La pista que llevó a detener a los violadores de bebés arrancó en Canadá

La red de pederastas desarticulada en España el jueves tenía sus días contados cuando un detective de la unidad contra la pornografía infantil de la policía de Toronto identificó como español, gracias a una Ñ, el teclado del ordenador que aparecía en una imagen.

El jueves, la policía española anunció la desarticulación de un grupo de individuos acusados de la violación de niños de entre 12 meses y tres años, la producción de pornografía y su distribución a través de Internet.

Perdido entre los horripilantes y escabrosos detalles del caso está la participación en la detección de la red de una de las mejores unidades del mundo en la persecución de la pornografía infantil a través de Internet, la Unidad de Crímenes Sexuales que dirige el detective Paul Gillespie.

Gillespie es la mente detrás de un programa creado por Microsoft de Canadá para sacar del anonimato a aquellos individuos que diseminan pornografía a través de la Red y, con suerte, detectar a los productores y rescatar a sus víctimas.

Tras solicitar ayuda a Microsoft Canadá, frustrado por la falta de atención al problema por parte de los fabricantes de programas según confesó en diciembre a EFE, la empresa informática creo CETS (Child Explotation Track System o Sistema de Seguimiento de Explotación de Menores) que Gillespie y su unidad utilizan con gran éxito desde diciembre.

En febrero, uno de los agentes de Gillespie empezó su jornada laboral como millones de personas de todo el mundo inician su trabajo, encendiendo su ordenador y conectándose a Internet. Con unos cuantos golpes de teclado y ratón, en poco tiempo el agente estaba en tratos con un individuo que ofrecía pornografía infantil y, como muestra de lo que el agente encubierto podía recibir, el anónimo comunicante le mandó una serie de fotos de un niño que debía tener entre 18 y 24 meses de edad.

"No eran imágenes pornográficas pero la pose insinuante y las promesas de que después vendrían otras imágenes explícitas del abuso nos convencieron de que ese niño era una víctima de explotación sexual", dijo el detective Warren Bulmer, uno de los agentes de Gillespie.

De entre las innumerables imágenes que la unidad detecta cada mes, esas fotos tenían una particularidad que motivó la curiosidad de Bulmer: el niño era una víctima no conocida para los policías de Toronto. En un rincón de una de las fotos, Bulmer encontró su primera pista. El teclado de un ordenador que aparecía en la imagen era particular. Tras procesar informáticamente la imagen, Bulmer identificó la letra Ñ.

Esa fue la primera pieza de información con la que el equipo de Gillespie arrancó su investigación. Después de contactar al fabricante del teclado -un modelo inalámbrico-, la policía canadiense supo que sólo se vendía en España.

Toronto transmitió la información que había recopilado hasta entonces a la Policía Internacional (Interpol), que inició su propia investigación. Los temores de Bulmer se confirmaron cuando poco después la unidad encontró en Internet imágenes en las que el mismo menor era violado, "de forma extremadamente brutal y horrorosa", añade el agente.

Lo único positivo de esas nuevas imágenes fue que contenían una nueva pista sobre los autores de la violación, un billete de tren que la víctima sostenía en sus manos y que identificaba la estación madrileña de Atocha como su origen. Pero la prueba más "crucial", como la define Bulmer, fue un vídeo de 11 minutos que la policía de Toronto fue capaz de interceptar en Internet y que graba la meticulosa violación del niño.

"Obtuvimos el vídeo en una operación encubierta. En ese momento no sabíamos que estaba relacionado porque el nombre del archivo no era consistente con las otras imágenes pero tan pronto como vi el vídeo reconocí al niño" afirmó Bulmer.

En menos de 24 horas el vídeo estaba en manos de la policía española. Bulmer, con humildad, reconoce que no sabe hasta qué punto los datos recopilados por su unidad fueron definitivos para desarticular la red de pederastas y tanto él como Gillespie elogian a la policía española por su "trabajo fantástico", profesional y sin descanso.

Ahora es el turno para que la policía de Toronto realice sus propias detenciones. La unidad tiene abierta dos investigaciones, una relacionada con la posesión de las fotografías originales que iniciaron el caso y otra por la del vídeo con la violación.

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