En el aeropuerto de El Prat se vivieron momentos muy emotivos a la llegada de ocho de los 13 heridos en el Egipto
En el aeropuerto de El Prat se vivieron momentos muy emotivos a la llegada de ocho de los 13 heridos en el Egipto. (EFE)

Ocho de los turistas barceloneses que viajaban en el autobús que sufrió en Egipto un accidente, en el que murió una pasajera, llegaron anoche al aeropuerto de El Prat de Llobregat (Barcelona), todavía con el susto en el cuerpo aunque aliviados por haber regresado a casa.

Los turistas, la mayoría con vendajes que evidenciaban las heridas que sufrieron en el siniestro, han sido recibidos en el aeropuerto por sus familiares y la prensa, ante la que se han mostrado satisfechos por el trato recibido del consulado español y la agencia de viajes.

No obstante, los viajeros han criticado también las condiciones sanitarias de los hospitales egipcios en los que fueron atendidos tras el accidente y la demora de las ambulancias que debían trasladarlos a los centros sanitarios.

De los 37 turistas españoles que viajaban en el autobús, cuatro no pudieron regresar ayer a Madrid en este vuelo al no tener el alta médica de las heridas leves que sufren, al igual que una mujer, residente en Barcelona, Carmen Remírez, que se recupera en un hospital tras ser operada de una fractura abierta de tibia, y otros 17 que decidieron continuar con el viaje turístico.

El cuerpo de María Dolores será repatriado hoy

En el siniestro falleció María Dolores Sales, de 59 años, cuyo cadáver podría ser repatriado mañana a España según informaron fuentes del ministerio de Asuntos Exteriores, y otros tres ciudadanos egipcios: el conductor del autobús, el acompañante del camión y el guía.

En declaraciones a Efe Televisión, Andrés, uno de los turistas que llegaron a Barcelona, explicó que el guía fue de los primeros que murió en el accidente, y que fue él mismo el que rompió el cristal a golpes, lo que permitió salir a todos sus compañeros.

El viajero ha admitido que pasó "mucho miedo", pero afortunadamente los turistas pudieron abandonar el autobús con rapidez, pese al intenso humo que limitaba la visibilidad.