La droguería que abastece tras la guerra
José Luis Blanco alimenta a los pájaros que tiene colgados a la entrada de su negocio, Droguería Alfonso.(U. E.)
A la Droguería Alfonso se entra con el parqué de casa sin brillo, y se sale con el abrillantador adecuado, un obsequio de perfume en la solapa, una cháchara amena y una educación inusitada. «Majete, rey mío, señor, señora, pocholo». Así apela a su clientela el dueño de Droguería Alfonso, en la calle María Díaz de Haro de Bilbao.

Es José Luis Blanco. Blanco como su bigote rizado en la punta. Blanco como su bata impecable y blanco como queda el atuendo cuando uno utiliza su quitamanchas.

«Porque aquí, señor, damos asesoramiento y calidad», explica. Sí, Droguería Alfonso es de esos comercios; de los que ya no hay.

Ofrece brochas de afeitado de entre 3 y 50 euros, diez marcas de raticidas, siete de antipolillas o una cera de elaboración propia para embellecer los muebles.

«Dígame, rey», dice José Luis. «Quiero un abrillantador para el parqué de mi casa, pero que no patine», solicita el cliente recién llegado. «Échele Pronto y cera con antideslizante, con el modo de que no patine», aconseja el refinado droguero, de piel bronceada y rigurosa corbata. Como la mañana es tranquila, el cliente echa mano a una anécdota de la mili, y un indecoroso patinazo del capitán Garellano.

Droguería Alfonso es un consultorio. «Oiga, que los bichos se comen mis tomates». «Hijo, que no sé qué hacer con las polillas». «Busco una loción de afeitado de buen olor».

«Tuve al mejor maestro: mi padre». Alfonso Blanco abrió la droguería en 1940. En el Bilbao de la posguerra, los productos no llegaban a la ciudad, y menos a María Díaz de Haro, las afueras de la capital. «Así que vendíamos insecticidas, barnices, betún en cajas de peseta y media, jabón a granel, arena y pintura, disolvente y aguarrás...», recuerda el droguero.

Tiene 61 años y sus hijos no continuarán con el negocio. Pero ama su oficio, y le quedan grandes consejos que ofrecer: «Pruebe el veneno azul para la humedad que se fomenta en los tomates».

Los pájaros del droguero

«José Luis, ¿cuando yo me muera, cuidará usted de mis pájaros?». «Por supuesto, señora». Y así fue. Hoy el canto de las aves dan la bienvenida a Droguería Alfonso. La clienta y vecina de José Luis Blanco falleció, y hoy él se hace cargo de sus mascotas. Les ofrece pedacitos de manzana y les protege. Un cartel en la jaula pide al transeúnte que no les moleste. El droguero se jacta de estos cuidados que hoy no ofrecen las grandes superficies. Al marchar, el cliente estira el pecho. José Luis le acicala con un perfume. «Y descuide: tiene una fijación 24 horas».

Su historia

Nombre del comercio: Droguería Perfumería Alfonso.

Año de fundación: 1940.

Productos a la venta: Colonias, cepillos, brochas, esmaltes, artículos de limpieza, semillas, regalos, insecticidas...

Dirección: María Díaz de Haro, 52. Bilbao.