Astronauta
Un astronauta de la NASA. NASA

Un relicario cósmico y una onza de ceniza propulsada por combustible de hidracina hacia los confines solares. En realidad, un sueño, su última voluntad. El astrónomo Clyde W. Tombaugh ha sido el primero en sobrevolar el planeta enano que descubrió en 1930 a través de un reflejo borroso. Plutón contiene cerca del ecuador un 'corazón' helado que conocemos por las últimas fotografías; dibujan esta región las planicies y cordilleras de monóxido de carbono y nitrógeno fulgoroso.

En caso de estar vivo, habría llorado ante la silueta de ese corazón que en su honor lleva hoy su nombre. Lo hizo a bordo de la nave New Horizons que cruzó los límites del sistema solar, superando 50 millones de kilómetros, el 14 de julio de 2015. La nave y los restos mortales de Clyde continúan rumbo al cinturón de Kuiper, reino perdido de los planetas enanos y asteroides helados. Nadie había llegado tan lejos.

Si queremos que la humanidad subsista, tendremos que salir al espacio, porque algún día la Tierra será un lugar inhabitable Como Clyde, tenemos derecho a soñar... Un día nuestros descendientes se interpelarán del mismo modo que los primeros sapiens al cruzar los estrechos. Atrapados en la escafandra, con el núcleo de la tráquea cazado por la gravedad del misterio; puede que sobrevolando las ardientes nubes de ácido sulfúrico en Venus, o bajo la lluvia de metano en el Mar de Kraken en Titán, o repostando en una de las ochos lunas que orbitan al gigante de Júpiter.

¿Qué somos?, susurrarán. Qué ocurrirá en su psique, sin visión de la Tierra, sin cultura dominante, sin referencia... Solos frente a volcanes que se alzan en Marte tres veces por encima del Everest, cumbres que ante sus ojos amamantarán un cielo rosa-anaranjado, rasgadas las calderas rojizas de hierro por esas nubes de dióxido amarillento que zozobran en una atmósfera hipnótica e irrespirable. Y entonces el primer llanto del primer niño marciano...

¿Qué seremos?, musitará la madre marciana de este sueño protegida –aún no sabemos cómo– de la radiación de partículas que azotará su insignificancia. ¿Somos exploradores? ¿Hijos de esa mota azul suspendida en este universo inalcanzable? ¿Materia estelar consciente?, como apunta Josep Maria Trigo, director del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC).

"Si queremos que la humanidad subsista, tendremos que salir al espacio, porque algún día la Tierra será un lugar inhabitable por motivos naturales, si no la destruimos antes", apunta Ignasi Ribas, astrofísico del Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC. Esta es la promesa...
2015 ha sido un año de presagios galácticos.

Un año muy mediático

2015 ha sido un año de presagios galácticos. Hemos conocido Plutón, astro expulsado por pequeño en los libros de texto de nuestro sistema planetario, y del que solo disponíamos de una imagen borrosa. Ahora lo conocemos con una precisión fotográfica inaudita. Tenemos los mapas de los que carecieron Ibn Batuta o Colón gracias a la sonda New Horizons. Nos hemos posado sobre un cometa de apellido ucranio-soviético (Churiúmov-Guerasimenko) y encontrado en él, gracias a la misión Rosetta de la Agencia Europea Espacial (ESA), compuestos precursores de la vida, además de agua con antiquísimos "sabores" y algo de oxígeno "tataraprehistórico". La sonda Dawn ha indagado en nuestros orígenes en el excéntrico planeta enano de Ceres.

Hemos confirmado la existencia de agua salobre líquida en Marte –más promesas de vida–, y aseguran de que estamos cerca de confirmar la última teoría de Einstein, dictada hace un siglo, las ondas gravitacionales del espacio-tiempo. La ESA ha lanzado el satélite Lisa Pathfinder para confirmarlo. No es extraño que nosotros, hijos de los homínidos exploradores, curiosos, soñadores, crédulos... al ver lo lejos que ha llegado una onza del cuerpo calcinado de Tombaugh tengamos la impresión –el sueño– de que se acerca la Era de los Navegantes.

