Claude Monet, Nymphéas (Waterlilies), 1914-15
Uno de los muchos óelos de nenúfares que Monet pintó del natural en su jardín Portland Art Museum, Oregon - Photo © Portland Art Museum, Portland, Oregon

Para Claude Monet (1840-1926) la inspiración estaba al alcance de la mano: en el jardín de su casa de Giverny, en la Alta Normandía francesa. Vivió en la villa 43 años (entre 1883 y la muerte) tras quedarse prendado de la visión fugaz de luz, flores, huertas y sotos umbríos que había entrevisto desde un tren en el que viajaba. Aunque era todavía muy pobre, logró alquilar una casa a un lugareño.

En unos años, aclamado como uno de los inventores de una nueva forma de ver, que la crítica bautizó como impresionismo por uno de sus cuadros —Impresión: soleil levant (Impresión, sol naciente, 1847)—, compró la propiedad y la amplió hasta convertirla en un paraíso personal. No le gustaba que hablasen de él como artista: prefería considerar que su oficio era el de "pintor-jardinero".

Planear modificaciones y transplantes

Cada mañana la primera ocupación del pintor —que a los seis años de establecerse en Giverny era ya un mito gracias al gran mentor de los impresionistas, Paul Durand-Ruel, el marchante que apostó por el movimiento de vanguardia cuando la crítica y los académicos lo despreciaba—, era entrevistarse con el empleado que le ayudaba con el mantenimiento jardín para planear qué modificaciones, cuidados o trasplantes ejercerían en la pequeña jungla [colección de fotos del jardín en vida del artista] en la que se perdía durante el resto del día para pintar del natural.

Mi jardín es mi más bella obra de arte" "Mi jardín es mi más bella obra de arte (...) Debo a las flores que me haya dedicado a la pintura", solía decir Monet, borracho e iluminado por la belleza salvaje y la vida propia del espacio que construía y reconstruía sin intervenir demasiado como horticultor, porque no le gustaba el aire premeditado y rígido de los jardines versallescos y prefería la belleza natural del estilo inglés, basado en la idea del jardín como recinto sagrado de su propietario-cuidador y prolongación de su espíritu.

El 'jardín acuático' de los nenúfares

El artista estaba especialmente orgulloso del jardín acuático, donde recibía a los amigos y las visitas y que retrató en la mítica serie de  Les Nymphéas (Los nenúfares) [visita virtual a la colección en el Museo de l'Orangerie], que pintó contemplando los lagos y plantas acuáticas. Soñaba con disponer las pinturas en círculo y suspendidas en el aire para que los espectadores pudiesen sentir que también ellos estaban en el centro de la abigarrada belleza del lugar que tanto amaba.

El padre del impresionismo y la entrega al jardín como idea filosófica y tema creativo es el punto de partida de la exposición Painting the Modern Garden: Monet to Matisse (Pintando el jardín moderno: de Monet a Matisse), una selección temática ambiciosa —120 obras, con cesiones de museos de Europa y los EE UU— está organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, donde podré ser visitada entre el 30 de enero y el 20 de abril.

Colección de libros de cultivo, floricultura y horticultura, recibos de compra de plantas Además de Monet, que es la indiscutible estrella de la muestra, con 35 pinturas, muestras de su colección personal de libros de cultivo, floricultura y horticultura, recibos de compra de plantas, semillas y material y correspondencia privada, habrá obras de entre 1860 y 1920 de artistas de referencia de las vanguardias del cambio de milenio: impresionismo, simbolismo, fauvismo y expresionismo.

Se reúne el tríptico 'Agapanthus'

Lo más notable es una selección de los nenúfares de Monet, sobre todo el lienzo de grandes dimensiones y en forma de tríptico Agapanthus (1916-1919). Es la primera vez que las tres secciones de la obra se exponen a la vez en el Reino Unido, ya que pertenecen a colecciones separadas. Los organizadores anotan una circunstancia histórica no por clara menos pertinente: la idea de Monet de proponer cuadros monumentales como posibles "decoraciones" que buscan el recogimiento introspectivo es una respuesta al trauma de la I Guerra Mundial.

La serie de los lirios es una oración de luz y no una celebración del hedonismo y la simple belleza Al igual que hicieron otros artistas del impresionismo —a quienes el tiempo ha limado las originales aristas rebeldes y dejado injustamente solo los matices decorativos—, Monet proponía la visión reducida a manchas de color y sin contornos como contrapeso doliente al sufrimiento y la pérdida causadas por la atrocidad bélica. Puede afirmarse que toda la serie de los lirios es una oración de luz y no precisamente una celebración del hedonismo y la simple belleza.

Kandinski también se dejó tentar

Otras obras distinguidas son Auguste Renoir’s Monet Painting in His Garden at Argenteuil un retrato pintado por Auguste Renoir en 1873 en el que Monet aparece en la casa cercana a París en la que había vivido entre 1871 y 1878; Murnau The Garden II (1910), de Wassily Kandinski, que también se dejó tentar por la perfección geométrica de las flores antes de recorrer los caminos hacia la pura abstracción por los que es más conocido, y Resting in the Garden (1914), del sensualista Pierre Bonnard,

También hay obras, algunas muy poco conocidas, de Edouard Manet, Mary Cassatt, Berthe Morisot, Camille Pissarro, Paul Cézanne, James-Jacques Tissot, John Singer Sargent, Joaquín Sorolla, Max Liebermann, Santiago Rusiňol, Henri Matisse, Paul Klee, Vincent van Gogh, Gustav Klimt, Emil Nolde y Edouard Vuillard.

Retiros de ensueño y lugares para la experimentación plástica audaz A medida que transcurría la transición entre los siglos XIX y XX, artistas como los citados abrazaron enfoques más subjetivos, imaginando los jardines como "utopías visionarias" o para explorar la teoría del color abstracto y el diseño decorativo. La exposición esta organizada temáticamente y los visitantes recorren desde las visiones impresionistas donde la luz y la atmósfera crean "retiros de ensueño", hasta los "lugares para la experimentación plástica audaz" de los pintores posteriores.