A 33.330 personas les dan el alto en bingos y casinos

Sus nombres aparecen en el registro de prohibidos. Casi todos (29.557), por petición propia, por su adicción al juego. Al resto se lo prohíbe un juez.
33.330 ciudadanos de la región tienen vetada su entrada a los bingos y a los casinos.
33.330 ciudadanos de la región tienen vetada su entrada a los bingos y a los casinos.
33.330 ciudadanos de la región tienen vetada su entrada a los bingos y a los casinos. La mayoría (29.557), por petición propia para acabar con su adicción al juego, aunque también les hay que tienen prohibido el acceso a estos locales por sentencia judicial (1.807). Además, hay otros, 1.940 personas, a los que les dan el alto en la puerta al haber realizado la solicitud su familia, según los datos que figuran en el registro de prohibidos de la Junta de Castilla y León.«Esta fórmula ayuda», comentan a 20 minutos algunos ex jugadores. «Lo que pasa es que igual que te apuntas, te puedes borrar. Antes necesitabas tu firma y la del familiar que también había ido a inscribirte», aclaran.

Además, todos coinciden en que el mayor peligro en la actualidad está en Internet, donde nadie vigila a los jugadores y pueden acceder a cualquier tipo de juego y a cualquier hora.

Cómo apuntarse

Hay que acudir a las oficinas de la Delegación Territorial y rellenar un formulario. Se puede autovetar para los locales de Valladolid, de la región y del país (es el que elige la mayoría). Normalmente al mes siguiente ya se ha inscrito y pasado a los establecimientos.

Ángel. 63 años, Ex Jugador

«El juego te transforma del todo»

Ángel estuvo 25 años enganchado a las tragaperras y, aunque la intensidad no fue siempre igual, llegó a gastarse 100.000 pesetas de una sentada.

«El enfermo soy yo», dice sin dudarlo. «Esto es una enfermedad que además trastorna tu forma de ser y cuando vuelves a casa te aíslas porque le das mil vueltas», indica.

«Hace cinco años y medio que ya no echo un duro. Poco a poco el juego me suena menos, pero sobre todo al principio hay que tener mucho cuidado para no recaer».

«¿Por qué empiezas? Es lo único que no sé. No tengo un recuerdo exacto, pero supongo que como todos. Echas una moneda, te toca y la fastidias. Luego ya juegas porque tienes necesidad. Te crees que dominas a la máquina y que vas a ganar», explica Ángel, que recuerda cómo cogía los extractos del banco para que su mujer no los viera. «Es que te vuelves mentiroso patológico y cuando te hacen una referencia al juego no quieres oírlo. Siempre respondes: tú qué sabes. Yo he tenido suerte, pero hay familias que se han destrozado».

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