El espacio es "un territorio de promesas incumplidas", nos recuerda el director del Planetario de Pamplona, Javier Armentia. "Desde niño he escuchado que pisaríamos Marte, y aún estamos lejos de conseguirlo", añade. ¿Fin del sueño? 2016, año de nacimiento del replicante de la película Blade Runner, aquel ser cibernético inteligente que nos recordaba que había visto cosas que no creeríamos, "naves de guerra en llamas más allá de Orion". Ha habido saltos cualitativos, cambios en el escenario que nos retornan al sueño...

Capitalismo galáctico

Aspiramos a conquistar el espacio. Por un lado las empresas privadas avanzan en una carrera que hasta ahora era territorio institucional. El capitalismo galáctico quiere mover las poderosas fuerzas que nos llevaron a someter continentes y conectar el globo terráqueo. "Es la gran novedad, el interés comercial", explica Ribas.

Nuevos competidores asoman su osadía con naves en la Luna y Marte, como China y la India, por ejemplo Por otro, la tarta hegemónica de los gigantes espaciales se ha repartido, y nuevos competidores asoman su osadía con naves en la Luna y Marte, como China y la India, que disponen de programas espaciales avanzados, y presagian una era de orgullos nacionales.

"Estos países han ido avanzando con paso firme, y en el espacio nos preguntamos cuál será el próximo movimiento de China, que empezó reciclando materiales rusos, se apropió de otros por espionaje, y estaría capacitada para enviar un hombre a la Luna", explica Armentia.

China está construyendo su propia estación espacial en órbita –más pequeña pero mejor equipada que la Estación Espacial Internacional– llamada Tiangong. Dispone de cohetes de larga marcha, y uno de sus rovers (vehículos robóticos), el Yutu, encontró en diciembre un nuevo tipo de roca lunar. Mantiene a su vez la promesa de que pronto sus takionautas pisarán la Luna, proyecto que ha sido postergado este 2016.

El Congreso de EEUU ha aprobado una sorpresiva ley de minería privada espacial, la Space ActMientras tanto, la Estación Espacial Internacional (ISS), tras 15 años de misión permanente, y a pesar de que acaban de prorrogar sus fondos hasta 2020, tiene fecha de caducidad. Rusia continúa con su idea de desarrollar su propia estación y otras agencias esbozan desafíos.

"Nuestra idea es desarrollar una estación permanente en la Luna mediante la cooperación internacional. Se trataría de un paso intermedio antes de Marte, que nos parece más razonable. Tenemos que probar primero la tecnología. La misión de la ESA es buscar nuevos retos y ver qué es posible y qué no", explica Emmet Fletcher, director de comunicación de la ESAC, el principal centro de astronomía de la Agencia Espacial Europea con sede en Madrid.

Estados Unidos depende actualmente de la tecnología rusa para mandar a sus astronautas al espacio mediante las naves Soyuz –cosa que no agrada a los republicanos del Congreso– desde que jubilara su mítico programa de transbordadores. Parece que su enfoque es tender puentes al sector privado, ya que la NASA lleva varios años de recortes presupuestarios. El Congreso acaba de aprobar una sorpresiva ley de minería en asteroides y cuerpos celestes, la Space Act. Quieren garantizar a los intereses privados que podrán lucrarse sin restricciones de recursos como el agua y los minerales que puedan capturar.

Magnates a la conquista del espacio

Algunas compañías han iniciado su particular carrera espacial para ver quién consigue el primer cohete reutilizable que nos lleve a Marte; destacan en esta pugna los magnates Jeff Bezos y Elon Musk, con sus firmas Blue Horizons y Space X. Musk sueña con crear una ciudad en Marte con capacidad para 80.000 personas.

