Two Gallants
Adam Stephens, cantante y guitarrista de Two Gallants, durante su actuación en el Azkena Rock Festival 2007. (SILVIA MANZANO) SILVIA MANZANO

Con la imagen aún del sobrehumano concierto que Pearl Jam brindó en este escenario el año pasado grabada en las retinas de los fieles al festival, el Azkena Rock Festival afrontaba en este 2007 una cita crucial. La controversia generada por la confección del cartel de este año, lastrado por las limitaciones económicas, alimentó muchas suspicacias y propició que en ciertos entornos, como el propio foro de la página web, se vertieran muchas críticas y se llegara a debatir incluso sobre la continuidad del festival.

Pero descargado el primer guitarrazo, el escepticismo inicial se convirtió en, un año más, y van seis, en euforia. Porque, pese a que el balance global fue el más discreto de todos y faltaron actuaciones del calibre de la comentada de Pearl Jam o de Queens Of The Stone Age (2005), Fun Lovin´ Criminals (2004) o The Jayhawks (2003), los amantes del rock salieron en líneas generales bastante complacidos, y aquí están las imágenes más llamativas del festival para ilustrarlo.

 

Los Coronas, con ese surf vacilón y desenfrenado que popularizó Tarantino, ofrecieron uno de los shows más estimulantes.
Las Furias, banda guipuzcoana, encendieron la mecha el viernes, en el primer concierto del festival. Versión de The Runaways incluida, esta formación nacional fue un digno arranque, aunque no brilló tanto como Los Coronas, que actuaron a continuación y ofrecieron uno de los shows más estimulantes del cartel, con ese surf vacilón y desenfrenado que Quentin Tarantino popularizó en Pulp Fiction y que tanta diversión ofrece.

 

Acto seguido, y con la sonrisa dibujada en los rostros de la mayoría de los espectadores que se deleitaron con Los Coronas, irrumpió en escena Josele Santiago y los termómetros del festival comenzaron a elevarse. Bien es cierto que el goteo de asistentes aún continuaba y que muchos parecían más preocupados en refrescar sus sedientos gaznates o poner música en el camping, pero el ex cantante de Los Enemigos se descolgó con un concierto inspiradísimo, recio, sin concesiones, como su música, áspera pero incisiva. Muy bueno, gran sonido, extraordinaria actitud.

Y si Josele Santiago destiló pasión, qué decir de Two Gallants. Este dúo estadounidense, que combina en su repertorio dosis de country, folk y  punk con una asombrosa maestría y que cuenta con su visceralidad y su demoledora fuerza escénica como sus principales bazas demostró ser una de las bandas más recomendables hoy por hoy sobre un escenario. What The Toll Tells, su disco más notable hasta la fecha, lo atestigua, y de ahí surgieron dos de los momentos más explosivos de su show: Las Cruces Jail y Steady Rollin´.

Brant Bjork, antiguo miembro de Kyuss y que actualmente deambula en solitario sin pena ni gloria, firmó a continuación un concierto perfectamente olvidable, cosa que no puede decirse precisamente de Giant Sand, grupo tremendamente irregular en estudio pero que en directo imprimió un halo de misterio y sofisticación a sus canciones, aderezadas con un bonito piano de cola, que se agradeció enormemente.

Roky Erickson, ex componente de 13 th Floor Elevators, fue el siguiente en entrar a escena. Y, sin llegar al colosal nivel que muestra en su carrera discográfica en solitario, este individuo, probablemente el más dotado de talento de todo el cartel, no defraudó. Temas como Two Headed Dog o White Faces, que podrían mirar de tú a tú sin problemas a cualquier himno de los 80´s, provocaron el entusiasmo en una entregada Mendizabala.

Y si Roky demostró estar en buena forma, el rock etílico y adictivo de Diamond Dogs también deparó grandes momentos. No fue el prodigioso concierto que esta formación ejecutó el año pasado en Madrid, desde luego, y el sonido no les acompañó especialmente, pero Sulo se lució una vez más y composiciones como Goodbye Miss Jill, de aquel lejano y sensacional As Your Green Turns Brown, se recibieron como agua bendita.

Tool ofreció una actuación tan intachable en la forma como gélida en el fondo.

Tool, el grupo de más gancho de este año, careció del magnetismo de Roky y de la calidez de Diamond Dogs y ofreció, como viene siendo habitual, una actuación tan intachable en la forma como gélida en el fondo. Típico caso de banda estrangulada por su propio ombligo y que a día de hoy únicamente colma de placer a sus fans más esquizoides, muchos de ellos bastante más aficionados a la literatura chipriota que a los riffs de Montrose, por ejemplo.  

