Martin Parr, Tokyo, Japan, 1998
Un bollo japonés retratado por Martin Parr en Tokio © Martin Parr / Magnum Photos. Real Food, Martin Parr, Phaidon

El reportero Martin Parr (Epson-Reino Unido, 1952) ha convertido en lenguaje la sátira y en temario la visión sarcástica de lo peor del mundo que poblamos. En una carrera de más de cuatro décadas se ha concentrado en mostrar hasta que punto llegamos en nuestra osadía por romper las reglas del buen gusto y entrar en la ridiculez, convirténdonos en payasos sin ser conscientes, y eso es tal vez lo más risible, de que lo somos.

El nuevo libro de Parr, Real Food (Comida real), es una recopilación de uno de los asuntos que siempre le ha atraído: qué y cómo comemos y hasta dónde llega el alimento como parte de la identidad nacional. En un momento en que los chefs se han convertido en celebrities mediáticas, gurús de tendencias y autores de superventas editoriales y la pasión por lo que se llama comida sana alcanza un grado de veneración religioso, el siempre incorrecto Parr vuelve la lente hacia la comida basura.

Cucharas grasientas

Imágenes de platos cotidianos y aperitivos en restaurantes de fast food, cucharas grasientas, puestos callejeros de los que emanan humos y olores de indescriptibles orígenes..., la antología recorre 30 lugares del mundo e incluye dos centenares de fotografías en colores hipersaturados y primeros planos. No es casual que entre los lugares de la treintena de países mostrados —Australia, Japón, , México, Reino Unido, los EE UU...— el que más aparece sea Benidorm, la localidad española que para Parr es la cúspide de la horterada —le dedicó una de sus más exitosas monografías—.

El libro, que acaba de publicar por Phaidon [208 páginas, 19,95 euros], es una recopilación de Parr de su fanática entrega durante el último cuarto de siglo a recopilar imágenes de comida de formas chirriantes y composición hipercalórica, que ya había practicado, limitándose a su país natal, en British Food (Comida británica, 1995), una monografía donde a partir de la dieta habitual de la mayoría de los ingleses se establecía una radiografía social sobre el país.

Instantánea global

Parr, dicen desde la editorial, "ha documentado la vida moderna desde los años sesenta, alentándonos a evaluar de nuevo lo que nos resulta familiar". En este sentido, Real Food presenta una "instantánea global de la cocina cotidiana". En el fotoensayo aparecen desde perritos calientes y bollos de aspecto temible, hasta patatas en jugo de carne, pesados guisos con verduras al horno con verdura, fish and chips y polos de un cromatismo que parece de otro planeta.

La antítesis de los inmaculados platos de Instagram En un momento en que los chefs de todo el mundo "otorgan relevancia a la comida local y de temporada", Parr "celebra lo contrario": alimentos preparados con azúcares refinados, rebosantes de grasas calóricas, de una brutalidad que no es adecuada a los cánones de la alimentación entendida como culto. Los bodegones de colores llamativos y primerísimos planos del reportero son "la antítesis de la proliferación de las estilizadas instantáneas de platos inmaculados en Instagram", añaden los editores.

Galletas de crema en un pícnic

La sociología de aquello que comemos es el epicentro de las fotografías de Parr, que siempre tienen un fuerte sentido geográfico, con imágenes como un pastel que emula la bandera de las barras y estrellas en Nueva York, un plato de galletas de crema sobre un mantel de pícnic en Dorset y latas cubiertas de falsas flores de cerezo en Tokio. La portada del libro es también una declaración de intenciones: uno de los manteles a cuadros que son universales iconos de las casas de comidas populares no entregadas a la alta cocina.

Criticado por los puristas por usar en la cámara programas automáticos Reverenciado u odiado según quien hable guste del humor de trazo basto o de la ironía y muy criticado por los puristas el uso continuado del recurso del teleobjetivo (que permite disparar a gran distancia del sujeto retratado y sin exponerse) y los programas semiautomáticos de ajuste de diafragma de las cámaras, Parr ha alcanzado notoriedad por reportajes sobre la forma de vida de la clase media británica.

Un crucero para emborracharse

Sus fotoensayos más conocidos son The Last Resort (1986), sobre los veranos en Brighton, el Benidorm de la clase trabajadora británica, y One Day Trip (1989), sobre un crucero donde el único objetivo era emborracharse—. Parr ha ganado un buen puñado de premios de fotografía, entre ellos el de PhotoEspaña en 2008, imparte frecuentes cursillos y algunos le han llamado "el gran cronista de nuestra época".

Ahora está en cartel en Londres Strange and Familiar, una gran exposición colectiva comisariada por Parr sobre la visión de Inglaterra de 23 fotógrafos foráneos que han retratado el país desde la década de los años treinta del siglo XX.