En las puntuaciones que el Comité Olímpico Internacional (COI) dio a los proyectos de cada candidatura olímpica en la preselección de mayo del año pasado, Madrid obtuvo una de sus peores notas en seguridad. En este apartado, la capital española, con una horquilla entre 6,4 y 7,4 puntos, quedó por detrás de París (entre 7,3 y 8,3) y Londres (de 6,7 a 7,7).

En estos meses, la oficina madrileña ha trabajado mucho para pulir y mejorar este aspecto. Tanto, que mañana mismo, cuando la comisión de evaluación del COI inicie su tarea de inspección, será el propio ministro del Interior, José Antonio Alonso, el que explique un dispositivo que contará con 62.000 agentes para intentar garantizar unos Juegos sin sustos.

La organización de la estructura de seguridad será muy parecida a la que ya funcionó con éxito en Barcelona, en 1992, cuando 45.000 personas trabajaron con éxito en este empeño.
Serán 35.000 policías, entre municipales, nacionales y guardias civiles; 6.000 militares, 9.000 vigilantes privados, 5.000 voluntarios y 7.000 efectivos de Emergencias.

La estructura se implantará en tres fases, una vez sea elegida Madrid como sede definitiva de los Juegos. Una primera de planificación, hasta  el año 2009. Otra de implantación, antes de los Juegos. Y una última operativa, durante las competiciones.
El plan de seguridad tendrá un presupuesto de 550 millones de euros, de los que el 80% los aportará el Gobierno central. Las principales amenazas que tendrá que afrontar este dispositivo, según el dossier de la candidatura, son dos: el terrorismo de ETA y la amenaza de atentados de grupos radicales islámicos, como el que Madrid sufrió el 11 de marzo de 2004.

En la oficina olímpica se entiende como muy importante que no ocurra ningún atentado en Madrid antes de la decisión final, en julio en Singapur.

La organización de la boda real, en mayo de 2004, en la que 23.000 agentes cuidaron de la seguridad del acontecimiento con éxito, es un buen precedente para las aspiraciones de la candidatura olímpica.

Un aviso para la candidatura

El aviso de bomba del pasado 12 de diciembre en el Bernabéu, que obligó a desalojar apresuradamente el estadio, sembró la duda sobre la gestión de la seguridad en un gran acontecimiento deportivo en Madrid. Precisamente, la solución adoptada y el civismo del público, unos 70.000 espectadores, para abandonar el recinto hablan muy bien de la capacidad de la capital ante una emergencia.