SARA HERNÁNDEZ
Sara Hernández, candidata a la Secretaría General del PSM. JORGE PARÍS

El día que nació, Felipe González y Alfonso Guerra estaban montando el primer congreso en España de un partido todavía ilegal, pero tolerado, que contaba con tan solo unos centenares de militantes activos. Se apuntó a ese partido en 2002, cuando el felipismo era ya Historia y nadie daba un duro por el nuevo líder, Zapatero.

Dos años después acompañaba como número 2 a Pedro Castro en las listas electorales de Getafe, populoso municipio del cinturón, antaño rojo, de Madrid. Tenía 27 años, un título de Derecho y cierta experiencia laboral como cajera de un híper, taquillera de un cine y abogada en dos despachos. Dice que volverá a la abogacía cuando termine este periodo, pero la política es desde hace años su oficio conocido y su primera dedicación vital. En plena guerra de Pedro Sánchez contra Tomás Gómez, que falleció por aplastamiento, se convirtió en secretaria general del PSOE de Madrid, que ahora se llama así, PSOE de Madrid, tras ser por unos años el PSM, aunque lo clásicos lo sigan llamando en femenino, la FSM, quizá para recordar con delicadeza que esta federación es de las más fratricidas del partido. "Viene desde antes de la guerra", dicen los más viejos del lugar. En los buenos tiempos de esas trifulcas, Pepe Acosta, Joaquín Leguina y Juan Barranco las arreglaban con una botella de whisky. En los malos, constataban la evidencia:

- En el silencio de las ideas se oye el rumor de las facas, me dijo una vez Leguina.

- No es una carnicería —me aclaró Acosta— es una casquería, con las vísceras de acá para allá.

Ahí siguen, con las vísceras y las facas al aire mientras se despeñan en las urnas y dirigidos por primera vez por una mujer cuya cabeza ya están pidiendo algunos con ahínco. Morena, de pelo lacio, raya al lado y aires resueltos, usa ropa cómoda sin estridencias —ni clásica ni progre ni pija ni indignada— como queriendo pasar inadvertida y alejarse de todo atisbo de carisma.

Cuando habla en público tampoco tiene pretensiones carismáticas; unas veces no pierde de vista el folio y otras balancea las manos, transmitiendo una impresión de timidez e inocencia, incluso de inseguridad, que se desvanece cuando actúa. Oriunda de tierra de garbanzos, donde dos y dos siempre son cuatro (su padre de la provincia de Salamanca, su madre de la de Ávila) en estos meses ha mostrado particular tendencia a cortar por lo sano.

Bien lo sabe Antonio Miguel Carmona, a quien destituyó como portavoz en el ayuntamiento de la capital nada más llegar a la secretaría, entre grandes proclamas de unidad. Y bien lo saben los concejales de Ahora Podemos, en Getafe; nada más tomar el bastón de mando rompió el pacto, sobre sueldos y número de liberados, que la había convertido en alcaldesa. A propios y extraños llama la atención su frialdad que ella envuelve, conforme a los usos de la nueva política, en una permanente sonrisa.

Perfil | Sara Hernández

  • Madrid, 1981.
  • Abogada, Licenciada en Derecho por la Universidad Carlos III.
  • Alcaldesa de Getafe.
  • Secretaria general del PSOE-M.