Ablación
Una adolescente acude al Hospital de Ouhahigouya junto a su prima y su abuela para someterse a la cirugía reparatoria del clítoris. FUNDACIÓN MUJERES FELICES

La mutilación genital femenina afecta a al menos 200 millones de niñas y mujeres en más de una treintena de países alrededor de todo el globo. Uno de ellos es Burkina Faso, donde un 72% de las mujeres sufren la ablación, según datos publicados por la Organización Mundial de Salud (OMS) en 2012. Estudios más recientes —publicados el pasado viernes por Unicef—, muestran que el 76% de las mujeres burkinesas de entre 15 y 49 años han sido mutiladas entre 2004 y 2015. Además, desde 2010 el 13% de las niñas menores de catorce también han sido víctimas de este mal. Al norte de Burkina Faso, en la región de Yatenga (cerca de la frontera con Mali), la ONG Española Fundación Mujeres Felices trabaja para que las mujeres del lugar puedan acceder a la cirugía reparatoria de la ablación sin coste alguno para ellas.

La mutilación genital femenina se practica, sobre todo, a niñas de entre cuatro y seis años de edad. Sin anestesia ni condiciones higiénicas de ningún tipo. La escisión se practica con una simple cuchilla. Las mujeres que se someten a esta práctica sufren a los largo de su vida múltiples problemas como infecciones recurrentes, complicaciones en partos, quistes, fístulas vesicales y múltiples episodios de dolor.

Imáginate que en tu noche de bodas tu marido te abre con una navaja para poder penetrarte

Además de las complicaciones fisiológicas, la ablación causa a estas mujeres diversos trastornos que les impiden desarrollar su vida social con normalidad. "Algunas no pueden contener la orina y huelen mal, lo que propicia que se conviertan en unas marginadas en sus poblados", explica Rafael Puertas, secretario de la Fundación Mujeres Felices.

En otros casos el acto sexual es extremadamente traumático para ellas ya sea por el dolor físico o directamente porque los efectos de la mutilación les impiden realizar el coito con normalidad. "Imáginate que en tu noche de bodas tu marido te abre con una navaja para poder penetrarte", cuenta Puertas. A su modo de ver, la mujer africana "aguanta carros y carretas" ya que, si es repudiada por el marido debido a una incapacidad para satisfacerle, toda la comunidad le da la espalda y "se queda en la calle". "Muchas tienen miedo de no estar a la altura de lo que se espera de ellas", cuenta.

Para aliviar el dolor físico y mental que sufren estas mujeres, la Fundación Mujeres Felices lleva desde 2013 promoviendo la cirugía reparatoria de la ablación en Burkina Faso. "Hemos realizado más de 70 operaciones desde que iniciamos la campaña, tenemos 36 víctimas en lista de espera. Algunas ya han realizado las pruebas preoperatorias y en cuanto nos den hora en el hospital procederemos a operar", explica Nacho Rodríguez, miembro de la fundación, sobre el desarrollo de la campaña.

Todas las intervenciones han sido realizadas en el Hospital de Ouhahigouya, de titularidad pública. El centro sanitario se encarga de proporcionar el quirófano y el capital humano necesario para llevar a cabo la operación. Sin embargo, carece de medios económicos para adquirir los materiales que permiten realizar la cirugía. Es ahí donde entra en acción la ONG, que se encarga de compar los materiales, cuyo precio suele rondar los 60 euros.

"Cambiar las mentalidades es lo más costoso"

En algunos casos hasta se puede volver a aflorar el clítoris y las mujeres vuelven a experimentar placer sexual

Puede parecer que 60 euros no es una aportación económica demasiado contundente, pero Rafael Puertas explica que tan importante como la operación es el trabajo previo de concienciación de las mujeres, que también conlleva costes. La Fundación Mujeres Felices, según cuenta Puertas, colabora con la organización humanitaria local Bibir, que se encarga de recorrer la región -en un lugar en el que apenas hay carreteras asfaltadas- de poblado en poblado para hacer saber a las mujeres que los problemas que sufren son derivados de la mutilación genital y no de "ningún tipo de maldición".

Puertas lo tiene claro: "Cambiar las mentalidades es lo más costoso". Además, el de Ouhahigouya es el único hospital en la zona, por lo que los cooperantes se tienen que encargar de trasladar a la mujer desde el poblado al hospital tantas veces como sea necesario para realizar las pruebas, la operación, y las revisiones pertinentes.

La mutilación genital es un asunto cultural que está muy arraigado en una gran parte de la población africana. Por ello, el trabajo de concienciación es tremendamente dificil e importante. Los colaboradores de la fundación se presentan en los poblados de noche -una vez que todo el mundo ha terminado su trabajo en el campo- y muestran a la gente del lugar televisores con vídeos que enseñan los problemas derivados de la ablación. "Al principio hay cierto escepticismo. Creen que la mutilación es buena, pero según avanza el encuentro van descubriendo que muchos de sus problemas se derivan de ella", dice Puertas.

“Mi hija fue mutilada a la edad de 5 años, desde unos meses más tarde hasta ahora, se pasaba más de una hora en el lavabo sin poder orinar. Yo creí que le habían hecho un hechizo. Después de asistir a una campaña de sensibilización, por fin comprendí que lo que mi hija sufría era una secuela de la mutilación.”, cuenta Porgo Salmata, madre de una niña mutilada cuyo testimonio recoge la Fundación Mujeres Felices en los materiales que utiliza para concienciar sobre los males de la ablación.

Estas mujeres ya no se lo van a hacer a sus hijas"Además, les decimos que tiene arreglo con una cirugía muy simple y que se la pagamos: se les abren las puertas del cielo", comenta el secretario de la fundación. Cuando estas mujeres vuelven al poblado y cuentan su experiencia, se convierten en las mejores publicistas de la cirugía. "Se acaban las infecciones, las fístulas y las pérdidas. En algunos casos hasta se puede volver a aflorar el clítoris y las mujeres vuelven a experimentar placer sexual", explica Puertas.

El cambio a mejor no es sólo para las mujeres afectadas por esta práctica. Toda la comunidad lo nota. En muchas ocasiones los maridos se muestran tan contentos como sus esposas por el cambio. Esta transormación de la mentalidad, además, tiene un efecto transgerenacional:"no se lo van a hacer a sus hijas", cuenta Puertas; que llega afirmar que en algunas comunidades de la frontera la forma de pensar ha cambiado tanto que, aquellos que quieren someter a sus hijas a la ablación, se ven obligados a desplazarse a Mali para hacerlo porque "están mal visto" en su población.