Rosa Lobo, asmática
Rosa Lobo, de 58 años, paciente del hospital madrileño La Princesa, tiene que utilizar diariamente el inhalador debido a sus problemas de asma. JORGE PARÍS

El asma es una afección inflamatoria que afecta a los bronquios: se inflaman por dentro, estrechándose y también se contraen, lo que hace que se cierren aún más. En consecuencia, el aire no entra ni sale con facilidad de los pulmones. Se trata de la enfermedad crónica más frecuente en los niños, la que induce más hospitalizaciones y más días de escolaridad perdidos.

Hay casi 300 millones de personas asmáticas en el mundo y cerca de un 11% de los afectados son niños entre 6 y 7 años, un 9% adolescentes entre 13 y 14 años y a alrededor del 5% es población adulta. En España, se calcula que hay 3 millones de asmáticos basado en una prevalencia aproximada del 5% en adultos, entre el 7 y el 13% en adolescentes y del 10% en niños, informa la Sociedad Española de Neumología (SEPAR).

Rosa Lobo lleva desde los 10 años padeciendo las consecuencias del asma. Sufre asma grave de dificil control y actualmente está siendo tratada en el hopital La Princesa de Madrid. "Es una sensación muy desagradable", declara esta madrileña de 58 años sobre la enfermedad. "Es mejor cualquier dolor a que te falte el aire porque no puedes caminar ni hacer una vida normal".

La adolescencia es una etapa "complicada"

La transición de la enfermedad es difícil. A medida que el niño va creciendo el problema aumenta porque "hasta este momento, el control de la medicación, de la sintomatología y de las revisiones del niño lo llevaban los padres, pero cuando ya es adolescente es él mismo quien tiene que saber si se encuentra mal, quien tiene que decidir si toma o no la medicación y quien tiene que acordarse de tomarla", comenta Elena Alonso, Médico de la Unidad de Neumología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles, en la Revista de Patología Respiratoria. "La adolescencia es una época complicada, no tanto por la medicación, sino por la propia edad", añade Alonso.

Prácticamente todos los meses he tenido que recurrir al corticoide oral y al oxígeno Cuando era pequeña, Rosa iba de médico en médico sin encontrar uno que le diera la solución apropiada para su caso. "Pasaba del médico de cabecera al otorrino, el otorrino me mandaba al alergólogo, el alergólogo al neumólogo y hubo un momento en el que ya me estaban mareando y centralicé todo mi caso en el servicio de neumología", explica.

Acupuntura, homeopatía, medicina natural e incluso diferentes tipos de vacunas, Rosa ha probado todo tipo de tratamientos para que le ayudasen a mejorar "un poco" sus síntomas. "No hay un día del año que estés bien. Pero soy muy positiva en este sentido y todo tratamiento que me sugieren y que, de alguna manera, pueda mejorar mi calidad de vida, lo acepto".

Actualmente está utilizando otras dos técnicas innovadoras a parte de los inhaladores habituales: terapia oral de la desensibilización de la aspirina —en dos dosis diarias— y una vacuna biológica compuesta por una mezcla de su propia sangre y orina que le inyectan una vez al mes.

Los procesos sanitarios requieren un gran consumo de recursos. Según la SEPAR, el caso de Rosa —asma grave de difícil control— representa un porcentaje pequeño del espectro de la enfermedad asmática, sin embargo supone la mitad de los costes por asma. En general, en los países desarrollados el asma supone entre el 1 y el 2% del total de los recursos destinados a la salud pública y concreatamente para el Sistema Nacional de Salud de España el gasto anual medio por paciente asmático es de 1.533 euros. "He llegado a pagar cifras muy elevadas" afirma Lobo que se costeó todos sus tratamientos desde los 18 años, cuando empezó a trabajar y "podía tratarme con mi sueldo".

Más incidencia en primavera

Los afectados por enfermedades de las vías respiratorias, como asma o rinitis, sufren un empeoramiento en su sintomatología en el contexto de un aire lleno de pólenes y contaminación como es el de la época primaveral. Unos 16 millones de personas sufren algún tipo de alergia en España, aproximadamente el 30% de la población, cifra que aumenta alrededor de un 2% cada año, según la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC).

El caso de Rosa es particular: además de asmática es alérgica a las arizónicas, las gramíneas, los cipreses y el epitelio de gato y de perro —entre otros— y tiene pólipos nasales de los que ha tenido que ser operada en 15 ocasiones. Por ello, a pesar de que según explica "no se sabe qué época del año es mejor o peor", afirma que "la primavera influye y todo hace mayor reacción".

Los factores ambientales contribuyen decisivamente en los cambios de la intensidad de los síntomas y de la prevalencia de la enfermedad. Debido al pronóstico de la paciente de La Princesa, la enfermedad en ella avanza por etapas. "Hubo unos años que mejoré considerablemente pero desde hace cuatro he vuelto a empeorar y, prácticamente todos los meses, he tenido que recurrir al corticoide oral y al oxígeno", manifiesta.

Me considero muy activa, puedo caminar más o menos rápido pero no me frena nada"El asma, a diferencia de otras enfermedades crónicas, tiene fases de estabilidad en las que la persona afectada no tiene síntomas y el abandono en estos periodos (del tratamiento) puede llevarle a un empeoramiento de la enfermedad", explica el enfermero del servicio de Neuomología del Hospital de la Sta. Creu i Sant Pau de Brcelona, Jordi Giner.

Pese a todo Rosa Lobo ha salido adelante gracias a la fuerza de voluntad y el empeño que ha puesto en ello. "El asma no ha afectado a mi ritmo de vida porque prefiero estar ocupada. Me considero muy activa, puedo caminar más o menos rápido pero no me frena nada".