Wilfredo Lam, La Jungla, 1943
'La jungla', el cuadro más famoso de Lam, está en el MoMA al lado de 'Las señoritas de Avignon' de Picasso Museum of Modern Art, New York, 2015. Digital Imag, Museum of Modern Art, New York/Scala, Florence © Adagp, Paris 2015

Mucho antes de que el multiculturalismo fuese reducido a lugar común y el cruce de raíces y civilizaciones entrara en el lenguaje, siempre perverso, de la alta política, el artista Wilfredo Lam (1902-1982), uno de los pintores clave del siglo XX, indagó en el mestizaje porque sentía que era la única terapia contra el malestar difuso de no saberse de lugar alguno. Hijo de un chino cantonés y una mulata cubana, a su vez descendiente de un español y una esclava africana, Lam fue el primer creador de la historia del arte que hizo de lo transcultural una razón de ser.

El Centro Pompidou de París dedica hasta el 15 de febrero una retrospectiva de gran alcance a la obra de Lam, con casi 300 piezas entre pinturas, dibujos, grabados y cerámicas —además de material de archivo y fotografías—. Es la mayor que nunca se ha expuesto tras la monografía póstuma celebrada después de la muerte del artista, que falleció en París poco antes de cumplir 80 años. En el montaje de ahora colaboran el Museo Reina Sofía de Madrid, a donde viajará la muestra entre el 5 de abril y el 15 de agosto de 2016. Luego, del 14 de septiembre al 6 de enero de 2017, será mostrada en la tercera pinacoteca coorganizadora, la Tate Modern de Londres.

'Vida de militancia en un siglo de estremecimientos'

Protagonista de una "vida de militancia en un siglo de estremecimientos", según resumen desde el Pompidou, Lam ocupa un lugar singular y paradójico en el arte del siglo XX. Es un ejemplo del tránsito transcultural y formal que promovieron las vanguardias. En los años noventa del siglo pasado, mucho antes de se plantearán cuestiones como la globalización y el mestizaje en el arte, el crítico Andreas Huyssen dijo de la obra del cubano se colocaba en el umbral de un "modernismo extendido".

Lam sigue siendo objeto de malentendidos y entusiasmos reductores Reconocido y presente a partir de los años cuarenta en el mercado del arte y los museos, Lam "sigue siendo objeto de malentendidos y entusiasmos reductores", explican los organizadores al hablar del objetivo de la monografía sobre el artista plástico cubano más notable de la historia. "Algunas teorías culturalistas han alterado la percepción de una obra compleja que se inventa y se articula entre diversos espacios geográficos y culturales y que está en tensión entre el centro (o centros) y las supuestas periferias de la modernidad".

Se acercó a la santería

La febril itinerancia de la vida de Lam, que nació en Sagua la Grande, una municipalidad de la provincia de Villa Clara, en la costa norte cubana, sirve de articulación para ala exposición, que repasa la génesis del trabajo del artista en sus primeros años en el país caribeño, donde tomó nota y se acercó al sincretismo religioso de la santería de la mano de la madre, Ana Serafina Castilla, hija de una esclava del Congo, y en las sucesivas residencias de su agitada trashumancia posterior.

Su primera mujer y su hijo murieron de tuberculosis en 1929 en España Repasando las condiciones de acogida e integración, no siempre buenas, en los lugares donde se formó, residió y trabajó, el recorrido explica un cuerpo creativo "construido con paciencia" entre España, donde Lam vivió entre 1923 y 1938, se casó, sufrió en 1929 la muerte por tuberculosis de su esposa y el único hijo de la pareja y se alistó en el bando de la República en la Guerra Civil; París y Marsella, ciudades en las que residió en el periodo 1938-1941, cuando se hizo amigo de Picasso, uno de sus grandes mentores artísticos; la Martinica y Cuba (1941-1952); nuevamente París, Caracas y Zúrich (1952-1961) y, finalmente, otra vez París y Albissola Marina —en la Liguria italiana—, donde pasó las dos últimas décadas de vida, en las que tampoco dejó de moverse, con escapadas a Egipto, la India, Tailandia y México.

La 'condición colonial'

Lam fue consciente desde muy joven de la cuestión racial y sus implicaciones sociales y políticas en Cuba, en Europa y, más adelante, en los EE UU, donde también pasó una temporada. En las cartas que enviaba desde España a su familia y amigos, más allá de las preocupaciones cotidianas de una vida a menudo muy precaria, expresaba su inquietud ante los peligros crecientes y un "malestar recurrente y difuso que no tardará en identificar directamente con la condición colonial", ratificando el análisis gracias a las convicciones marxistas y antifascistas a las que se adhirió durante la guerra española.

Aunque trató la negritud y el cubanismo a lo largo de toda su obra, Lam se concentra más en las relaciones de clase y de dominación y, tras relacionarse con el surrealismo, se decide a crear un universo muy personal, poblado por seres polimórficos que armonizan la población, vegetación y  fauna de la jungla idealizada que consideraba su origen pese a que era muy consciente de que en Cuba no hay nada que se parezca a una selva.

Regresó a Cuba con una dolorosa frustración y vivió en un 'insilio' Pertenece a este estilo de hibridación el cuadro más famoso de Lam, The Jungle (La selva, 1943), propiedad del MoMA y colocado en el museo al lado de Les demoiselles d'Avignon (Las señoritas de Avignon, 1907), la obra maestra de Picasso, lo que demuestra el papel del cubano dentro del "canon enunciador" de la modernidad. El cuadro de Lam expresa el regreso forzado a su país natal —había sido expulsado de Francia como inmigrante ilegal— como "un exilio y una dolorosa frustración". Encuentra, además, a Cuba sometida a la dictadura militar de Batista y decide encerrarse, vivir lo que llamaba un "insilio".

'Un cierto comercio con lo invisible'

En la primera monografía dedicada al artista, Fernando Ortiz dice que La Jungla y las obras de Lam en la década de 1940 son "herméticas" y contienen  "un cierto comercio con lo invisible y con lo que se mantiene latente bajo las apariencias". Se trata de un artista que busca la esencia de sí mismo, su íntima cubanidad fundada en lo mestizo, desde la defensa de la dignidad humana.

Todo se mueve en una aparente quietud y solo la noche revela la oculta fiesta En un texto escrito en Roma en 1954, María Zambrano evoca el "secreto" y el "silencio inquieto" que emanan de las luminosidades casi cinéticas y tan particulares del artista: "Porque en la naturaleza tropical todo se mueve bajo una aparente quietud y solo la noche revela la oculta fiesta, la danza que parece ser la íntima vida de todas las criaturas. El mundo del trópico no es plástico, sino musical, órfico. La pintura de Lam ha sorprendido este secreto; sus cuadros tienen una distribución musical, rítmica; el espacio es el vacío que desplazan los cuerpos sutiles en su giro".