Lactancia después de los dos años
Marietta Herencias, de 33 años, con su hija tomando teta, en una plaza pública, en Madrid. JORGE PARÍS

Cuando esta joven abogada sale de la multinacional para la que trabaja y abre la puerta de su casa, un día cualquiera, a eso de las tres de la tarde, dentro hay una niña que deja lo que está haciendo para salir corriendo a darle un gran abrazo de bienvenida. Y lo primero que pide es "tetita".

Después de unos minutos de fusión materna la pequeña se queda dormida. Al despertar de la siesta también lo primero que pide es "tetita". Depende de la tarde toca ir a baile, a la piscina o al parque. Por la noche, cenará en compañía de sus padres. Y de postre pedirá otra ración de eso que solo su madre puede darle.

"En un día normal toma teta tres o cuatro veces, algo más si es fin de semana y me tiene a mano", explica Marietta Herencias (33 años). Su hija cumplirá en junio los tres años y, a día de hoy, ninguna de las dos ha encontrado motivos para el destete.

"Ahora que su vida ya no depende exclusivamente de mi leche, aunque evidentemente le sigue dando alimento, le reconforta. Pero es que además, a mí me da mucho placer", confiesa Marietta. Ni ella misma imaginó una lactancia tan duradera. Sobre todo, porque sus inicios en la materia no fueron precisamente fáciles.

La gente me decía: 'La niña te está usando, ya va siendo hora de dejarlo'. Es bastante frustranteCuando nació su hija no se enganchaba correctamente al pecho y pensó que no producía la suficiente leche. "Pero me sacaba lo poco que podía y cada vez que la niña tomaba yo se lo completaba con una jeringuilla. Fue durísimo, las tomas eran infinitas". Nunca pensó en desistir. Ni siquiera cuando un pediatra, a los siete días del parto, le recomendó dar el salto a la leche artificial. Buscó información y asesoría fuera de la consulta, perseveró y ambas lograron engancharse satisfactoriamente.

"Finalmente lo conseguimos. Me sentí poderosa por estar alimentando a mi hija con mis pechos", dice con orgullo.

Las voces de su entorno familiar salieron en tromba a celebrar la lactancia materna normalizada. "¡Maravilloso!" recuerda que le dijeron al ver que podía amamantar sin sufrimiento. Pero cuando su hija cumplió el año, algunas de esas mismas voces fueron las primeras en cuestionar que siguiera dando de mamar.

"La gente me decía: ‘La niña te está usando, ya va siendo hora de dejarlo’. Fue bastante frustrante. ¿Por qué todo el mundo cree que sabe de todo? Aquí todos somos médicos, todos somos abogados y todos sabemos de niños", se indigna. Pero no solo su familia opinaba sobre la hora del destete, también se lo soltó una enfermera durante una visita a urgencias.

La postura de la Organización Mundial de la Salud

La máxima autoridad sanitaria, la OMS, recomienda expresamente "que las madres inicien la lactancia durante la hora siguiente al parto y la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses. Además, la lactancia materna debe continuar hasta o más allá de los 2 años de edad". "Hasta o más allá", porque pasados los dos años recomienda que se mantenga hasta que la madre y el hijo así lo quieran.

La constatación de que en España también existen reticencias hacia los niños mayores lactantes ha llevado a la Asociación Española de Pediatría —que aglutina a 9.000 pediatras— a editar una guía específica sobre la conocida como "lactancia prolongada".

Los pediatras españoles aseguran que los niños mayores que toman pecho presentan "una menor incidencia de infecciones que sus coetáneos que no son amamantados" La guía reconoce que es "algo habitual y cotidiano" en otras culturas, pero "relativamente poco frecuente en los países occidentales". Por ese motivo, denuncian, en España "las madres que deciden seguir amamantando a niños mayores encuentran en ocasiones barreras o rechazo en la sociedad, entre los profesionales sanitarios e incluso dentro de su propia familia, basadas en mitos o creencias personales".

Los pediatras explican que, según estudios antropológicos.  el destete humano natural se produce entre los 2 y medio y los siete años de edad. También aseguran que la leche materna no pierde propiedades con el paso del tiempo.Al contrario. "A partir del primer año de lactancia, la cantidad de grasa en la leche aumenta con respecto a los primeros meses".

La guía describe que los niños mayores que toman pecho presentan "una menor incidencia de infecciones para su edad que sus coetáneos que no son amamantados". Asimismo, "la duración de la lactancia materna también está implicada en un mejor desarrollo emocional y psicosocial del niño". La AEP halla ventajas también para las madres: "A más tiempo total de lactancia, menor riesgo de diabetes tipo 2 , cáncer de mama, cáncer de ovario, hipertensión e infarto de miocardio".

