Historia personal anorexia
Charo, granadina de 33 años, lleva con la anorexia a sus espaldas 15 años y espera que, a lo largo del 2016, le den el alta definitiva. C.R.M.

"Al principio solo pedía ayuda para vivir un poco mejor, ahora estoy a punto de curarme". Charo R.M., granadina de 33 años, lleva con la anorexia a sus espaldas 15 años y espera que a lo largo del 2016 le den el alta definitiva. "Cuando me decían que podía curarme, todo me sonaba a chino. Creía que había una fórmula con pasos A, B y C, estaba muy perdida. Sin embargo ahora puedo decir que lo voy a conseguir".

La anorexia es el Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) más frecuente entre los adolescentes europeos ya que afecta al doce por ciento de los jóvenes entre 14 y 20 años, lo que significa un tres por ciento de la población mundial. En españa, más de 400.000 mujeres padecen anorexia, siendo una de la enfermedades con mayor tasa de mortalidad —5%—, pues ocupa el tercer puesto en en el ranking de enfermedades mortales después de la esquizofrenia y los suicidios. 

Con motivo de las fechas navideñas, las preocupaciones entre enfermos y familiares aumentan. La Navidad trae consigo mesas repletas de comida, visitas de familiares y comentarios desafortunados, que afectan de manera desmesurada a los pacientes.Sin embargo, las navidades para Charo fueron un punto de inflexión. Hace exactamente dos años comenzó el tratamiento que le ha devuelto la esperanza.

Muy poco a poco la enfermedad va ganando terreno: te obsesionas y te aislas y llegan las restricciones

El 20 de diciembre de 2013, la joven granadina pidió ayuda al Instituto Centta, una Clínica Psicológica especializada en gran variedad de tratamientos de diferentes trastornos, entre ellos los alimentarios. Los especialistas del centro realizan cada año —desde hace cuatro— antes de navidad, una escuela gratuíta con padres, madres, familiares y todo aquel que necesite consejos. Tras enterarse de la iniciativa. Charo acudió a ellos porque "estaba muy desesperada y necesitaba mejorar un poco mi calidad de vida". Desde entonces ha pasado de hacer terapia cuatro veces por semana a una vez al mes.

Farmacéutica y una de las mejores de su promoción, llegó a pesar 37 kilos. En la actualidad su peso ronda los 47, está a punto de recuperar su rango de peso normal y recuerda cómo empezó todo: "Empezaba la universidad y muy poco a poco la enfermedad fue ganando terreno: te vas aislando, obsesionando con el peso.... llegan las restricciones, empiezas a comer sola, vas a menos actos sociales y convives con el miedo a la comida. Tienes tanto miedo que es la preocupación que ronda tu cabeza, pero es solo por el miedo".

Abusos, comparativas, vacío e inseguridad fueron las causas que hicieron que Charo cayera en las redes de la anorexia. "El papel que tiene la enfermedad es llenar un vacío, crear una seguridad que no tenemos. Es como una amiga que intenta darte valor pero te engaña y te hace sufrir". 

El TCA pasó a convertirse en parte de mi personalidad El trastorno alimentario avanzó poco a poco en Charo pero afirma que "pasó a convertirse en parte de mi personalidad". Se volvió rebelde y contestona y su familia, al ir descubriendo los síntomas, recurrió al castigo: "Actuaban mucho como policías y, en mi caso, creo que no era la mejor manera de solucionarlo".

A lo largo de su enfermedad la granadina tuvo dos ingresos hospitalarios por voluntad propia, de aproximadamente un mes de duración cada uno, y recuerda como uno de los momentos más duros el segundo: "Acababa de dar a luz. Estaba en la habitación con un bebé de tres meses", lamenta. "Te dejas arrastrar tanto que llegas al límite y tienes que ingresar".

Con el paso de los años y a poco tiempo de curarse reflexiona: "He vivido muchos de los momentos más importantes de mi vida con anorexia: he ido a la universidad, me he casado, he soportado un embarazo con esta enfermedad y he tenido una hija.... pero ahora me doy cuenta que todo eso podría haberlo vivido de una manera muy diferente" y recuerda que "la ayuda terapéutica es muy importante".

Actualmente Charo tiene una hija de tres años y medio que es el motor de su vida junto con su marido, gracias a los cuales ha logrado salir adelante y afrontar estos días festivos de manera diferente: "Antes todo eran grandes comidas y empezaban las navidades con los atracones y las compensaciones... En mi cabeza sólo estaba eso: era un 90% preocupaciones y un 10% los regalos de Papá Noel". Este año el porcentaje se ha invertido. "Espero que algún día se reduzca a cero", finaliza.

