Punto de encuentro y de recuento
Las madres esperan la llegada de sus hijos para regresar a casa tras una larga noche de trabajo J. S

La feria de Ceuta concluyó la pasada madrugada y con ella, el 'agosto' de muchas familias marroquíes que se desplazan al completo hasta la ciudad autónoma para hacer negocio con pequeños artículos entre los que se encuentran abanicos, collares, pulseras, etcétera.

Esta venta ambulante no se diferenciaría por nada a la de otras ferias españolas si no fuera porque está ejercida por menores de entre siete y diez años.

Se trata de una venta ambulante que nada tendría de diferente al de otras ferias si no fuera porque en la mayoría de las ocasiones es ejercida por menores de entre siete y diez años que envuelven sus manos en un manojo de collares, pulseras y llaveros que ofrecen a todo aquel que se cruza en su camino por el módico precio de un euro.

Una de estas pequeñas se acerca de madrugada a un grupo de jóvenes a los que en esta ocasión trata de vender un abanico. Se mueve con agilidad entre cientos de personas 'hacinadas' en una caseta de copas. Siempre lleva la cabeza alzada, buscando la mirada de esos jóvenes, medio metro más altos que ella, y de los que espera el euro a cambio de su abanico. Esta operación se repite cientos de veces a lo largo de cada una de las siete noches de feria.

Las madres recogen a sus hijos de la feria entrada la mañana para contar beneficios y regresar a Marruecos hasta la noche siguiente
A veces esta pequeña, tan sólo una representante de tantas, tiene suerte y topa con una sonrisa que le compra el abanico y quizás, también le invita a un botellín de agua que mitigue el calor que azota, impregnado de la humedad de levante, las noches de feria de este año.


Esta pequeña, que podría llamarse Fatima, Shaida o tal vez Iman, agota así las horas hasta que dan las 6.00 o las 7.00 horas, depende del día, y su madre acude a recogerla, a ella y a sus hermanos, antes de hacer cuentas de los beneficios que ese día, la familia se lleva al país vecino.

Hay quien trata de entender la necesidad de poner a trabajar a los niños, producto de la miseria que puede rodear a la familia. Hay quien asegura que nunca permitiría que sus hijos se hicieran adultos antes de tiempo y de esta manera. Y luego hay quien lo cuenta, quien lo escribe y deja que cada uno saque sus propias conclusiones.


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