Heavy Thrash, en cambio, representaron el polo opuesto, y, con Jon Spencer al frente, ejecutaron un show sin grandes virtuosismos pero cargado de frenesí. En disco practican un rockabilly de saldo, cierto es, pero la verdad es que cerraron esta primera jornada con bastante estilo.

 

El Tom Petty español 

Hoey and The Mussels, peculiar banda integrada por dos irlandesdes y dos vascos, fueron los elegidos para inaugurar la segunda jornada del Azkena, y, con un certero repaso al discurso country-rock que les caracteriza, redondearon un digno concierto. Y de algo más que de digno cabría tildar el show de Sexty Sexters, banda navarra de punk rock que si ya en disco llaman la atención por la furia de sus composiciones, en Vitoria ofrecieron un concierto bastante potente.

Obviando la anecdótica actuación de Clawfinger, grupo descontextualizadísimo en el festival en particular y en el mundo en general, Super 400 deparó otro de los momentos álgidos del Azkena. Con el rock más añejo y atemporal de los 70´s en el punto de mira y un feeling arrebatadoramente negroide, este trío neoyorquino regaló a los aficionados un concierto notable, en el que destacó la portentosa garganta de Kenny Hohman.

Quique González paseó todas sus limitaciones por Mendizabala, especialmente su empalagosa voz y sus vulgarísimos textos.
Y de un concierto tremendamente gratificante, como el de los creadores de 3 And The Beast, al Azkena le tocó registrar una de las peores noticias de su historia, es decir, la llegada de un personaje como Quique González. Bautizado en algunos entornos como el Tom Petty español, en todo un ejercicio humorístico digno de los Monty Phyton, este aspirante a poblar las carpetas de las adolescentes españolas y a reventar las listas de éxitos de Sol Música paseó todas sus limitaciones por Mendizabala, especialmente su empalagosa voz y sus vulgarísimos textos, y provocó que la actuación de Ryan Adams, muy criticado en este festival hace tres años, pareciera la de Elvis Presley en Hawaii.

Por suerte, la luz volvió al recinto con el rock de alto voltaje de The Cynics, banda que a bote pronto pudiera parecer que peca de linealidad y que abusa de un garage-rock bastante monocorde, y hasta cierto punto es verdad, pero que desgranaron su repertorio con bastante nervio y solvencia. No se puede decir lo mismo de Mooney Suzuki, por desgracia. Deudores de la escuela de MC5, pero con ramalazos de rock clásico de la escuela stoniana, esta formación, que ya en estudio dejan bastante que desear, aportaron un ramillete de canciones bastante irregular, con una Oh Sweet Susana especialmente anodina.

Los Hoodoo Gurus elevaron, aunque no mucho, el nivel. Esta banda australiana que oscila entre el power pop y un garage bastante oscuro, se decantaron por su primera faceta, y ejecutaron un concierto muy temperamental pero algo monótono y rutinario, y alejado de la extraordinaria personalidad que imprimen a sus discos. Pese a ello, oír una canción tan hermosa como Out That Door, su gran emblema, fue uno de los momentos más especiales del festival

Hoodoo Gurus ejecutaron un concierto muy temperamental pero algo monótono y rutinario.

De MC5, teniendo en cuenta que la formación tiene bastante poco que ver con la original y que los años no pasan en balde, poco hay que decir, simplemente que ni la presencia del colosal Handsome Dick Manitoba, de The Dictators, evitó la decepción y la sensación de dinosaúrico karaoke ambulante en que se ha convertido.

De The Answer, en cambio, sí hay muchas cosas que decir. Y la mayoría buenas. Empezando por su frontman, un perfecto híbrido entre Robert Plant y Chris Robinson, y siguiendo con las canciones que componen su brillante Rise, este jovencísimo grupo parece destinado a revitalizar el blues-rock más tradicional e incombustible, y en Vitoria, cerrando el Azkena 2007, dejaron un gran sabor de boca con una avalancha de riffs y alaridos y una solvencia escénica que, si afinan un poco más la composición de sus canciones y consiguen publicar un disco tan inapelable como por ejemplo el debut de the Darkness, promete convertirles en uno de los mejores grupos del momento.

En resumen, un bonito broche a un Azkena que volvió a brindar otro estimulante fin de semana a sus más leales asistentes.