Silicon Valley no se conforma con el globo terráqueo, como demuestra el Google Lunar X Prize, el concurso millonario para alcanzar la Luna. Virgin Galactics, de Richard Branson, compite para adueñarse del nicho del turismo espacial. Otro potentado, Yuri Milner, ha invertido 100 millones de dólares para rastrear señales de vida inteligente.

Compañías como Shackleton Energy alzan proyectos para extraer helio-3, fuente de combustible abundante en la Luna. "Las empresas de minería, ingeniería o arquitectura cuentan con su grupo aeroespacial, da la impresión que está a punto de caramelo, veremos si fructifica", alega Armentia.

En busca de respuestas

Descubrir y explorar nuevos mundos será una prioridad en esta década para las agencias espaciales públicas. Y responder a la gran pregunta: ¿existe vida allí arriba? Este mes investigadores del Instituto Tecnológico de California acaban de publicar que según sus cálculos, basados en las anomalías presentes en distintos astros, puede que exista un noveno planeta desconocido en el sistema solar, más allá de Neptuno, con una órbita muy excéntrica (entre 600 y 1.200 más lejos que la Tierra) alrededor del Sol. Esto significaría que una gran parte de nuestro sistema solar nos es desconocida.

Puede que exista un noveno planeta desconocido en el sistema solar, más allá de Neptuno Hay misiones de la ESA preparadas para visitar Mercurio, el planeta limítrofe al Sol. Podría contener agua helada y materiales orgánicos a pesar de sus temperaturas superiores a los 400 oC. "Nuestro objetivo es entender el crecimiento y generación del sistema solar, y Mercurio es un planeta extraño, no cuadra con los estudios", explica Fletcher. Se trata de la misión Bepicolombo, en la que participarán la ESA y la agencia del Japón Jaxa y que prevé llegar al misterioso astro irisado el próximo 2017.

Este julio la sonda Juno se topará con Júpiter para estudiar sus campos magnéticos y la composición de sus gases. La sonda Juice de la ESA quiere explorar las lunas que orbitan a su alrededor. Su objetivo principal es Europa, el mundo helado que podría contener un océano líquido bajo la coraza de hielo. Unido a la actividad geotermal, es un candidato para la vida.

"En la Tierra encontramos vida compleja en las fumerolas volcánicas oceánicas bajo una inmensa presión, esto no significa que tenga que haber allí vida, aunque yo personalmente creo que debe ser algo común en el universo", explica Ribas. La NASA ha aprobado la misión Europa Clipper, con la intención de perforar la capa helada en 2022.

"Titán es otra de las grandes apuestas", explica el astrofísico Benjamín Montesinos, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). Desde que la sonda Cassini sobrevolase la órbita de esta luna de Saturno los científicos están intrigados. Dunas marrones compuestas de un material orgánico parecido al plástico, lluvias de metano, ríos y mares de hidrocarburos.

"Los biólogos nos dicen que el estado líquido es necesario para que exista vida", añade Montesinos. Hay proyectos (lejanos) para enviar un submarino a Titán. "Si la encontráramos, sea en el sistema solar o fuera, cambiaría el paradigma, nos pondría en nuestro sitio, como lo hizo en su tiempo Copérnico", añade.

Marte, la frontera inmediata

El lugar de nuestro anhelos, el próximo "gran paso" de la humanidad, sigue siendo Marte. La NASA mantiene su plan previsto de enviar una misión tripulada para 2030. La comunidad científica se muestra escéptica frente a este proyecto que ha defendido el presidente de EE UU, Barack Obama.

En la Guerra Fría era más fácil enviar misiones tripuladas asumiendo un gran riesgo, pero hoy el impacto de pérdidas humanas es demoledor Más allá de la publicidad y el hechizo que despierta en nosotros el Planeta Rojo, quedan muchos obstáculos. "Marte es el objetivo por excelencia de la astrobiología", dice Montesinos. Pero aún no sabemos cómo llegar allí de un modo seguro y con billete de vuelta.

