Hay una frase con la que todo padre remata sus conversaciones cuando habla de los hijos. Todos coinciden en que sí, te cambia la vida, que si el pediatra, los libros de texto, que ya no sales como antes, que tienes que pensar más en el dinero y, cómo no, hacer encaje de bolillos para compaginar trabajo, familia y amigos.

Y, sin titubear, al instante, añaden: pero merece la pena. Bien, nadie lo duda, pero parece que algo no marcha como debería. Cada vez más padres en Vigo apuntan a sus hijos al servicio de desayuno en los colegios porque no pueden atenderlos. O lo que es lo mismo: los padres trabajan como mulas para darles a los críos todo lo que pueden y los críos, en consecuencia, se pasan horas y horas encerrados en sus colegios, desayunando, aprendiendo, comiendo y, si nos descuidamos, hasta cenando. Una pena.