Los grabados de Rembrandt, en blanco y negro y casi fotográficos

  • Una exposición en Bruselas desvela la faceta instanténea, doméstica y cercana de la espléndida obra gráfica del holandés Rembrandt van Rijn (1606-1669).
  • Aunque la historia ha colocado al artista en la cúspide de la pintura del siglo XVII, en su tiempo fue más famoso y estimado como dibujante y grabador.
  • 'Rembrandt en blanco y negro' muestra el 'talento fotográfico' de un maestro en el uso de la luz y la humanización de los personajes, que parecían mortales y no dioses.
Grabado de Adán y Eva de Rembrandt
Grabado de Adán y Eva de Rembrandt
© Stichting Rembrandt op Reis

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669), a quien, como a todos los grandes líderes o genios, y acaso porque los queremos conservar cerca, como a buenos amigos, conocemos solo por su nombre de pila, es considerado con práctica unanimidad como uno de los artistas más deslumbrantes del siglo XVII y, sin duda, como el maestro indiscutible de la edad de oro de la pintura holandesa y, como queda escrito en numerosas historias del arte, "uno de los profetas de la civilización".

Esta consideración, sin embargo, no es la misma que tenían sus contemporáneos, que le consideraban un hereje antiacadémico —sobre todo los demás pintores, por pura y simple envidia— y una persona disoluta con una complicada y licenciosa vida sentimental y costumbres manirrotas. En su tiempo Rembrandt era admirado sobre todo por la excelencia de sus dibujos y grabados, que alcanzaron un notable éxito y enorme difusión.

Ajenos a la condición de dioses

Rembrandt en Noir & Blanc (Rembrandt en blanco y negro), una exposición del Centro de Bellas Artes BOZAR, el más importante de los museos públicos de Bruselas (Bélgica), demuestra por qué los grabados del artista, frescos, domésticos, cercanos y con personajes humanizados ajenos a la condición de dioses o mitos clásicos, encandilaban al público.

Con 85 grabados originales de los fondos propios de la pinacoteca, la antología, en cartel hasta el 29 de mayo, despliega el lado que hoy resulta menos familiar porque el mundo guarda en la retina colectiva óleos como La lección de anatomía, que pintó a los 26 años, y La ronda de noche —que concluyó una década más tarde—.

El primer director de fotografía

Ambas son pinturas corales, narrativas, con una composición impecable, un finísimo sentido del movimiento y un juego de luz y sombra que les otorga una condición cinética. Vistas desde el presente ambas obras permiten decir que Rembrandt fue el primer director de fotografía de la historia muchísimo antes de que el cine fuese siquiera una posibilidad en las mentes más imaginativas.

Para el pintor el fin último del arte, más allá de línea y el color, era la "poesía". Esa misma creencia —"sin una atmósfera la pintura no es nada", decía también para fijar sus objetivos con claridad— le llevó al grabado como método rápido, casi instantáneo y, como dicen desde el museo, prefotográfico, para ilustrar ambientes, sensaciones y estados de ánimo. Para Rembrandt el grabado no era un mero vehículo para los estudios preliminares para un óleo, sino una "disciplina artística por derecho propio".

A precios razonables

La fácil distribución de gran número de copias y a precios razonables de estas obras en apariencia secundarias convirtió al pintor en un ídolo de masas en su tiempo. La reputación de Rembrandt como artista se asentaba en la exquisita belleza y la enorme sensibilidad de sus grabados, anotan los organizadores de la exposición.

La colección que muestra el BOZAR permite constatar que los temas eran para Rembrandt tan amplios y diversos como la vida: desde alegorías bíblicas a escenas de la vida diaria; desde un campesin0 a un desnudo femenino; desde autorretratos a los paisajes... Entre las obras más conocidas de la exposición están el Grabado de cien florines, con Cristo hablando a sus fieles —está datado en torno a 1648 y el título añade retranca a la obra, dado que se refiere al precio que el artista recibió al venderla—; el delicado autorretrato Rembrandt apoyado en un muro (1639), y la panorámica Vista de Ámsterdam (1640-1641).

'Sentido de la oportunidad'

"¿Qué hace que estos grabados sean tan especiales?", formulan como pregunta los organizadores. Las respuestas son varias y se entrecruzan: el "talento fotográfico" del artista muchos años antes de que existiese la técnica, y su "sentido de la oportunidad y capacidad de observación", que transforman cada grabado "en una especie de instantánea del momento perfecto, justo antes o después de la acción".

Sobre todo, Rembrandt no estaba interesado en los cuerpos idealizados, sino en mostrar a seres humanos con los que el espectador pudiera familiarizarse. Esta condición de artista del pueblo es notable en Adán y Eva  (1638), donde los personajes bíblicos son de carne y hueso: con redondeces y gorduras y con angustia y miedo en los gestos.

Como valor añadido a tener en cuenta, finalizan desde el museo, estamos ante obras en las que sólo participó el maestro. Si en los lienzos de grandes dimensiones podía contar con la ayuda de alumnos de su taller para labores secundarios, en las pequeñas planchas de grabado sólo cabían sus manos. Cada huella que vemos en las obras es de Rembrandt.

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