Edward S. Curtis - Un oasis en las badlands, 1905
Foto de Edward S. Curtis, el más prolífico de los fotógrafos de los indios de norteamérica Prints & Photographs Division, Library of Congres, Washington, DC

La enumeración huele a fogata, café recalentado, aventura con peligrosas eventualidades, paisajes ignorados y carencia de leyes: Viejo Oeste, Antiguo Oeste, Salvaje Oeste, Lejano Oeste o la Frontera —suena todavía con mayor belleza en inglés: Old West, Wild West, Far West o The Frontier—. Para resumir, como describe una enciclopedia moderna, "un escape y un lugar de esperanza para aquellos dispuestos y capaces de tomar el futuro en sus propias manos".

En un óleo del mediocre artista estadounidense John Gant titulado American Progress (El avance estadounidense, 1872) queda clara la ejecución predatoria del movimiento de los colonizadores-invasores blancos hacia poniente: animales y nativos huyen de los pioneros, el ferrocarril y los agricultores, que caminan protegidos por una diosa celestial que cubre el territorio con líneas telegráficas. Quien prefiera lo palpable a la metáfora puede observar los mapas políticos de lo que hoy son los EE UU en 1789, 1846, 1889 y 1912.

'Avanzar a costa de lo salvaje'

La frontera, cada vez más escorada hacia Occidente, era, para citar al mismo enciclopedista, "aquel lugar donde la civilización puede avanzar a costa de lo salvaje. Es una delgada línea geográfica donde lo viejo y lo nuevo, lo conocido y lo desconocido se encuentran y se ponen límites". La idea del Lejano Oeste, la tierra que era necesario invadir a cualquier precio, está en el alma de los EE UU como una aspiración existencial desde bastante antes de que el país tuviese la fisonomía transcontinental que hoy conocemos.

El difunto barón  Thyssen-Bornemisza era fan de las películas de vaqueros La ilusión del Lejano Oeste, un exposición temporal en el Museo Thyssen de Madrid, revisa a través del arte los ideales, no siempre acertados, que construyeron el sueño del Far West. En cartel desde el 3 de noviembre hasta el 7 de febrero de 2016, la muestra propone un tema casi inédito en España mediante una selección de cuadros, cartografía, fotografías y objetos sobre el Far West, un tema por el que, según los organizadores, sentía "pasión" el difunto barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza, gran fan de las películas de vaqueros.

Paisajes exóticos y desconocidos

Aunque la cuestión está sobradamente mostrada en otras latitudes —incluso en Internet es posible el acceso libre a material de igual o mayor calado: serían necesarios varios días para agotar la visión y lectura sobre la época que tiene en línea la Biblioteca del Congreso de Washington—, el museo del Paseo del Prado sigue los pasos a algunos artistas que en el siglo XIX pusieron rumbo al oeste, "asumiendo el reto de mostrar sus paisajes, desconocidos y exóticos y de representar las formas de vida de los indios americanos que desaparecían ante sus ojos por efecto de un programa ideológico, político, militar y colonizador".

El mito del indio salvaje, viviendo en las praderas en comunión con la naturaleza Estos artistas, dicen desde el Thyssen, "contribuyeron a crear desde muy pronto una ilusión del Lejano Oeste, combinando el entusiasmo romántico y la admiración genuina con los tópicos, prejuicios y expectativas que enturbiaban la mirada del hombre blanco". Construyeron una imagen idealizada que en adelante cimentaría "el mito del indio salvaje, viviendo en las praderas en comunión con la naturaleza, muy alejado de la visión que el cine popularizaría años más tarde y que estuvo centrada en mostrar el punto de vista de los ocupantes y las fatigas y peligros a los que tuvieron que enfrentarse".

'Desbordante y grandiosa' naturaleza

Los mapas anónimos de entre los siglos XVI y XVIII, resultado de las expediciones españolas desde Florida y Nuevo México, dan paso a los cuadros y fotos de la naturaleza "desbordante y grandiosa" que algunos artistas románticos como Thomas Cole, Albert Bierstadt y Thomas Hill pintaron con tonos edénicos y los pioneros fotográficos del territorio, Carleton E. Watkins, Timothy O’Sullivan y William Henry Jackson, mostraron en negativos de cristal.

Visión idealizada y melancólica de la vida india En los años treinta del siglo XIX llegaron a las nuevas zonas retratistas como George Catlin, autor de una una extraordinaria Galería India de pinturas, y Karl Bodmer, con la precisa documentación gráfica de los Viajes en el interior de Norteamérica del antropólogo Maximilian zu Wied-Neuwied. Ambos mostraron una visión idealizada y melancólica de la vida india, en la que se funden paisaje y figuras, fantasía y etnografía. En la segunda mitad del siglo, estos temas ya se habían convertido en un subgénero pictórico con gran tirón popular, asociado a la pintura histórica y costumbrista de artistas como Charles M. Russell, Charles Wimar y Frederic Remington.

El monumental trabajo de Curtis

La figura del jefe indio fascinó a cuantos pintores y fotógrafos tuvieron ocasión de conocer en persona a los líderes de las tribus. Por primera vez en España, podrán verse los famosos retratos realizados por Bodmer y Catlin y las fotografías de jefes legendarios de Edward S. Curtis, autor de una monumental empresa fotográfica y editorial, El indio norteamericano, un valiosísimo conjunto artístico y etnográfico.

Caminar en la belleza, armonizando tierra y cielo, cuerpo y espíritu El comisario de la exposición es Miguel Ángel Blanco, interesado desde hace años por el arte y la cultura de las tribus indias, a las que admira por "la capacidad de interpretar las señales naturales y por su atención a las fuerzas sobrenaturales" y la filosofía de "caminar en la belleza, armonizando tierra y cielo, cuerpo y espíritu". Como cierre de la muestra, Blanco presenta trece libros-caja relacionados con el Oeste, que forman parte de su Biblioteca del Bosque, iniciada en 1985 y compuesta en la actualidad por 1.148 ejemplares.