Josep M. Àlvarez
Josep M. Àlvarez, secretario general de UGT. GTRES

Los cambios de la nueva política van más allá de la mera política. Salvo Rajoy —ya veremos por cuanto tiempo—, de la Jefatura del Estado para abajo no queda ningún líder en su sitio. En estos años no solo asistimos a un masivo relevo en los partidos: también ha cambiado el rey, los directores de los grandes periódicos, los presidentes de las cámaras de comercio, el de la Conferencia Episcopal... La marea llega ya a los sindicatos: Josep Maria Àlvarez sustituye en la secretaria general de UGT a Cándido Méndez, que llevaba veintidós años en el cargo. No puede decirse que la juventud venga empujando, en este caso. El nuevo secretario general peina canas, incluidas las del bigote, tiene solo cuatro años menos que Méndez y lleva más de veinticinco al frente de la UGT catalana. No es un cambio generacional, desde luego, pero sí pueda advertirse una modernización del discurso, más sensible hacia el que nació en el 15M y maceró en los movimientos de  indignados: "Queremos ser la voz de los que pierden su trabajo, de los desalojados de sus casas, de los que no llegan a fin de mes. Queremos ser la voz de los sin voz".

El nuevo secretario general de UGT es también sensible a los cambios que se están viviendo en Cataluña: frente al criterio oficial del PSC-PSOE, donde milita, es confeso partidario del derecho a decidir. Aunque matiza que es "para quedarse en España", que lo importante es "tender puentes" y "reconocernos como somos", en ocasiones ha hecho declaraciones fronterizas con el independentismo puro y duro:

"Nadie puede discutir la viabilidad de un Estado como Cataluña —decía en 2013, entrevistado por Ara—. La nación catalana puede subsistir. El actual estatus no sirve, el proceso estatutario está absolutamente superado por la historia y, por tanto, Cataluña necesita una relación con España negociada y acordada o... coger y marcharse".

Domina la lengua catalana, que habla y escribe con corrección, y cuando habla en castellano su acento es catalán, aunque no siempre; a veces asoma el deje de Asturias, su tierra de origen. Con su nombre pasa lo mismo. Firma su blog como Josep M. Àlvarez y la prensa insiste estos días en el 'Josep Maria', quizá por subrayar la catalanidad, pero en infinidad de documentos e informaciones aparece sin la pe y muchos compañeros del metal lo llaman 'Pepe Álvarez', sin más. Él no hace ascos a ninguna de las tres denominaciones, síntesis de su propia realidad vital.

Nació en el concejo asturiano de Belmonte de Miranda, que mucho antes de dar al mundo sindicalistas catalanes fue lugar de paso de romanos, y con 19 años se marchó a Barcelona. Nada más llegar, el año que murió Franco, se apuntó  a la UGT. En 1990, tras cruentas broncas internas y una huelga general contra Felipe González, el 14D de 1988, accedió a la secretaria de UGT de Catalunya. Toda su vida, hasta un reciente ERE que propició su jubilación anticipada, ha sido empleado de la empresa Alstom.

Su fama de duro es tan fundada como la de habilidoso para el pacto. Es pragmático, exigente, resolutivo y no le gusta dejar para el día siguiente la solución a los problemas. Casado, sin hijos, no tiene otras aficiones conocidas que las derivadas de su actividad sindical. Como mucho, aprovechar el verano para irse unos días a Canarias o a su pueblo, donde en 2012 le pidieron que diera el pregón de las fiestas. Allí no lo llaman Pepe ni Josep María: para ellos es José Álvarez  Suárez, con dos apellidos a los que añaden entre paréntesis un elemento más que lo mismo puede ser mote familiar que referencia a su aldea de origen: Alvariza.

Josep María Álvarez Suárez

  • Belmonte de Miranda, Principado de Asturias, 1956.
  • Trabajador prejubilado de la empresa Alstom.
  • Secretario general de la UGT de Catalunya desde 1990.
  • Secretario general de la UGT.