Masaje en la cara
El masaje ha de darse lentamente y durante más de 25 minutos. (ARCHIVO). ARCHIVO

Que la cara es el espejo del alma lo sabemos todos, lo que no sabemos es que en la cara se manifiestan todos los malestares y también todas las satisfacciones de la vida, y que esto se debe a que la cara tiene tantos puntos de placer como el resto del cuerpo, por eso un buen masaje en la cara es tan excitante y gratificante como uno dado en el resto del cuerpo.

Es como si en la cara estuvieran todas las llaves para abrir todas las puertas del placer corporal. La duración es muy importante para que este masaje desarrolle todos sus potenciales es necesario darlo pausadamente y durante más de 25 minutos. Si no se tiene tiempo es mejor no hacerlo porque el efecto producido es negativo.

El aceite que usaremos es una cucharadita de aceite de sésamo en la que agregaremos una gota de aceite esencial de ylang ylang y una gota de aceite esencial de cáscara de naranja dulce todo bien mezclado en un platito. Los hombres suelen considerar demasiado dulzón o femenino el aceite de ylang ylang y no quieren salir a la calle llevando ese olor en la piel; eso no significa que tengan que prescindir de los efectos afrodisíacos de esa flor, si le añades una gota de aceite esencial de limón enmascararás todos los olores pero no sus beneficiosos efectos.

Coloca a tu pareja boca arriba y tú sitúate detrás de su cabeza, quítale gafas, pendientes, cadenas o collares, pon una almohada plana debajo de la cabeza y otra bajo las piernas a la altura de las rodillas. Cubre el cuerpo con una mantita si siente frío porque recuerda que es bueno que ambos estéis desnudos. Si notas que tiene los pies fríos envuélvelos en una manta.

Pídele que cierre los ojos

Pídele que cierre los ojos y si os gusta pon en marcha una música suave, baja la intensidad de la luz y comienza con un beso en la frente. Vamos a realizar un masaje muy lento y suave. Remójate ambos pulgares con un poco del aceite que has preparado apoya ambos pulgares en le centro de la frente, un poco por encima del entrecejo. Los dedos y las palmas de las mangas descansan a ambos lados de la cabeza.

Partiendo de esta posición separaremos los pulgares lentamente hacia las sienes, hasta casi rozar el nacimiento del cabello y presionando ligeramente. Repite este movimiento empezando un poco más arriba cada vez, rozando la piel también durante el recorrido de retorno desde las sienes hacia en entrecejo. El último pase debe prolongarse hasta el mismo arranque de las cejas y un poco más abajo.

De nuevo humedece las yemas de los pulgares con un poco de aceite y recorremos las mejillas de forma parecida a la que acabamos de describir empezando en el borde interno de las órbitas para friccionar hacia los lados y hasta el nacimiento del cabello. La segunda vez empezaremos un poco más abajo y pasamos sobre los pómulos también hasta casi llegar el cuero cabelludo. Y así proseguimos, cada vez un poco más abajo, hasta que hayamos tratado toda la superficie de las mejillas.

Paso a paso

También efectuaremos un par de pases empezando en el interior de las órbitas y hasta las aletas de la nariz, poniendo cuidado en no cerrar las aletas de la nariz. Para los maseteros (los músculos que cierran las mandíbulas) usaremos todas las yemas de los dedos, unidos y extendidos. Busca en la parte posterior de la mejilla la pequeña depresión ósea correspondiente a la articulación de la mandíbula y pídele a tu pareja que abra un poco la boca, y aplica una menuda y suave rotación presionando después con un poco más de energía.

Resbala los dedos por la mandíbula inferior hacia el mentón, humedece de nuevo los pulgares en el aceite, toma la cabeza con ambas manos y repite el masaje anterior una o dos veces sobre la mejillas y un par de veces entre la base de la nariz y el labio superior. Apoya ahora los pulgares en la punta de la barbilla y aplica una presión un poco más fuerte con movimientos dirigidos del mentón a las orejas, tres veces.

Con las yemas de los dedos actuando con más fuerza describimos pequeños círculos recorriendo la mandíbula, empezando con ambas manos apoyadas sobre el mentón y separándolas poco a poco, progresando suavemente hacia los lóbulos de las orejas, poco antes de llegar a estos nos detendremos y volveremos hasta el mentón haciendo el recorrido en sentido inverso. Repite de nuevo el movimiento subiendo un poco hacia las orejas, repite los dos movimientos tres veces. Ahora la cara está totalmente relajada, toma el labio inferior entre el pulgar y en índice de la mano derecha, muévelo suavemente con todo el deseo sexual de que seas capaz, después tómalo con tu boca y succiónalo suavemente. Lo que pase después despende de la intención.

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