BIO Nació hace 26 años en A Coruña. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas. Su padre, su hermano y su novio también juegan al póker.

Ni humo ni whisky ni mafias. El póker ya no es un vicio ruinoso, sino un deporte de estrategia. Eso dice la primera mujer que gana un torneo del Campeonato de España, la gallega María Maceiras. Vestida de negro, sólo iluminada por su tremenda sonrisa, explicó ayer a 20 minutos que en la mesa de juego ya no queda ni pizca de machismo.

Felicidades, en el torneo de Peralada ha hecho historia...

Estoy orgullosa, pero me considero una novata. En España hay profesionales que me dan mil vueltas y que me enseñan mucho.

¿Cuándo empezó a jugar?

Me enseñó mi padre a los seis años, tras haber visto El golpe, pero hasta hace dos no me hice profesional.

¿Cómo dio ese paso?

Jugaba on line sin apostar dinero en la web www.everestpoker.com, donde gané entradas para participar en un campeonato. Y tras vencer en un torneo femenino, Everest me fichó para su equipo.

¿Qué le apasiona del póker?

Todo. Estoy viajando y conociendo a gente, pero lo que más me gusta es la adrenalina, la tensión, los nervios...

Es muy intenso...

Sí, es el juego de cartas más completo y emocionante. Se necesita estrategia, estadística, habilidad, psicología, fortaleza y mucha adrenalina.

¿Las cartas deciden?

Lo de menos son las cartas. Se juega con ellas, pero sobre todo con las personas. Hay que ser buen actor y lector para jugar al póker. La clave es no mover ni un músculo.

¿Juega con gafas de sol?

Sí, si la iluminación es buena. Así puedo fijarme en los jugadores sin ser vista.

¿Se le dan bien los faroles?

Sí, las chicas solemos tener un estilo más conservador, pero yo lo estoy masculinizando. Juego con malas cartas y me tiro a la piscina. A los hombres les sorprende mi juego más agresivo.

¿Hay machismo en el tapete?

No, hay mucha gente joven que está deseando ver chicas.

¿El cine refleja bien el póker?

No, nos hace mucho daño. Queda muy lejos lo de arruinarse o apostarse el coche. Ahora es un deporte en el que se prohíbe fumar. Se necesita resistencia física y psíquica para jugar 10 horas diarias.