Marietta sitúa el origen de las críticas a la lactancia que ella practica en que se ha producido "una ruptura en la cadena de transmisión de información entre generaciones, ya que muchas de nuestras madres no han dado el pecho, o lo han hecho durante poco tiempo, porque fueron los años del ‘boom’ de la leche artificial, de la liberación de la mujer". Ella, que ha leído casi toda la literatura científica y los argumentos de los defensores de la lactancia artificial, ha llegado a la conclusión de que "hay que aprender a ser respetuoso con las elecciones de cada cual, sin juzgarlas".

"Cada madre tiene que hacer lo que piense que es mejor para sus hijos, de un modo natural, lo que le salga", insiste. "Si ya ser madre te pone ante una cantidad de retos que todas somos unas campeonas".

Desmontando prejuicios

La hija de Marietta está acostumbrada a mamar en espacios públicos, otro de los tabúes de la lactancia que cada cierto tiempo desata las protestas de las madres, algunas de las cuales se ven rechazadas en instalaciones públicas y privadas (museos, piscinas y centros comerciales) por un decoro mal entendido.

"Mi nena toma teta en las tiendas, en las terrazas, en el parque, donde nos pille", dice esta madre. Por este motivo son objeto de miradas curiosas, que no llegan a cohibir. "La única vez que me sentí escrutada fue, sorprendentemente, un verano cuando mi hija tenía solo dos meses y le estaba dando la teta en la playa. Un corrillo de señoras parecía que me lo afeaba. ¡En la playa!", se admira. Después, nunca nadie le ha dicho nada a la cara. "Si acaso una mirada furtiva de curiosidad, otra de admiración, alguna de rechazo… sí, tal vez, pero lo asumo. Es como si llevara un sombrero que no les gusta, es parte de nuestro estilo de vida".

Marietta ha participado recientemente en en un seminario con personal sanitario en un hospital que aspira a obtener el sello de 'Amigo de los Niños'. Hasta los profesionales reconocen su desconocimiento y tienen tabúes. En la sesión les contó cómo lo viven ella y su hija, respondiendo a las dudas que plantearon. Sin esquivar un solo dardo.

Mis pechos son cosas diferentes dependiendo de cada momento, Son poderosos. Con mi hija son una fuente de alimento, cariño y consuelo Tal vez lo más polémico se refiera a la concepción social de los pechos de la mujer como un objeto sexual. Para Marietta, sus senos tienen más funciones que esa. "Dependiendo de cada momento, son poderosos. Con mi hija, por ejemplo, son una fuente de alimento, de cariño y de consuelo". En alguna ocasión amamantar produce a las mujeres cierta excitación sexual por la estimulación del pezón, explica. "Pero es una sensación que se pasa. Es el tabú de la sexualidad lo que tergiversa las situaciones. En la medida en la que tú estés conectada a tu cuerpo y no le eches culpas, somos humanos. Las excitaciones se pueden producir de múltiples maneras, hay que saber manejarlas. Es exclusivamente eso".

Hay quien percibe "egoísmo" en las madres siguen amamantando, como si hubiera resitencia a perder el vínculo. Marietta opina que las mujeres que dan el biberón a sus hijos "aspiran a mantener el mismo vínculo amoroso con los bebés" que ella. "Es algo independiente de lactancias o biberones. El vínculo es maravilloso". Marietta dice que su marido y su hija están igual de vinculados. "Ella se va siempre a dormir con él, desde los dos meses y el momento del baño es principalmente de ellos dos. Son uña y carne. Y el papá siempre ha proporcionado el entorno seguro para la lactancia con su apoyo ilimitado. Somos un equipo", prosigue. "Y mi hija está encantada. No es algo que yo haya forzado. Si un niño no quiere tomar teta no se le puede obligar, eso cualquiera lo sabe".

Otra de las percepciones que no sostiene la evidencia científica es la falta de auntonomía de los niños de teta. En este caso, los padres, los familiares y la cuidadora consideran a la hija de Marietta una niña muy independiente. "Duerme en su cama, en su propio cuarto, desde que ella lo quiso. Y un día dijo que se quitaba el pañal y se lo quitó. No nos tenemos que escandalizar. Ni  todos los niños se quitan el pañal a la vez, ni todos dejan la teta a la vez". Y cuando su madre ha tenido que salir de viaje, un par de días, lo llevó bien. "Es una tía segura”, zanja.

Marietta sigue sin saber cuándo se producirá el destete definitivo. "Antes me decía, venga hasta el año, pero no es que sea algo excesivamente intenso. Succiona tan bien y está a penas dos minutillos. Es un momento que disfrutamos las dos al 100%. Estás relajada y es muy satisfactorio", describe.

La pequeña lactante no acepta entrevistas de periodistas, pero su madre le preguntó hace unos meses que a qué le sabía la leche de teta. Su respuesta fue: "A contento". A ella le hizo mucha gracia que la pequeña no se refiriese a un sabor sino a un sentimiento. "Los niños te dan la clave, a ella le sabe 'a contento' y a mí es lo que me vale", concluye.