lo acepta mucho mejor que la donación en muerte encefálica porque el mayor problema para que la familia diga que sí es no entender que una persona a la que todavía le late el corazón está muerta. La mayor parte de las familias que dicen que no, que en España son un 16%, es por eso.

¿Qué otra novedad ha permitido ese histórico aumento?
La colaboración con los médicos de urgencia. Somos los primeros del mundo porque controlamos muy bien lo que ocurre dentro de las Unidades de Vigilancia Intensiva, porque nuestros coordinadores son médicos de esas unidades. Pero fuera de la UVI, sobre todo en urgencias, había una potencialidad grande, así que empezamos a formar a esos médicos. Conecta con la filosofía de que la donación de órganos no es solamente un deber para nuestros semejantes, que se pueden salvar con nuestros órganos, sino que también es un derecho de las personas que quieren donar. Si quiero donar, el Sistema Nacional de Salud me tiene que ofrecer todas las posibilidades para ejercer ese derecho.

¿Con qué cifras esperan cerrar el año?

Si el año pasado acabamos en 39,7 donantes por millón de habitantes, este año vamos a estar entre 41 y 42, que son cifras estratosféricas. Para valorar lo que se ha hecho en España hay que tener en cuenta que las 17 comunidades españolas estarían las 17 primeras del mundo si fueran países independientes. Todo eso ha sido posible porque el modelo español es un modelo de I+D+i. Si estuviéramos haciendo lo mismo que hace cinco años ya no seríamos los líderes mundiales. Quien venga aquí ahora tendrá que seguir innovando.

¿Tenemos alguna meta?

Se tiene que estancar en algún momento porque siempre hay un techo, pero también siempre hay vías de mejora. La donación de vivos, por ejemplo, es mejorable. El objetivo es que los que están esperando un órgano lo obtengan en el menor tiempo posible. Nosotros hemos hecho el milagro de mantener la lista de espera a raya. Tenemos la misma ahora que hace 15 o 20 años, cuando la población española ha subido en 10 millones, con muchas más intervenciones, con unos criterios más amplios… Cuando acabé la carrera era impensable trasplantar a nadie de más de 50 años y ahora estamos trasplantando a gente de más de 90. Eso aumenta la necesidad de órganos.

¿Ha temido que alguno de los proyectos estuviera en peligro por los recortes?

El presupuesto de la ONT se ha respetado pero la Sanidad española ha pasado por momentos muy malos. Al principio, cuando muchos negaban la crisis, nosotros ya la estábamos padeciendo en los hospitales. Fuimos muy rápidos en empezar a prevenir e instauramos una serie de medidas para racionalizar. El mensaje que les di a los equipos desde el primer momento fue muy claro: está en juego la supervivencia del sistema. Y lo ha estado. Pero creo que se ha respondido muy bien. Para la sociedad española en general su sistema de trasplantes ha pasado a ser una especie de orgullo nacional y no admitiría que se deteriorase. Probablemente si no hubiera habido recortes hubiéramos llegado bastante más lejos pero hay que ser realistas. Los 60 equipos que hacen parada cardíaca, que no es fácil de desarrollar, se han hecho en tiempo de crisis. El esfuerzo del país en este tema ha sido importante.

¿Ha habido miedo a que la crisis pudiera incentivar el tráfico de órganos?

Ha habido dos intentos, uno de un fragmento de hígado y otro de un riñón. En los dos casos hubo una perfecta coordinación entre la ONT, las fuerzas de seguridad del Estado y la judicatura. Últimamente ha habido algo que antes era muy frecuente: gente que ofrece un riñón y pone un número de teléfono para que se le llame. Eso en internet es frecuentísimo pero según la Policía el 99% de esos casos son intentos de estafa. Puedes vender el riñón, pero luego, ¿qué? Necesitas un hospital, un quirófano, unos cirujanos… mucha gente que tiene que estar compinchada contigo porque si no es muy fácil de detectar. La compraventa de órganos no es un tema que en España sea preocupante. Sí lo es a nivel mundial. Se calcula que hasta el 10% de los 120.000 trasplantes que se hacen en el mundo se hacen bajo alguna forma de comercialización.

¿El turismo de trasplantes sí es un problema?

Es un problema.

