Colectivo asexual
Javier León (42 años) es uno de los primeros asexuales en España en dar la cara y hablar sin tapujos de su sexualidad. JORGE PARÍS

Cuando Javier León (42 años) escuchó esa palabra en boca de una amiga, todo cobró sentido en ese puzle indescifrable que hasta ese momento era su sexualidad. "Eres asexual". Esas siete letras explicaban su falta de interés por el sexo, por qué perdió la virginidad tan tarde o la razón por la que no había tenido relaciones durante dos años con su última pareja. No era un homosexual reprimido o un 'rarito', como muchas veces le habían dicho sus compañeros de clase cuando era adolescente. Desde entonces es un hombre feliz.

León forma parte de la comunidad asexual, que identifica a aquellos que simplemente no experimentan deseo sexual. La asexualidad no tiene nada que ver con un trauma del pasado ni con el celibato voluntario. El perfil puede corresponder a personas que no se masturban con asiduidad, nunca han buscado la palabra 'sexo' en Google o no tienen prisa por acostarse con su novio o novia.

"Tardé mucho tiempo en tener pareja y relaciones por mi pasotismo. Cuando lo hice, fue por presión social. Yo no tenía la necesidad", comenta Javier. En una sociedad tan hipersexualizada como la actual, donde hasta el anuncio de un coche utiliza la retórica erótica para animar a los consumidores, estas personas tienen que soportar comentarios impertinentes, preguntas incómodas -"¿Cuándo te vas a echar novia?"- o la marginación social.

¿La cuarta orientación sexual?

Personajes como Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle, o Sheldon Cooper, de la televisiva serie The Big Bang Theory, para quien el sexo es un mero trámite social, podrían ser ejemplos de personas asexuales en la cultura. Después de la heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad, algunos expertos apuntan a esta condición como la cuarta orientación sexual, aunque no hay consenso sobre ello. Y es que las personas con un bajo deseo sexual siempre han existido, aunque hasta el siglo xxi no hayan tenido una palabra para definirse.

He descubierto la asexualidad después de estar varios años casado con una mujer sexualmente activa Los estudios publicados aún son escasos y se limitan a constatar que la asexualidad existe. Tampoco hay estudios a nivel mundial, sino que se limitan a la población estadounidense y británica en la mayoría de los casos. Dentro de sus escritos sobre sexualidad, el doctor Alfred Kinsey ya advirtió de un grado 'x' de individuos estadounidenses que no sentían atracción sexual dentro de su Escala Kinsey, que formuló en 1948 y que medía hasta seis grados de comportamientos en el que 0 era heterosexualidad completa y 6 homosexualidad total.

En 2004, Anthony Bogaert, doctor de la universidad canadiense de Brock, publicó el estudio Asexuality: prevalence and associated factors in a national probability sample en el Journal of Sex Research, donde confirmó que el 1% de los británicos pertenecen al colectivo asexual. Bogaert utilizó datos de la primera Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de Vida británica, realizada entre 1990 y 1991 por un equipo multidisciplinar de investigadores universitarios y publicada en 1994. En ella se preguntó a 18.876 personas en el Reino Unido sobre sus hábitos sexuales. Un 1,05% contestó que no sentía atracción sexual hacia inguna persona.

Amor sin sexo

"He descubierto la asexualidad después de estar varios años casado con una mujer sexualmente activa, y es ahora cuando empiezo a responderme a mí mismo algunas de esas dudas interiores que no encajaban", confiesa Salva, un barcelonés de 46 años, que a los 30 empezó a preocuparse: "No deseaba quedarme soltero toda la vida".

Y es que el hecho de que no exista deseo sexual no significa que no haya atracción sentimental. "Todas las personas necesitan afecto", explica la sexóloga Silvia Fonseca, de la Clínica Psytel. "Mi problema es que soy muy enamoradizo", comenta riendo León.

Algunas de mis novias reivindicaban que una pareja no lo es si no tiene sexo. Para ellas eso era una relación de amigos Según sus orientaciones sentimentales, los asexuales pueden ser heterorrománticos (si se sienten atraídos por el sexo opuesto), homorrománticos (si lo hacen por el mismo sexo) o arrománticos (si no sienten ningún tipo de inclinación).

Javier León, antropólogo y editor de profesión, se educó en ese mundo donde el amor y el sexo están ligados en una pareja y donde la falta de relaciones se mide como un desgaste de los sentimientos. "Algunas de mis novias reivindicaban que una pareja no lo es si no tiene sexo. Para ellas eso era una relación de amigos", asegura. Esta visión única del amor lo ha llevado a tener una vida sexual irregular.

Los asexuales no rechazan el sexo, por lo que pueden "forzar" algunas relaciones, aunque no les apetezcan. Con su primera novia no hubo penetración, con otras, las relaciones eran "casi normales", y con su última pareja (con la que ya había descubierto su orientación), no hubo sexo en los dos años de noviazgo. "También salí con una sexóloga durante siete años", comenta. "Aunque comprendía que yo no necesitaba tanto sexo como los demás, intentaba siempre estimularme para intentar tener relaciones", matiza.

