El hispanista Ian Gibson retrata ampliamente en su última obra a Ramón Ruiz Alonso, tipógrafo y político ultraderechista, considerado responsable de la detención de Federico García Lorca y supuestamente relacionado con la denuncia que motivaría el fusilamiento del poeta granadino.

Con el libro "El hombre que detuvo a García Lorca" (Aguilar), que se publicará el próximo 12 de septiembre, Gibson, experto conocedor de la producción y la vida de Federico, pretende además poner "punto y final" a sus estudios sobre la muerte del artista.

Aunque no es la primera vez que trata al que puede considerarse "verdugo" del dramaturgo granadino, con su último libro el escritor ha querido reunir y ordenar el material que aglutinaba en su archivo y centrarse en la trayectoria de un hombre "absolutamente fundamental en lo que pasó con el poeta".

En su obra, Gibson describe a un Ruiz Alonso que llega a Granada en 1932 para trabajar como tipógrafo y como propagandista y que se convertiría pronto en una influyente personalidad, cuya fama fue más allá de la provincia, después de conseguir un escaño como diputado en la lista de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA).

Según el hispanista, este ultraderechista, perteneciente a una familia de clase media venida a menos y al que llamaron "el obrero amaestrado", llegó a Granada cargado de "resentimiento y odio".

"Era un maniqueo radical, para quien todos los socialistas eran diablos; fue un hombre violento, agresivo, que consideró a los rojos antiespañoles, puesto que sólo él y los suyos eran los auténticos", y con quien, añade Gibson, se cumplía al máximo la disyuntiva "o estás conmigo o estás contra mí".

En 1936 Ruiz Alonso perdió su escaño y desde entonces empezó a conspirar "contra una democracia a la que había llegado a odiar", para participar después en la represión de los republicanos de Granada, donde se produjeron miles de "feroces" fusilamientos.

Pero, como relata el hispanista en su nuevo libro, un episodio concreto lo catapultaría ante los ojos de la historia, puesto que este tipógrafo fue el responsable directo de la detención de Lorca y de trasladarlo hasta el Gobierno Civil.

Aunque Ruiz Alonso nunca negó haber participado en el arresto, que confesó al propio Gibson en una entrevista en 1967, sí se escudó siempre en que lo hizo "obedeciendo órdenes del gobernador civil de entonces".

No obstante, "la gran cuestión" radica en la denuncia que habría motivado su detención, de ahí que en esta nueva obra profundice en que ésta saldría "del seno de la CEDA y que hubo una implicación importante de Ruiz Alonso", aunque no se conozca el documento que la demuestre y él mismo negara "tajantemente" haber participado en ella.

Por homosexual y rojo

Según Gibson, el interés de acabar con la vida de Lorca radicaba no sólo en las envidias que despertaba por su amplísima fama y "puro genio", sino por su pública condición de rojo y homosexual.

Comenta incluso que se ordenó "dar café, mucho café" al poeta y que había quienes se jactaron incluso de haberle "metido dos balas en el culo, por maricón".

Aunque el propio régimen de Franco tildó de "accidental" la muerte del dramaturgo, atribuyéndolo a un "revuelo callejero", el hispanista considera que llegaron a consultar telefónicamente al general Gonzalo Queipo de Llano "para cubrirse las espaldas".

Gibson, al que le hubiera gustado contar con la versión de las hijas de Ruiz Alonso -tres de ellas las actrices Emma Penella, fallecida recientemente, Terele Pávez y Elisa Montes- retrata en su obra a un "fanático resentido", a un "fascista católico", interesado siempre en exponer su virilidad.

Cuando el propio ensayista le comentó que en Francia se rumoreaba que la muerte de Lorca fue la consecuencia de una riña entre homosexuales entre los que estaba él, le comentó con ira que le mandaran a las hijas y mujeres de quienes decían eso para demostrar su hombría.