Comentó en 2012 que la reforma sanitaria iba a acabar con ello. ¿Ha sido así?

Lo ha dificultado enormemente. Somos el número 1 y con la globalización se sabe en todo el mundo. De cada cien personas que necesitan un órgano lo consiguen cinco y esa desproporción es un caldo de cultivo. La reforma de 2012, que ha tenido muchos aspectos muy discutibles, deja claro cuáles son los requisitos para acceder a nuestro sistema sanitario. Están ahora mucho mejor definidos que en su día, que bastaba con venir a España e inscribirse en el censo de cualquier municipio. El fraude de pacientes búlgaros que se han colado en el sistema con contratos falsos para tener acceso a la Seguridad Social y acceder a diálisis y a trasplantes renales se ha podido detectar gracias a eso. Sin ser especialmente restrictivos, necesitamos un filtro, si no nos caeríamos con todo el equipo. Tenemos peticiones continuas de todo el mundo. La línea roja es gente que haya venido específicamente a España a trasplantarse.

¿Qué opina de la ley que entró en vigor en Gales en diciembre que establece que todo residente mayor de 18 años será automáticamente considerado donante de órganos si previamente no ha dejado constancia por escrito de lo contrario?

Eso es muy viejo. Esa ley de consentimiento presunto es la que tenemos en España, y la que hay en Francia, Portugal, Italia… Las leyes de trasplantes son de dos tipos, o de consentimiento presunto o de consentimiento informado.

Pero nosotros no tenemos que dejar por escrito que no queremos ser donantes.

Nosotros es igual lo que digamos salvo que lo digamos en un testamento vital. La ley española es de consentimiento presunto. Su filosofía es que todo el mundo es donante si no ha dejado en vida especificado lo contrario. El decreto que la desarrolló en el año 80 decía que la forma de decir en vida que no se quería ser donante podía hacerse sin sujeción a formalidad alguna. Eso los jueces lo interpretaron desde el primer momento como que bastaba una conversación del fallecido con la familia. En la práctica significa que siempre tienes que preguntar a la familia y es la que decide. Muchos países creen que la forma de tener más donantes es cambiar la ley. Pero es evidente que la clave no está ahí. En España tenemos la misma desde antes del 89, cuando no teníamos donantes.

Además de tener que seguir innovando, ¿a qué retos se enfrenta la persona que le sustituya?

El mayor reto sigue siendo aumentar la donación por la vía que sea. Habrá que acabar de consolidar la donación en parada cardíaca. Y si la persona que venga cuenta con unas circunstancias políticas favorables debería intentar que España destaque en investigación de trasplantes y probablemente asumir más papel en formación profesional. Es un tema que nunca hemos podido hacer porque también hay presiones autonómicas muy potentes. Para mí también es muy importante la renovación. Una de las consecuencias de la crisis ha sido que no se han renovado suficientemente las plantillas y es clave a la hora de que el sistema siga teniendo vitalidad y juventud. No solo es responsable la crisis. Uno de los problemas que se vislumbra es que en los años 80 y 90 esta era una medicina estrella pero hoy se ha convertido en una especie de rutina. La única forma de evitarlo es introduciendo gente nueva en la cadena.

¿Tiene pensado quién debería sustituirle?

Hay varias personas. Yo lo único que pido es que sea alguien de dentro. La ONT es algo que nos inventamos aquí y que en consecuencia la conoce la gente que está dentro. Cuando viene un médico pasa un periodo de entre uno y dos años muy poco productivo porque lo que se hace aquí no ha podido aprenderlo en ningún sitio. Sería un desastre que la persona que viniera tuviera que empezar a enterarse de cómo funciona el sistema.

¿Cómo se imagina la ONT cuando su nieto sea mayor?

La medicina va a dar tales giros que muy probablemente no va a existir tal y como la concebimos ahora. La medicina irá haciendo cada vez menos necesarios los trasplantes. Si van a servir para algo las células madre será para retrasar la evolución de las enfermedades o para crear órganos artificiales. Nunca van a desaparecer del todo porque seguirían existiendo las urgencias y no podríamos fabricar un órgano de la noche a la mañana, pero es posible que los órganos se puedan congelar y almacenar y eso cambiaría absolutamente nuestra visión. Este es un campo muy variable, de los más variables de la medicina.

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