La comunidad musulmana en España: "Los terroristas no tienen religión, nos ensucian"

Alain Maroufi.
Alain Maroufi.
Guillermo Savater / 20minutos

En estos últimos días soleados de noviembre, el reflejo de los oropeles dorados de la madrileña mezquita de la M-30 deslumbra a los ojos. Este lunes no es una excepción. Los fieles abandonan la oración del mediodía —la Dhuhr, la segunda de las cinco diarias de los musulmanes— protegiendo sus ojos con la mano en posición de visera. No son muchos, ni más que otros días. "Unos cincuenta, como cada mañana", cuenta el responsable de la garita.

A la salida del rezo, todos buscan la sombra, pero nadie evitar hablar. Los atentados de París que costaron la vida a 129 personas y dejaron 350 heridos han dolido a la comunidad musulmana, que vuelve a escuchar peticiones para que se responsabilicen de los ataques, para que los condenen e incluso algunos —como la ultraderechista francesa Marine Le Pen— exigen el cierre de las mezquitas y la expulsión de inmigrantes fuera de Europa.

Geilana Seizon está muy enfadada. A sus 40 años, esta marroquí y madre de dos niños recuerda que ella misma fue víctima de los atentados del 11-M en Madrid. "Desde entonces tengo mal una pierna y tengo dolores de cabeza", relata bajo su hijab marrón, sentada en un banco cercano al Centro Cultural Islámico de la gran arteria madrileña.

"Los marroquíes hemos vivido aquí sin problemas. Estamos limpios. La culpa es de los sirios, han vuelto otra vez los gilipollas a Europa con las bombas", protesta airada Geilana tras recitar en árabe el Al Fatiha, la primera oración obligada en el rezo musulmán: "Dirígenos por la vía recta, no la de aquellos que han incurrido en la ira", recita Geilana.

Mounir Benjelloun, tras enterarse de los atentados de París, pensó lo mismo. Otra vez dolor de cabeza. Otra vez las miradas de rechazo. Y otra vez a dar explicaciones. "Son los criminales quienes deben justificarse. Nosotros somos inocentes y los primeros perjudicados porque nos exigen explicar acciones que nos duelen como al resto", lamenta Mounir, presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI). "Echar la culpa a todos los musulmanes y pedir su expulsión solo puede fomentar el odio hacia nosotros. El terrorismo no tiene religión, no tiene fe".

En el mismo parque donde descansa Geilana tras la oración de lunes, Alain Maroufi departe con sus amigos mientras toman una infusión. Está en paro y cobra la Renta Mínima de Inserción. "Antes hacía chapuzas, recogía chatarra, cualquier cosa para ganar dinero", dice este marroquí de 43 años, enfadado porque la imagen del mundo musulmán se vea perjudicada tras los atentados. "Todos estamos asustados", admite Alain; "estos terroristas no tienen religión, ensucian a los musulmanes. No conozco a ningún radical, pero si me enterase de que alguno de mi entorno lo es, avisaría a la Policía".

Y es que la situación es complicada para todos. Entienden que la policía les pare más, que les intuyan magrebíes y les pidan identificarse. "Hay más controles de la Policía, pero es normal. Es su trabajo. Yo no tengo nada que esconder, si me piden el DNI se lo enseño y ya está", explica Alain, que vive en España desde hace 14 años juntos a sus mujer y sus tres hijos.

"Las mezquitas no son responsables"

Alain, a punto de entrar en la mezquita, niega que el adoctrinamiento salga de las mezquitas. Su opinión la comparten todos los fieles que han acudido a la mezquita este lunes. "Aquí venimos solo a rezar, nada más, ni hablamos de política ni de guerras, ni de atentados", puntualiza tras la oración Khaled Mustafa, un sudanés que vino a España en 2003. "Aquí se transmiten mensajes de paz y si las organizaciones islámicas se enteran de algún imán que no lo hace, es rechazado por la comunidad islámica", asegura por su parte Ahmed Froukh, presidente de la Asociación Cultural de la mezquita del pueblo toledano de Torrijos, que ha pasado hoy por el Centro Cultural Islámico de Madrid tras hacer unos "recados" en la capital.

"Los discursos fanáticos no tienen cabida en las mezquitas. Cuando detectamos imanes con un discurso inadecuado, intentamos guiarlos a través de cursos de formación", argumenta Mounir Benjelloun, que admite implícitamente que sí existe alguno que pudiera estar "malinterpretando" el mensaje. "Pero pasaba más antes, cuando se construían las primeras mezquitas en España y los imanes eran recién llegados que no entendían que estaban en un país no musulmán y que su discurso debía respetar la ley española".

Hace un año, sin embargo, la Policía desarticuló la Brigada Al Andalus en el centro de oración de la M-30 y detuvo a nueve personas acusadas de reclutar a fieles para la causa de Estado Islámico en Siria. El lugar para captarlos era la cafetería de esta mezquita madrileña. El ministerio del Interior estima que el 15% de los 1.334 centros de culto musulmán existentes en España promueve ideas extremistas. Y solo este año se han detenido a 90 personas, más que en toda la legislatura. "Lo que no podemos hacer es pedir el DNI a todos los que entran en las mezquitas", apunta Mounir Benjelloun. Según él, la mayor parte de los extremistas no se adoctrinan en estos centros, sino por Internet.

España no es Francia

La situación en España es diferente a la de Francia, según los responsables islámicos y los fieles consultados por 20minutos. La posición e influencia gala en Siria —que viene de los rescoldos de La Gran Guerra— le pasa una factura que no sufrimos aquí. La segunda factura se debe a la "mala política de integración" de sus cinco millones de musulmanes, según Mounir Benjelloun.

"Hay cuatro franceses entre los atacantes. Esa gente no ha estudiado en Arabia Saudí, han sido educados en valores occidentales pero viven en guetos y están marginados para trabajar por llamarse Mohamed. Se sienten rechazados por su propio país y estimados por Estado Islámico. Hay que evitar que esto pase en España", analiza este portavoz de la comunidad islámica. "Estado Islámico busca gente vacía, robots que puedan ser controlados. Por eso los atacantes son chicos de 18 a 30 años con un vacío cultural y permeables a las mentiras", añade Ahmed Froukh; "el islam no tiene nada que ver con esta gente ni con esa ideología. Los sabios musulmanes deben ocuparse de que ese discurso no cuaje", asegura Ahmed.

Benjelloun destaca la "madurez" de la sociedad española y la colaboración constante con las instituciones españolas para no marginar a los 1,85 millones de musulmanes (el 39% con nacionalidad española) que viven en España. Admite que existe "preocupación y temor" en la comunidad islámica ante una posible "reacción islamófoba", pero respira aliviado porque en España siempre hubo "más tranquilidad social" tras un atentado islamista. Ocurrió tras lo del Charlie Hebdo en enero. Y está ocurriendo también ahora.

"El pueblo español es muy civilizado, entiende bien lo que ha pasado porque ellos mismos lo sufrieron con los atentados del 11-M", añade Ahmed Froukh, al que se adivinan sus ojos vidriosos tras las gafas. Reflejan sus lágrimas el sol de Madrid. Su voz se entrecorta y recuerda los más de 25 años que lleva viviendo en España desde que salió de Marrakech. "Aquí he encontrado salud, una vida en condiciones, una vivienda. Amo a España, siento este país como el mío propio... y no quiero que nadie le haga daño".

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