"Mantener una pareja donde uno es asexual y otro sexual depende del acuerdo al que ambos lleguen. Hay quienes tienen sexo por llevar adelante el noviazgo, mientras que otros establecen una relación abierta", comenta Moisés Catalán, presidente de la asociación nacional queer El Príncipe Lila. Como otros, Javier León vive en una aparente contradicción que resulta tener mucha lógica: alguna vez ha visto alguna película porno "por curiosidad" y se masturba "cada seis meses o tres o dos", porque aunque su deseo sea bajo, la pulsión biológica se mantiene.

Y es que en cuestión de sexo nada está escrito. Lo que ayer se dividía en solo dos categorías, heterosexualidad y homosexualidad, hoy en día se ha abierto hacia un abanico mucho más plural y realista. Ejemplo de ello es Montse. Esta catalana pensaba que era sexual hasta que conoció a su actual pareja: "Por él empecé a sentir cosas que desconocía". Ella es un miembro de la ONG El Príncipe Lila y conoció a su novio dentro de un grupo que creó para quedar con gente asexual en su misma ciudad. Buscaba comprensión, no una pareja. "Sin pensarlo, además de hacer nuevos amigos, encontré al amor de mi vida". Ahora su orientación tiene otro nombre: demisexualidad. Solo es capaz de sentir atracción sexual cuando la unión sentimental es muy fuerte e íntima.

Una amplia comunidad online

La falta de referentes es uno de los problemas con los que se encuentran los jóvenes. Por eso, Javier León se decidió a escribir el libro Asexualidad: ¿se puede vivir sin sexo?, que junto a Diario de una asexual, de Lucía Lietsi, es una de las pocas referencias en España. Pero hay un sitio donde estas personas están libres de prejuicios: internet. Miguel (nombre ficticio) forma parte de ese grupo de asexuales que, a diferencia de Javier, tienen miedo al rechazo social y prefieren esconderse tras un nick de internet. A sus 18 años descubrió la palabra 'asexualidad' buscando en Google.

Cuando me enamoré por primera vez nunca tuve fantasías sexuales con ella, mis fantasías eran sobre cómo sería vivir juntos, comer, salir... "Cuando me enamoré por primera vez nunca tuve fantasías sexuales con ella, mis fantasías eran sobre cómo sería vivir juntos, comer, salir...", comenta este joven que aún sigue siendo virgen y nunca ha tenido novia: "Me han tachado de homosexual, asocial y de tener cierta dificultad de encontrar pareja". Miguel lo tiene claro. De momento no quiere compartirlo con nadie. Cada vez que se ha atrevido a confesárselo a algún amigo, la respuesta ha sido que "primero pruebe y luego opine". "Parece que ser asexual equivale a defectuoso o impotente y en el caso de las mujeres a frígida. La gente lo ve como algo malo", lamenta.

Experiencias como la suya han hecho que se genere una gran comunidad asexual en Internet. "Un chico que le dice 'no' a una chica guapísima que se insinúa es gay, no hay otra. Los chicos especialmente lo viven con mucha presión, porque su estereotipo social asocia la masculinidad a comportamiento sexual", comenta un representante de AVEN (The Asexual Visibility and Education Network). Este sitio web, fundado en el año 2001 por David Jay, cuenta con más de 76.000 integrantes en todo el mundo. A través de un nick pueden expresar sus dudas, sentimientos o hacer preguntas sin ningún temor a ser humillados.

Aunque a partir de esta 'familia' 2.0 no se puede hacer un dibujo general de los asexuales, sí funciona como el medido r más fiable de cómo es esta comunidad online a nivel mundial. Los datos de The Asexual Census, en el que participaron 14.210 personas, muestran la enorme diversidad del colectivo. Aquellos que se consideraban asexuales, dividían su identidad sexual en: asexuales completamente (49%), demisexuales (11,1%), grisexuales (aquellos que solo experimentan atracción sexual en momentos sexuales y en circunstancias concretas, un 16,2%). El otro 23,4%, no se identificaban con ninguna. Se trata de una comunidad muy joven, la media se sitúa en los 22,4 años, aunque la edad de los participantes iba desde los 13 a los 77 años.

¿Por qué esta amplia comunidad no sale del 'armario digital' y forma un colectivo sólido tangible? La profesora Teresa López, autora de la tesis La identidad asexual: de la masculinización social a las redes sociales virtuales, considera que podría tratarse del miedo al rechazo social: "En Estados Unidos y el Reino Unido sí van a manifestaciones y sí hay un colectivo visible, pero en España vamos un poco más atrasados . En España hay una aversión a la incertidumbre muy grande, también en el campo sexual. Se avergüenzan más, temen más y se atreven menos".