Cristina, madre del niño raptado por su padre
Cristina, madre del niño raptado por su padre el 29 de agosto. ERLANTZ BILBAO

Cristina, una joven rumana de 23 años, lleva más de una semana sin noticias de su hijo Andrei, de dos años. El pasado miércoles 29 de agosto, su ex pareja y padre del niño, Florin, de 50 años y también rumano, se lo llevó aprovechando la visita que le hizo en uno de los centros que la Diputación ofrece en Bilbao como puntos de encuentro a las parejas separadas.

El hombre aprovechó un descuido de la educadora que supervisaba las visitas para coger a su hijo y huir con él por la puerta del patio. «La educadora se agachó a atarse los cordones y el se escapó», cuenta Cristina, que se muestra «enfadada» con el centro porque «no salieron detrás de él». Poco después la trabajadora le explicó que «había sentido miedo porque a veces iba allí con una navaja en el bolsillo».

El padre del pequeño tiene una orden de alejamiento de un kilómetro de Cristina por un caso de malos tratos, aunque la jueza encargada del caso le permitía visitar a su hijo en este centro durante dos horas los miércoles, viernes y domingos.

En la Diputación, por su parte, alegan que el punto de encuentro «no es una cárcel y no hay policías ni guardias con porras; ha pasado lo mismo que cuando un padre aprovecha los días que puede ver a sus hijos y se los lleva al extranjero», señaló un portavoz a este periódico.

Precisamente, la Ertzaintza opina que el padre puede haber abandonado ya el país, algo que Cristina niega rotundamente. «No puede salir de España; tiene una orden de busca y captura internacional desde media hora después de llevarse al niño». Además, la joven cuenta que él llamó a un hermano suyo en Rumanía diciéndole que no se iba a ir.

Para Cristina, su ex compañero tenía todo preparado para llevarse al pequeño aquel día. «Tenía la maleta preparada un día antes, alquiló su piso a otros rumanos y compró otro coche a nombre de uno de ellos el mismo día por la mañana». Asegura que no tiene ni idea de dónde puede estar, pero confía en que la Ertzaintza dé con él pronto ya que teme que su hijo esté desatendido.