"La familia no es la culpable, forma parte de la solución"

Son muchas las jóvenes que se ven inmersas a diario en una profunda oscuridad, la anorexia es un trastorno que las va mermando poco a poco y no les deja ser conscientes de que no son las únicas que sufren. Padres que dedican su vida al completo cuidado de sus hijos, familias divididas a diario y una impotencia que no saben cómo solucionar pero que, según expertos, deben tener claro que "la familia no es la culpable, forma parte de la solución" y por eso "hay que enfrentarse a ello de manera familiar y terapéutica", afirman desde la Clínica Psicológica Centta.

Es un lenguaje no verbal que advierte de que algo falla

"La anorexia es una forma de transmitir, es un lenguaje no verbal. Nos advierte de que algo está fallando y hay que actuar", comentan los psicólogos especialistas.

Asimismo aconsejan ciudar la forma de hablar y el lenguaje en casa: "Hay que transmitir preocupación de manera amable. Ayudarles a que vayan contando los problemas disminuye su gravedad. Las broncas en la comida no son eficaces porque deterioran el vínculo familiar".

La mitad de las personas que desarrollan esta enfermedad tienden a cronificarla —durando más de 15 años—, los casos masculinos se incrementan y los adolescentes no son los únicos que la sufren, también los adultos.

Brecha legal

A raíz de este último problema, los padres se quejan de que "hay un vacío legal para obligar a una mayor de edad a hacer algo en contra de su voluntad" y los reproches al sector sanitario van en aumento: "No se consigue nada por lo público. Si una persona está en la fase de negación total hay que recurrir a otras medidas porque al ser mayor de edad dicen que no pueden obligar a nadie a ingresar. Pero no es que no puedan, no quieren".

En este caso se encuentran los padres de Arantxa, de 36 años, que lleva 20 con anorexia: "Lleva 3 años de baja, vive sola por recomendación médica y no quiere curarse. En el momento que estamos tenía que ingresar, ha decidido no hacerlo, es mayor de edad y no podemos hacer nada". Además, hartos de que la situación acabara por afectar a su propia salud decidieron, junto con especialistas, "mirar para otro lado" porque "los movimientos o cambios de actitud familiares hacen que nuestros hijos también se muevan", dicen y añaden que "de momento parece que funciona porque va mejorando".

Tiene un problema psicológico y no está capacitada para decidir por sí misma

En una situación peor se encuentra Cristina (nombre ficticio), madrileña de 22 años que "no se levanta de la cama y vive en su habitación, a oscuras". "Su madre y yo vivimos con el miedo de que un día entremos y esté muerta", relata su padre. Además de anoréxica, padece trastorno de personalidad y es diabética: "Todo comenzó cuando en el colegio le hacían bullying por pincharse insulina. La cambiamos de colegio pero la niña ya tenía miedo, era demasiado tarde", informan.

En la actualidad, cuando Cristina empeora sus padres llaman al 112 pero "le dan una pastillita que la calma y ya está. Es vergonzoso". Por este motivo reclaman un ingreso involuntario: "No se dan cuenta que tiene un problema psicológico, no está capacitada para decidir por sí misma. Tiene que ingresarla en contra de su voluntad y no quieren. Ya no sabemos a quién recurrir para que mejore", exponen.

"Mi hija es perfecta, no puede ser anoréxica"

"Algo no iba bien" eso fue lo primero que pensaron los padres de María, chica de 18 años que lleva tres años y medio luchando contra la anorexia.

"Al principio, los problemas de nuestra hija no los relacionamos con la alimentación, accedimos a un psicólogo y centramos el tema en el fracaso escolar", declaran los padres de la jóven. Sin embargo, tras seis meses de tratamiento y sin avances positivos decidieron tomar otras vías porque "no veíamos el trasfondo del asunto. Ella no quería hablar de su problema y lo único que decía es 'yo no estoy loca'".

Todo comenzó cuando María tenía 15 años, la preocupación por el físico parecía, a priori, algo "normal para las niñas de su edad" pero finalmente llegaron a la conclusión de que sufría un trastorno de alimentación.

"Mi hija es perfecta, no puede ser anoréxica" pensaba su padre, que se negaba a reconocer la enfermedad. Tras pasar por varios especialistas, decidieron ingresarla en la unidad especializada en TCA del Hospital Niño Jesús. "El peor momento de mi vida fue ver a mi hija atada en una cama". 

No existe absolutamente ninguna persona ni ningún caso que sea igualMaría ve cómo su vida vuelve a la normalidad poco a poco gracias a la implicación de sus padres que acuden a un tratamiento personalizado y de los profesionales que los atienden. "Esto no es un costipado, el problema no es solo de ella y en muchos casos una de las causas principales es la familia".

Sin embargo, "no existe absolutamente niguna persona ni ningún caso que sea igual" y aseguran que "después de pasar por esto siempre sigues en guardia".