Las tropas francesas y españolas volvieron a verse las caras el sábado en Tierra de Campos. No fue cosa de magia sino gracias a los vecinos de la localidad palentina de Autilla del Pino, que pusieron en escena La entrada de Napoleón, una recreación histórica de la Guerra de la Independencia, de una parte de su pasado.

Lo cierto es que Napoleón no piso Autilla del Pino jamás.
Lo cierto es que no recuerdan ningún gran acontecimiento histórico -Napoléon no pisó en su vida Autilla del Pino- pero sí uno de esos sucesos que marcan a un pueblo; de esos que hacen tradición y que, por casualidad o esmero de alguien anónimo, quedó reflejado en un documento que data de 1813.

 

En él se cuenta que estando las tropas francesas asentadas a la orilla del río Carrión, era costumbre de sus soldados subir hasta Autilla del Pino para aprovisionarse de víveres. En una de esas incursiones, los franceses allanaron la iglesia y quemaron la imagen de la Virgen del Rosario.

Ante tal afrenta, la junta parroquial reunió fondos para comprar unas maderas y esculpir otra talla. No hubo enfrentamientos, ataques o batallas, pero desde entonces el pueblo celebró lo que dieron en llamar La Entrada de Napoleón.

37 años en el olvido
Más de 2.000 personas acudieron el sábado a Autilla para presenciar un estreno por todo lo alto. Aunque la Entrada de Napoleón se celebró durante décadas, la despoblación de los años 50 y 60 acabó relegándola al olvido hace exactamente 37 años.

El año pasado, el Ayuntamiento decidió recuperarla, reunión a sus vecinos y juntos se pusieron manos a la obra.

Se diseñó la representación, confeccionaron trajes y atrezo y se repartieron papeles: unos franceses y otros españoles; unos artillería y otros caballería o infantería.

En total más de 30 actores de los que sólo para nueve la representación de ayer no fue un estreno porque participaron en la última representación de 1970. Ellos interpretaron los papeles principales.

El estreno fue todo un éxito. Las tropas españolas derrotaron a las francesas a golpe de espadas sin filo y escopetas de cartón piedra. De rodillas, entre los vítores de los asistentes, pidieron clemencia y fueron expulsados del pueblo.

Y así, 37 años después, Autilla del Pino volvió a vengar la quema de su Virgen del Rosario.

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