Amor de madre, pero entre barrotes es lo que 24 mujeres del centro penitenciario de Picassent, y otras nueve que están en estado de buena esperanza, intentan dar a sus hijos mientras cumplen condena.

El día a día intenta ser lo más normal posible. En la cárcel, los niños reciben todas las atenciones posibles. A primera hora de la mañana, son sus madres las encargadas de levantar a sus hijos y de asearlos para ir a la guardería. Los pequeños, de hasta 3 años, entran a las 8 de la mañana y salen a las 17 horas. Allí, hacen todo tipo de manualidades y aprenden a convivir junto a otros niños.

Tienen un patio lleno de dibujos infantiles y juegos 

La tarde también es bastante entretenida. En la prisión, tienen un patio de juegos del todo peculiar, como explican desde la fundación Padre Garralda-Horizontes Abiertos: «Allí, las paredes están decoradas con dibujos y una zona de juegos para que no parezca en ningún momento que se trata del patio de una cárcel».

Desde hoy, además, siete madres de la cárcel de Picassent junto a sus hijos podrán participar en la sexta edición de un campamento en Moraira. Allí convivirán junto a 18 madres y niños provenientes de diferentes cárceles de España. Irán a la playa y a la piscina.

 

Integración social de 70 reclusas

La Caja de Ahorros del Mediterráneo puso en marcha ayer un programa de mediación psicosocial con 70 presas de la cárcel de Picassent. Con esta iniciativa se pretende lograr su integración en la sociedad. Así, desde este mes hasta que finalice el año, dos grupos de internas en este centro penitenciario aprenderán cuestiones relacionadas con la salud y el bienestar físico y psicológico. Esta iniciativa pondrá especial atención al módulo 16, lugar en el que viven 24 madres y otras nueve mujeres que están a punto de serlo.