Dos horas y media en compañía de Silvio Rodríguez

El cantautor cubano Silvio Rodríguez en un concierto en La Habana, en 2013.
El cantautor cubano Silvio Rodríguez en un concierto en La Habana, en 2013.
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Escuchar a la voz de la canción de autor, al maestro de maestros, casi origen y porqué del género, siempre es un emocionante placer aunque se trate de recintos a priori incompatibles con una música que pide cercanía.

Pero las ganas y el echarlo de menos (la última vez que nos visitó fue en 2007, no se prodiga demasiado) contribuyeron a que el Palacio de los Deportes de Madrid fuera anoche el sitio donde estar para todos los que alguna vez nos hemos encontrado en una canción de Silvio Rodríguez. A pesar del eco, las guitarras y los vientos de su esposa Niurka sonaron cristalinos, arropando el inconfundible don de palabra –para cantar, pero también para contar historias- del trovador.

La mayoría del público era de mediana edad, entre los 30 y los cuarenta y tantos, pero también había veinteañeros extasiados y señoras de 60 recordando la banda sonora de su juventud. Y, por supuesto, cubanos pertrechados de bandera. Incluso una chica disfrazada de unicornio (azul), una anécdota divertida pero que rompió un poco la magia, carcajadas y revuelo mediante, de la última canción del repertorio (Unicornio, claro).

Con Silvio siempre hay el mismo problema: a los 5 minutos de empezar, ya hay alguien exigiendo a gritos Ojalá.Y cuando ya ha cantado Ojalá, le piden que toque Te doy una canción. Ninguna de las dos suele faltar en el repertorio cuando actúa en España (generalmente en los bises) y actitudes como estas en el público le han hecho enfadar en alguna ocasión, llegando a separarse del micro o silenciar su voz para dar paso al karaoke y la euforia colectiva. No fue así ayer.

Cantó Ojalá completa, como está grabada, con sus giros que tantas veces hemos escuchado y sin esconderse en un recitado para no repetirla por enésima vez (algo que sí hizo en otras de las canciones antiguas que tocó; puro aburrimiento, supongo). Y a la petición insistente de Te doy una canción, contestó: "primero te doy esta y luego te doy la otra, pero si no me dejas que te dé esta, ¿cómo te la voy a dar?". Humor cubano.

El Silvio un poco arisco que no disfrutaba del Mano a mano con Aute como se esperaría se reveló ayer como un hipnótico narrador. Tampoco exageremos, pero la anécdota de la noche merece ser reproducida, aunque en su boca parezca mucho más interesante: un peligroso vuelo en la única compañía de García Márquez, quien le reveló que a veces se le ocurrían historias tan pequeñas que creía que eran canciones. Una de ellas, que según Silvio daría más bien para una ópera, inspiró San Petersburgo, aunque el relato de la canción y lo que le contó Gabo no se parecen en nada, reconoció.

Las dos horas y media que pasamos con Silvio Rodríguez anoche contentaron a todos, aunque los de los greatest hits tuvieran que echarle un poco de paciencia. La mayoría de las canciones de la primera mitad del concierto fueron de su nuevo trabajo, Amoríos, publicado en diciembre en Cuba y que ahora sale por fin en España. Mi favorita, por clásica, es En cuál de esos planetas pero el mejor fragmento fueron los veinte minutos (Silvio advirtió) que dedicó a tocar completa su Tetralogía de mujer con sombrero.

Después del descanso y, sobre todo, en los bises llegaron los impepinables que, reconozcámoslo, son los que nos hacen llorar y no querer que el concierto se acabe. Además de Ojalá, hubo recuerdo a sus primeros discos con Canción del Elegido o La Era está pariendo un corazón, La maza y Unicornio, el broche perfecto. Siempre se echa de menos alguna pero también hay que dar motivos y dejar ganas de volver a Silvio una y otra vez.

Lo reconozco: mi momento favorito fue la previsible Te doy una canción, a la que uno llega desmontado y con las defensas bajas si ya ha sonado Ojalá.Pero es que ese Silvio es mucho Silvio y lo seguirá siendo por muchos años y discos nuevos que pasen. Afortunados los valencianos y los murcianos, que se encontrarán con él este fin de semana.

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