Viéndolo así, apuntalado, nadie diría que el puente del arroyo Quintana es el más emblemático de los 30 que tiene el acueducto de San Telmo, la obra de ingeniería hidráulica más revolucionaria de la España del siglo XVIII. Ayer, el Ayuntamiento sacó a concurso las obras para arreglar el tramo que corresponde a este arroyo y que durará un año.

Eso si no hay contratiempos, porque la rehabilitación del acueducto ha sufrido tantos avatares que nadie se atreve a fijar una fecha para poner en valor este monumento, que se construyó en dos años (entre 1782 y 1784).

Y a su desgracia se añade la destrucción parcial de un puente por el hundimiento de la ronda este en 1997; y, por si fuera poco, desde 1985 lucha por obtener la declaración de Bien Interés Cultural (BIC) en un complicado proceso que está en fase de información pública.

Aunque está protegido, esa declaración serviría para desarrollar un plan especial como otros monumentos, explica Javier Aguilar, presidente de la Asociación Amigos del Acueducto.

Tiene apenas 11 kilómetros de recorrido y su restauración se la rifan la Junta y el Ayuntamiento. Una escuela taller iba a acometer la mejora del tramo entre el puente de los Cinco Ojos (o del Nogal) hasta el arroyo Quintana. Pero aún no hay nada sobre el terreno.