Joan Roca
Joan Roca, autor de 'Arrugas' y 'La Casa' RAQUEL SILVESTRE

Su vida y sus dolores, sus traumas, y sobre todo su familia, elevados a arte, han hecho que Paco Roca (Valencia, 1969) cumpla su sueño de infancia: vivir dibujando. Y aún más: suyos son algunos de los máximos reconocimientos, entre otros, el Premio Nacional de Cómic y dos premios Goya por Arrugas.

El autor de Los surcos del azar interrumpió los proyectos en los que estaba al morir su padre. "Era el momento, tenía las emociones revueltas, y necesitaba ordenar los sentimientos", cuenta este dibujante que no sabe de poses y aunque él no lo imagine es agradece. La misma autenticidad de sus obras, en él.

De la muerte de su padre nació su último cómic La Casa (Astiberri), puro arte porque si alguien sabe cómo trascender la catarsis, ése es él. 

Desnudarme yo en público, vale, pero a toda la familia ya no¿Cómo ha podido hacer ficción de algo tan real y doloroso?
Tuve mis dudas, pero la ficción me daba más libertad y porque desnudarme yo en público, vale, pero a toda la familia ya no.

Y sólo así se puede elevar la catarsis a arte, ¿no? ¿O cree posible que la simple catarsis sea arte?
Cuando cuentas una historia como ésta, en la que estás demasiado metido puedes ser muy 'ombliguista' y acabar vendiendo humo. Así que con la ficción podía empezar de cero y poner en orden mis sentimientos.

¿Los ha ordenado?
Sí, otra cosa es que me haya reconciliado o que haya logrado la redención. Por eso era importante hacerlo en caliente, con las emociones sin controlar sin saber cómo gestionar lo que sientes.

¿Cómo vería su padre este libro del que es protagonista?
Con la ilusión de verse el personaje de una historia, porque mi padre nunca fue protagonista de una historia. Ni siquiera tenía los traumas de quienes habían vivido la guerra civil, aunque vivió la posguerra y pasó hambre, y por eso su reto era que no nos pasara. Él era una persona, como la mayoría, que nunca hizo nada épico. Y le hubiera hecho gracia ver que esa casa que yo tanto odiaba fue la misma en la que he estado después de su muerte haciendo lo que él hacía.

¿Y ha entendido algo más?
La odiaba porque tenía que ir obligado todos los fines de semana y vacaciones, y allí íbamos a trabajar. Estaba aislada, encima de una montaña. En cuanto pude dejar de ir lo hice. Lo que he entendido con esta historia es la importancia de esta casa para mi padre, que siguió viniendo cuando se quedó solo y ya no veníamos nadie. He entendido que éste era su proyecto y el continente de los recuerdos de una vida y una familia. Aunque tarde, lo he comprendido.

¿No cree que siempre llegamos tarde a entender a nuestros padres?
Sí, pero es que además coincidió que fui padre al tiempo que perdí a mi padre. Y con esto no digo que para ser un buen hijo haya que ser padre. Pero sí encuentras más errores como hijo que como padre tras ser padre. Guardo rencores hacia mí como hijo, por no haber sabido más, preguntar...

Pero quizá tampoco aquella era una generación de expresar mucho los sentimientos...
No, y no sé cómo será de hija a padre, pero entonces de padre a hijo los sentimientos quedaban siembre ocultos, las conversaciones eran estándar y nada emotivas.

En aquella época de padre a hijo los sentimientos quedaban siempre ocultosDe hecho ni siquiera nos abrazábamos...
No, pero ahora eso lo puedes cambiar con tus hijos. Cuando empecé este libro abrí un Word para escribir todo lo que sabía de mi padre, cuando tenía dos páginas ya no sabía qué más poner. Nunca tuve grandes conversaciones con mi padre ni mostré interés por su vida. Y es triste.

¿Sintió que estaba orgulloso de usted?
Creo que al final de su vida mi padre pudo ver que eso tan marciano que yo hacía era algo más. Cuando le llevé los dos Goya al hospital vi que estaba contento. El éxito de Arrugas era también para ellos.

Es que al final son los protagonistas de su obra, ¿no?
Haces esto para buscar esa paz interior que nunca llega y para ordenar los sentimientos. Arrugas surgió ante la vejez de mis padres, pero no por esa obra pierdo el miedo a la vejez.

¿Qué cree que esperaba de usted?
No era conservador ideológicamente, pero le hubiera gustado que me hubiera casado, que tuviera una profesión estable, para eso era muy conservador. Nunca se hipotecó, no compraba lo que no podía pagar. Su hijo era de una generación...

Que hacía lo contrario...
Sí, claro, de hipotecas, consumistas, y eso no le gustaba. Muchas veces cuando volvíamos del hospital le decía que tomáramos un café en algún bar y decía que no, que para qué gastar si lo podíamos tomar en casa. Y lo tomábamos en casa. Y ahí chocábamos, ellos eran muy austeros,. Mi padre si había una puerta tirada en la calle aprovechaba la bisagra,

¿Nos salvaría hoy recuperar aquella austeridad?
Somos una generación que lo está pasando y lo va a pasar mal justo por eso, por el consumismo. Nuestros hijos crecerán en una realidad diferentes. Para nuestros padres, al menos para la clase obrera tener una segunda vivienda si se tenía era pagadano con hipoteca. Nosotros no tenemos segunda vivienda.

¿Cómo vivirían ellos esta crisis?
No la verían tan dramática. Mi padre seguía teniendo la misma tele de tubo. Ellos no habrían caído en estos errores y no sentirían que esto es un drama mayor que el que ellos vivieron.

¿Qué le gustaría que dijeran de usted como padre?
Que he sido un buen padre, que las he comprendido y ellas a mí y que no quedó nada por decirnos. Espero que mis hijas tengas para hablar de mí más de dos páginas de Word.