Paisaje azul, 1958
'Paisaje azul', de Marc Chagall © VEGAP, Madrid, 2016 - Chagall ®

Los responsables de la sala de arte madrileña de la Fundación Canal han transformado el espacio dedicado a las exposiciones para que el visitante pueda imaginar que entra en una sinagoga judía. Aunque no hay candelabro menorá, ni lámpara de luz eterna ner tamid, la reforma interna en espacios que quieren ser proyecciones de un atrio, un vestíbulo, una sala de oración, un sancta sanctorum y un cementerio tiene sentido dada la condición del artista visitante.

Llega a la ciudad March Chagall (1887-1985), el llamado Picasso judío, el pintor que se atrevió a hacer de la Biblia un libro mundano, tuvo la osadía de representar a Jesucristo crucificado como metáfora de la II Guerra Mundial y el exterminio —una imagen subversiva e impensable para los sionistas—, el artista que consideraba la creación "un estado del alma" sin posibilidad de victoria —"el arte es el esfuerzo incesante por competir con la belleza de las flores... sin triunfar jamás", decía—, el autor que nunca cupo en escuela alguna porque a todas las superaba...

Las litografías, 'un talismán'

La exposición Chagall: divino y humano, un título acaso demasiado manido para un creador tan complejo, llena Madrid de poesía interconfesional y color del 4 de febrero al 10 de abril. La entrada es libre y el contenido, amplio: un centenar de obras sobre papel. Aunque no están los óleos deslumbrantes y quebrados, de perspectivas caóticas y personajes o animales flotantes como Yo y el pueblo, París a través de la ventana o El novio y la novia sobre un gallo, las piezas de la muestra, xilografías, aguafuertes y litografías, a las que Chagall se acercaba como en una liturgia —"al sostener en la mano una piedra para litografía o una plancha de cobre pienso que toco un talismán"—, bastan para el pasmo del espectador.

Un pintor particular e insólito en el arte moderno Las obras de la exposición madrileña están teñidas de la religiosidad de un artista "particular e insólito en el arte moderno". Criado en la tradición jasídica, pero desapegado de dogmas, ningún otro pintor de su tiempo dedicó tanta constancia al tema religioso, que le preocupaba como "lenguaje universal" que supera las diferencias entre los credos y se convierte en un idioma interconfesional.

La Biblia, mundana; el mundo, religioso

"La Biblia es un drama mundano y el mundo una parábola religiosa", solía decir para explicar la forma profana que utilizó para representar escenas bíblicas y la trascendencia que inyectaba a personajes terrenales en los que veía un poso trágico cercano a la divinidad, en especial payasos, acróbatas y actores.

Escapó de los nazis en 1941 gracias a un periodista de los EE UU Era tal el convencimiento de que su obra era un visión mística que decía: "Como Cristo yo estoy crucificado, clavado con los clavos al caballete". Incluso en muchos de los panoramas parisinos que produjo convirtió edificios notables en crucifijos o imágenes de la Virgen María. Al contrario que gran parte de los artistas judíos, que eluden la representación de Jesucristo, Chagall presentía que era el más poderoso icono para mostrar la barbarie nazi, de la que escapó gracias a la ayuda de un periodista estadounidense que, en 1941, consiguió sacar al artista y su familia de la capital francesa, en la que se había refugiado.

Tres exilios

Fue el tercer exilio de Chagall. En 1910 se había marchado de Rusia para establecerse en París y mejorar como pintor, pero, preso de melancolía —su amada esposa y musa Bella Rosenfeld se había quedado en el pueblo natal bielorruso de Vitebsk junto a la única hija de la pareja— regresó a su patria en 1914. Las terribles hambrunas que siguieron a la I Guerra Mundial y el ambiente opresivo y peligroso del sistema bolchevique empujaron a la familia a emprender de nuevo el camino hacia la capital francesa, donde se establecieron en 1923.

La Biblia es, para mí, pura poesía (...) poesía comprometida Uno de los grupos de obra gráfica que se presentan en la Fundación Canal está dedicado, precisamente, a la Biblia, que ilustró con 66 litografías por un encargo en 1930 del marchante de arte y editor francés Ambroise Vollard. Consideraba el resultado como su obra maestra en papel y uno de los proyectos más profundos de cuantos había abordado. Estaba entusiasmado. "La Biblia es, para mí, pura poesía (...) poesía comprometida", declaró en alguna ocasión el primer pintor moderno que, como apuntó la crítica, "reconcilió" el arte con el gran texto religioso.

Viajó a España para ver a El Greco

Viajó a Palestina para captar de primera mano los escenarios y en 1934 se desplazó a España para ver en persona la obra de uno de sus ídolos, El Greco, cuyos éxtasis, contemplaciones y arrobos espirituales están presentes en la serie, que Chagall tardó casi 25 años en culminar por culpa de la muerte de Vollard y el sangriento paréntesis bélico.

Otra de las colecciones de obras de Chagall: divino y humano es la que había dedicado unos años antes, y también por encargo de Vollard, a la novela Las almas muertas, publicada en 1842 por el escritor ruso Nikolái Gógol. La obra, elegida por Chagall, es una reflexión desencantada de la tragedia de los siervos del imperio zarista, capaces de generar ganancias a unos desaprensivos que los hacen pasar por vivos a pesar de haber muerto para seguir cobrando por su mantenimiento como semiesclavos. La exposición presenta quince ilustraciones ácidas, casi caricaturescas, sobre la irracionalidad de una sociedad con funcionamiento feudal.

Huellas del cubismo, el fauvismo y el surrealismo "Cuando Matisse muera, de los pintores sobrevivientes Chagall será el único que entienda lo que es realmente el color", dijo en una ocasión Picasso. No le faltaba razón. Modernista, poético, maestro de la viveza de los colores y excéntrico en los temas, Chagall combinó la narrativa de su experiencia personal —la niñez en el rural bielorruso, la iconografía ortodoxa, las creencias y tradiciones de su familia judía— con un estilo desencajado donde hay huellas del cubismo, el fauvismo y el surrealismo pese a que hablamos de un artista con ninguna posibilidad de catalogación.