"Hay problemas tecnológicos y fisiológicos, como la falta de gravedad, que impediría que los astronautas, tras seis meses de viaje, llegasen en plena forma", añade. La subsistencia. El aislamiento. La radiación de partículas –la atmósfera y campo magnético de Marte son muy débiles– provocaría lesiones y mutaciones. Y aún nos falta un cohete que los retorne con fiabilidad.

"Colonizar la Luna y Marte no es trivial, ningún país podrá hacerlo solo. En la Guerra Fría era más fácil enviar misiones tripuladas asumiendo un gran riesgo, pero hoy el impacto de pérdidas humanas es demoledor", explica Ribas.

Continuará la exploración robótica en Marte y en otros planetas. Especialmente desde que la NASA haya detectado plumas de metano marcianas –que podría ser un bioindicador de vida o un signo de vulcanismo– y corrientes de agua líquida estivales, reflejadas en sales hidratadas.

"El 14 de marzo lazaremos el Exomars16, junto a la NASA, para analizar su atmósfera en busca de señales biológicas y mandaremos un rover para que taladre la superficie: si existe vida tendrá que ser bajo tierra", constata Fletcher. Marte sigue siendo el planeta más parecido al nuestro. Albergó océanos hace billones de años y puede que aún conserve agua protegida de la radiación en el subsuelo. Marciano es sinónimo de alien.

En busca de una nueva Tierra

Las Tierras 2.0 o exoplanetas hermanos del nuestro son otra prioridad. Estamos dispuestos a encontrar nueva Tierra, nuestro lugar promesa en el futuro. Desde que se iniciara la misión Kepler han descubierto miles de ellos, algunos con características muy similares, como el GJ1132B o Gliese 667 Cc.

El Kepler 438B se desechó porque se ha concluido que es regularmente atacado por la radiación de su estrella cercana. "Hace 24 años no conocíamos ninguno, y hoy sabemos que una de cada dos estrellas contiene planetas, y pueden encontrarse entre 50 y 500 años luz, que en términos cósmicos es a la vuelta de la esquina", explica Ribas.

El Kepler 438B se desechó porque se ha concluido que es regularmente atacado por la radiación de su estrella cercana No obstante, son inalcanzables con nuestra tecnología, porque la estrella más cercana, Próxima Centauri, está a 4 años luz. Tardaríamos centenares de años en llegar. "Los viajes interestelares son ciencia ficción, pero tenemos otras vías desde la Tierra, como estudiar su atmósfera con telescopios, y analizar sus biomarcadores, aquellas moléculas que no deberían estar allí sin vida, en unos años hallaremos la respuesta", confía Montesinos.

Los asteroides y cometas despiertan un gran interés por sus orígenes y peligro. Conocemos 153 asteroides con diámetros de un kilómetro, y otros 1.500 menores. Y podrían existir decenas de miles no detectados. La ESA y la NASA están desarrollando una misión para intentar desviar la trayectoria del asteroide Didymos mediante un proyectil. Un asteroide menor podría tener efectos devastadores locales, como nos recordó el superbólido de Cheliábinsk en Rusia. "Fue un punto de inflexión. Es urgente probar la tecnología para desviarlos, posiblemente estemos más expuestos a este peligro de lo que pensábamos", explica Trigo.

Estos astros contienen materiales provenientes de la formación del sistema solar (casi 5.000 millones de años). Son como libros celestes. "Auténticos fósiles de las etapas iniciales, un eslabón perdido en nuestro conocimiento del origen del sistema solar", añade Trigo.

Puede que la humanidad un día deba enfrentarse al desastre. Es la profecía que se une al sueño. Leímos tanta ciencia ficción que cual hidalgo Quijote se nos secó el cerebro. O tal vez no... Porque hemos visto naves científicas sobrevolar los géiseres en la banca Encélado, cantar la Space Oddity del marciano Bowie a un astronauta ingrávido en la estación espacial, agujeros negros vomitar estrellas más allá de Orión... Hemos visto cosas que no creerían los bisabuelos.