La recuperación económica flaquea en España y empieza a pagar la incertidumbre política

  • La menor confianza del consumidor sobre el futuro se empieza a notar en la economía: menos matriculaciones, menos compras de casas...
  • Si el consumidor no gasta, la empresa no vende: las ventas empresariales cayeron después de 22 meses y los créditos se han reducido.
  • "Tendremos un impasse en verano por el turismo, pero podemos tener un otoño negro", estima Cecilio Moral catedrático de economía financiera.
  • Los economistas consultados por 20minutos aseguran que los vientos de cola (petróleo, euro, tipos) prosiguen, pero que no soplarán tanto.
  • BARÓMETRO DEL CIS: El pesimismo se instala entre los españoles: el 42,3% cree que la situación política es "muy mala".
El ministro de Economía, Luis de Guindos, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso.
El ministro de Economía, Luis de Guindos, junto al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso.
EFE / ARCHIVO

Esta vez no solo es un augurio. Es todo un síntoma que se refleja en una opinión generalizada de los expertos, en un temor de los ciudadanos y sobre todo en números e indicadores reales: la incertidumbre política en España está afectando a la recuperación incipiente de su economía.

Así lo confirmó el Banco de España en su reciente informe de proyecciones macroeconómicas al estimar que "los riesgos de la economía han aumentado" y que el "curso futuro de las políticas económicas podrían incidir negativamente en el gasto de los agentes privados". Y aquí es donde el CIS pone su termómetro: la confianza del consumidor ha caído 14 puntos en tres meses y el 42,3% de los españoles estima que la situación política es mala.

La primera víctima del temor en la población es el consumo, que aporta un 60% en la demanda del país y que hasta ahora se mostraba hercúleo. "La influencia de la falta de Gobierno es enorme en este sentido", explica Álvaro Anchuelo, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Rey Juan Carlos. "Si una persona no tiene muy claro qué va a pasar con sus pensiones, con sus salarios y con sus impuestos, reduce su confianza y no gasta tanto".

Las señales de la desaceleración tiene cifras concretas. Por ejemplo, en la automoción: las matriculaciones de vehículos se redujeron en marzo un 0,7%, su primera caída en 30 meses a pesar de que el Gobierno prorrogó el Plan PIVE hasta junio. También sufre el ladrillo: la compraventa de viviendas se frenó en enero tras 16 meses al alza.

Y si el consumidor no gasta, las empresas no venden y no invierten porque tampoco confían en darle salida a su negocio: las ventas empresariales bajaron en enero tras 22 meses de alzas, los pedidos de la industria han echado el freno de mano y los créditos que concede el ICO cayeron el pasado año un 55%.

"No crece el crédito porque falta consumo", estima Cecilio Moral, catedrático de economía financiera en la Universidad de Comillas, que no duda en señalar a la política como culpable del frenazo económico. "España está bastante paralizada y la situación no invita al optimismo. Se están retrasando inversiones internas y externas, las empresas están adelantado EREs por las dudas sobre la futura legislación laboral... y nos estamos limitando a cumplir el presupuesto".

En una línea "menos catastrofista" se pronuncia Álvaro Sanmartín, economista jefe de Alinea Global MCH IS. "La desaceleración es cierta y si se prolonga el escenario de incertidumbre será mayor. Pero no creo que haya signos de frenazo. La confianza de los consumidores ha caído porque venía de niveles muy altos, las ventas minoristas presentan buenos datos y los vientos de cola todavía son fuertes", estima este experto financiero.

El déficit, la principal preocupación de los expertos

Los economistas señalan al exceso de déficit público (un 5,16% en 2015, más de 10.000 millones de desajuste) como una de las preocupaciones principales. Y ofrecen dos razones: primero, que el desfase se produjo en un año con un crecimiento del 3,2%, el mayor desde el comienzo de la crisis; y segundo, que los mercados desconfían de países con desajustes presupuestarios y podrían cebarse con los tipos de interés de la deuda española.

Si el déficit preocupa, el paro no se queda atrás. Bruselas cree que España no reducirá su tasa de desempleo por debajo del 20% hasta finales de 2017 y el propio Secretario de Estado de Empleo, Juan Pablo Riesgo —tras presentar los datos de desempleo en marzo que empeoraban los del año anterior—habló de una "ligera desaceleración".

Todo un cambio en el discurso del Gobierno, que hasta ahora siempre defendió que la economía mantendría la inercia de sus reformas. "El paro es aún peor indicativo que el déficit, porque el desempleo se traduce directamente en una reducción del consumo", analiza Moral.

Los expertos consultados por 20minutos insisten, sin embargo, en que los vientos de cola aún ayudan a nuestra economía. El petróleo sigue barato, los tipos de interés están en mínimos y el euro depreciado favorece la competitividad de las empresas de la eurozona.

Pero también prevén que no soplarán con tanta fuerza como antes, que los tipos no bajarán más porque el BCE se ha quedado casi sin munición monetaria y que el crudo difícilmente regresará a los 27 dólares. "Cuando el barril vuelva a subir porque haya mayor consumo en EE UU, China o India, ya veremos qué pasa", apunta Moral, que tampoco ve más recorrido a las políticas monetarias porque "no han conseguido los efectos" que pretendían.

¿Hasta cuándo durará la inercia de la economía?

El Gobierno mantuvo hasta ahora que la economía crecerá al 3% este año pero ningún servicio de estudios, ningún organismo, considera que escale más allá del 2,8%. "La inercia actual es positiva pero se está agotando y no le doy más horizonte que el fin de año", considera Cecilio Moral que reduce su estimación de incremento de PIB este año al 2,2%. "Habrá un impasse en verano por el turismo, pero podemos tener un otoño negro".

Los expertos coinciden en que la inestabilidad se trasladará lentamente, décima a décima, a los indicadores económicos y piden actuar ya. "No es catástrofe inminente pero hay que enderezarlo", estima Álvaro Anchuelo, que coincide con sus colegas en que dos de las reformas más urgentes son la reducción de los gastos en la Administración para atajar el exceso de déficit, e invertir en educación y capital humano.

"La situación política está retrasando reformas estructurales necesarias y nos va a coger con el pie cambiado", lamenta Cecilio Moral.

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